RESUMEN
ABSTRACT
Validación del contenido de una prueba oral de clasificación de E/LE
Content validity of a Spanish oral placement Test
Begoña Martín Alonso
Universidad Nebrija.
bmartinalonso36@gmail.com
Martín Alonso, B. (2017). Validación del contenido de una prueba
oral de clasificación de E/LE. Revista Nebrija de Lingüística Aplicada
(2017) 22/.
El presente estudio profundiza en la investigación sobre la evaluación de la lengua oral, en lo que respecta a la manera de
incluir la validez de contenido como una evidencia más de la validez de un examen. La complejidad de medirla viene
determinada, en primer lugar, por la dificultad para definir el dominio de la prueba y seleccionar tareas y muestras lingüísticas
que representen adecuadamente ese dominio. En segundo lugar, por la escasez de información sobre cómo desarrollar
procedimientos para estimar este tipo de evidencia de validez (Newman, Lim & Pineda 2013). Este trabajo revisa el concepto
de validez de contenido y detalla el procedimiento de validación del contenido de una prueba de clasificación de español oral
mediante juicio de expertos aplicando la técnica del grupo focal. Los resultados revelan la pertinencia de la metodología
propuesta para obtener valoraciones de expertos unánimes y validar la representatividad y relevancia del contenido de una
prueba.
Palabras clave: evaluación de lengua oral, validez de contenido, grupo focal, juicio de expertos
The present study explores on speaking language testing. Precisely it focuses on the inclusion of content validity as further
evidence of the validity of an exam. The complexity of measuring content validity remains, in the first place, in defining the test
domain and in selecting linguistic tasks and samples that adequately represent this domain. Secondly, this difficulty is due to
the lack of information on how to develop procedures for estimating this type of validity evidence (Newman, Lim & Pineda
2013). This work reviews the concept of content validity and details the procedure for validating the content of a speaking
placement test in Spanish as a Foreing Language through expert judgment applying the focus group technique. Results
confirm the relevance of the proposed methodology to achieve unanimous expert judgments and to validate the
representativeness and relevance of test content.
Keywords: testing speaking, content validity, placement test, focus group, expert judgements
?
Fecha de recepción: 10/11/2016
Fecha de aceptación: 15/01/2017
1. INTRODUCCIÓN
La principal preocupación cuando se desarrollan y administran exámenes de lengua reside en demostrar no solamente
que los resultados de los mismos son fiables, sino también que las interpretaciones y usos que realizamos de estos son
válidos (Bachman 1990).
De este modo, la validez se manifiesta como una de las cualidades necesarias para garantizar la utilidad de una prueba
(Bachman & Palmer 1996).
Tradicionalmente concebida como una cualidad del test –es decir, si este mide lo que realmente pretende medir–, en esta
investigación se define como una propiedad de las interpretaciones y usos que realizamos con base a los resultados del
mismo (Bachman & Palmer 1996; Fulcher 2003; Messick 1986; Sireci 1998).
Por consiguiente, para validar una determinada prueba se han de recoger diferentes tipos de evidencias que respalden
las conclusiones que extraemos1 y las decisiones que tomamos2 a partir del desempeño lingüístico de los estudiantes.
Entre los diferentes tipos de información que se pueden recolectar, se encuentran las evidencias relacionadas con el
contenido (validez de contenido), con el criterio (validez de criterio) y con el constructo (validez de constructo).
En particular, la presente investigación se centra en recabar evidencias para corroborar la relevancia y representatividad
del contenido de una prueba (Bachman 2002; Sireci 1998; Sireci & Faulkner-Bond 2014). En otras palabras, se valida el
contenido de un examen oral de clasificación y, para ello, mediante el juicio de profesores expertos se determina el grado en
que las tareas que lo conforman representan y son relevantes para el dominio o constructo de lengua oral definido en las
especificaciones.
Por lo tanto, se coincide con Bachman (1990) y Bachman, Kunnan, Vanniarajan & Lynch (1988) en la necesidad de
demostrar que un instrumento de evaluación es relevante y cubre adecuadamente los contenidos o la habilidad lingüística
que se pretende medir para poder validar las interpretaciones que realizamos después de la actuación lingüística de los
estudiantes.
Se advierte que, pese a la reconocida importancia que presenta hoy en día el concepto de validez de contenido en el
ámbito de evaluación de segundas lenguas, este no fue ampliamente aceptado sino hasta finales de los sesenta, debido a
que a principios del siglo S.XX los esfuerzos investigativos estaban concentrados en medir la validez de manera estadística y
en la validez de constructo (Sireci 1998).
De la misma manera, se trae a colación algunos problemas que envuelven al proceso de validación entre los que se
encuentran la complejidad de definir el dominio y seleccionar tareas que representen adecuadamente este constructo
(Bachman 2002), la dificultad de obtener juicio de expertos unánimes (Alderson 1990; Alderson, Clapham & Wall
1998) y la escasez de información sobre los procedimientos que se pueden desarrollar para estimar este tipo de evidencia de
validez (Newman, Lim & Pineda 2013).
Probablemente estas preocupaciones expliquen la escasez de investigaciones recientes que han abordado las
contribuciones de profesores expertos en el diseño y validación de pruebas de lenguas (Cumming, Grant, Muchany-Ernt &
Powers 2004). Sin embargo, se encontraron algunos estudios empíricos en el campo de lenguas extranjeras que miden la
validez de contenido de las tareas y de la escala de evaluación mediante juicio de expertos empleando diferentes técnicas y
métodos como entrevistas, talleres, grupos focales o cuestionarios (Bachman et al. 1988; Bachman, Davidson & Milanovic
1991; Cumming et al. 2004; Deygers, Van Gorp, Luyten & Joos 2013; Deygers & Van Gorp 2015; North & Schneider 1998;
Robles & Rojas 2015; Wall, Clapham & Alderson 1994).
La mayoría se concentran en I/LE y en las habilidades de expresión escrita y comprensión lectora, solo cinco de ellas
consideran también la lengua oral (Cumming et al. 2004; Deygers et al. 2013; Deygers et al. 2015; North & Schneider 1998;
Robles & Rojas 2015). Por el contrario, se hallaron varios estudios empíricos sobre la destreza oral centrados en diseñar
escalas de evaluación mediante análisis de discurso (Brown 2002; Frost, Elder & Wigglesworth 2011; Jin & Mak 2012; O’
Sullivan, Weir & Saville 2002) o en los factores que afectan a la variabilidad de los resultados (Bachman, Lynch & Mason
1995; Del Moral 2014; Elder, Barkhuizen, Knoch, & von Randow 2007; Sawaki 2007; Wigglesworth 1993).
En lo que respecta al campo de E/LE, se encontraron algunas investigaciones que examinan la fiabilidad y la validez de
las escalas de evaluación de la lengua oral (Del Moral 2014; Doquin & Martin Leralta 2014; Robles & Rojas 2015).
Fruto de lo anterior, esta investigación surge con el fin de cubrir el vacío de en el ámbito de evaluación oral en E/LE y
profundizar en los procedimientos de validación al proponer el grupo focal como una técnica apropiada para validar el
contenido de las tareas de una prueba de clasificación de español oral.
A continuación se define el concepto de validez de contenido y se precisa el procedimiento de validación del contenido de
una prueba de clasificación de español oral en seis niveles (A1.1, A1.2, A2.1, A2.2, B1.1 y B1.2) a través de juicio de
expertos utilizando la técnica del grupo focal. Por último, se discuten los alcances y limitaciones de la metodología aplicada.
2. MARCO CONCEPTUAL: LA VALIDEZ DE CONTENIDO
La validez de contenido –junto con la validez de constructo y la validez concurrente– se trata de uno de los tipos de
evidencias que se puede recolectar para analizar la validez de una prueba y reside en examinar si los ítems que la conforman
son una muestra representativa de todos los ítems incluidos en el dominio de interés3 (Kerlinger 1986, cit. Wilson, Pan &
Schumsky 2012: 19). Es decir, consiste en demostrar que el contenido de un examen (ítems/tareas, preguntas, materiales,
etc.) es representativo y relevante para el constructo o habilidad lingüística que se quiere medir.
De esta manera, los tres aspectos que se han de tener en cuenta para valorar la validez de contenido son la definición, la
representatividad y la relevancia del dominio (Sirecci 1998; Sireci & Faukner-Bond 2014).
La primera reside en definir operativamente el constructo; en otras palabras, en describir las habilidades lingüísticas que
evalúa el test. Para ello, se puede tomar de referencia un modelo teórico (como el de habilidad lingüística comunicativa de
Bachman 1990; véase apartado 3.3.1) o los contenidos de un programa, en el caso de los exámenes de aprovechamiento
(ALTE 2005; Bachman et al. 1988). Esta definición se puede recoger en las especificaciones de la prueba (Sireci & Faulkner-
Bond 2014).
La representatividad del dominio atañe al grado en que el instrumento de evaluación representa y mide adecuadamente
el constructo definido. Para tal fin, normalmente se solicita a profesores expertos que analicen el contenido de las tareas con
base a modelos teóricos de habilidad lingüística (Alderson 1990; Bachman et al. 1988 y Bachman et al. 1991) o contenidos
de un determinado programa (Cumming et al. 2004; Wall et al. 1994).
La relevancia del dominio hace referencia a la medida en que cada ítem de una prueba es pertinente para el constructo
detallado en las especificaciones. Esta se suele explorar solicitando a un grupo de especialistas que califique la medida en
que cada ítem es relevante para determinados aspectos de las especificaciones de la prueba (Sireci & Faulkner-Bond 2014)
o para los contenidos de un programa (Cumming et al. 2014).
No obstante, cabe destacar la complejidad que subyace al proceso de definir de manera clara y concisa el constructo que
se quiere medir y de seleccionar tareas y muestras de lengua que representen adecuadamente este dominio (Bachman
2002). Del mismo modo, Alderson (1990) y Alderson et al. (1998) aluden a la dificultad de obtener valoraciones de expertos
unánimes.
Asimismo, se coincide con Newman et al. (2013) en que no existe suficiente información acerca de los procedimientos
para examinar la validez de contenido. Los estudios empíricos consultados suelen emplear tanto métodos cuantitativos (Li &
Sireci 2013; Wilson, Pan & Schumsky 2012) como cualitativos o mixtos (Alderson 1990; Bachman et al. 1988 y Bachman et al.
1991; Cumming et al. 2004; Deygers et al. 2013; Newman et al. 2013; North & Schneider 1998; Robles & Rojas 2015). Entre
los métodos cualitativos más utilizados se encuentra el juicio de expertos y, entre las técnicas para recoger la opinión de
expertos, se destacan las entrevistas, los talleres, los grupos focales y los cuestionarios.
Finalmente, se aclara que la validez es un concepto unificado que consiste en la recolección de suficiente información
que respalde las interpretaciones y decisiones que tomamos con base a los resultados de un prueba (Bachman 1990;
Bachman & Palmer 1996). Por consiguiente, para determinar la validez de una prueba se han de recoger diferentes tipos de
evidencias. La validez de contenido se presenta como uno de los más importantes en términos de que brinda la información
necesaria para relacionar más tarde el desempeño lingüístico de los estudiantes con el constructo de la prueba (ALTE 2005;
Bachman et al. 1988). De la misma forma, se destaca su relación con la fiabilidad en el sentido en que ambas aseguran que
la prueba refleja adecuadamente los objetivos y contenidos lingüísticos definidos en el dominio lingüístico de la prueba (ALTE
2005).
Por todo lo anterior, este estudio representa un punto de partida para validar una prueba de clasificación y describe el
procedimiento seguido para examinar la representatividad y relevancia de una prueba oral que servirá de base para después
comparar, en un futuro estudio empírico, si la habilidad lingüística que queremos medir en la prueba se corresponde con las
actuaciones lingüísticas de los estudiantes.
3. METODOLOGÍA
3.1. OBJETIVOS
El objetivo del presente estudio empírico consiste en validar la representatividad y relevancia del contenido de una prueba de
clasificación de español oral mediante el juicio de expertos (Bachman et al. 1991; Cumming et al. 2004) aplicando la técnica
del grupo focal.
3.2. CONTEXTO DE LA INVESTIGACIÓN
El estudio se lleva a cabo en el Centro Latinoamericano (CLAM) de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (PUJ) y se
centra en la prueba oral para clasificar a los candidatos a los cursos de E/LE en los niveles A1.1., A1.2, A2.1, A2.2, B1.1 y
B1.2 según el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER) del Consejo de Europa (2002). La prueba
consta de cuatro tareas de interacción oral con diferentes tipologías discursivas (narración, descripción, comparación y
argumentación).
3.3. PROCEDIMIENTO DE VALIDACIÓN DEL CONTENIDO DE LAS TAREAS ORALES
Se llevaron a cabo dos procedimientos; uno teórico que consistió en definir el dominio de la prueba oral a través de la
redacción de las especificaciones y otro empírico en el que se llevó a cabo un grupo focal con expertos de la PUJ para
determinar el grado en el que las tareas se relacionan y son relevantes para el dominio de la prueba oral de clasificación
detallado en las especificaciones.
3.3.1 DEFINICIÓN DEL DOMINIO
Para poder estudiar la representatividad y relevancia del contenido es imprescindible definir previamente el dominio de la
prueba (véase apartado 2).
Para tal fin, como recomiendan Sireci & Faulkner-Bond (2014), se redactaron las especificaciones de la prueba, que se
presentan como una guía indispensable que deben seguir tanto los redactores (Alderson et al. 1998; Bachman & Palmer
1996; McNamara 2000) cuando quieran diseñar pruebas similares, como los evaluadores para otorgar calificaciones justas.
Del mismo modo, se destaca la estrecha relación entre estas y la validación de los exámenes (Alderson et al. 1998; Fulcher
2003; Luoma 2004).
En concreto, se siguió la propuesta de Luoma (2004) para dividir las especificaciones en tres partes: las especificaciones
del constructo, las especificaciones de las tareas y las especificaciones de la evaluación.
Las primeras consisten en definir el constructo y establecer el propósito de la misma. Adicionalmente, se deben describir
el contexto en que se administrará y los candidatos que se presentarán a este examen. Para definir el constructo –entendido
como las habilidades que mide una determinada prueba–, Luoma (2004) aconseja que se revisen modelos teóricos como el
modelo de habilidad lingüística comunicativa (HLC) de Bachman (1990) o, específicamente para la lengua oral, el de Bygate
(1987).
Las especificaciones de las tareas reúnen los tipos de tareas que conforman la prueba, así como las destrezas que miden
y los materiales e instrucciones que se requieren. Para definir las propiedades de las tareas de evaluación los estudios
consultados (Bachman et al. 1988; Bachman et al. 1991) consideran los parámetros de Bachman (1990) y Bachman &
Palmer (1996): características del contexto (participantes, tiempo), características de la rúbrica (instrucciones, duración,
método), características del input (formato, lengua) y características de la respuesta (formato, lengua, tema). Del mismo
modo, se realza la estrecha relación entre la definición del constructo y las tareas, en el sentido de que estas deben medir el
constructo de la prueba definido en las especificaciones (Bachman & Palmer 2013).
Por último, las especificaciones de la evaluación contienen información sobre los criterios de calificación y su modo de
aplicación. De nuevo, se subraya la estrecha relación entre los criterios y el constructo, en el sentido de que estos forman
parte de la definición del mismo (Brown 2000; Fulcher 2003; Hughes 2003; Luoma 2004). Como resultado, las
especificaciones de las tareas, las escalas y el constructo se diseñan de manera paralela (Luoma 2004).
En el presente trabajo las especificaciones de la prueba oral de clasificación siguen estas pautas y detallan, en primer
lugar, la definición del constructo de lengua oral entendido como el conjunto de habilidades lingüísticas (dar información
personal, describir y comparar lugares y servicios, narrar y argumentar) que el estudiante lleva a cabo para desempeñar con
éxito las tareas de la prueba. Para ello, se tomaron de referencia las rutinas de información4 de Bygate (1987), las funciones
lingüísticas contempladas en el Plan Curricular del Instituto Cervantes (Instituto Cervantes 2006) y los programas del CLAM.
Cabe recalcar la importancia de estos últimos debido a que una prueba de clasificación debe estar alineada con los
contenidos de los programas de un determinado centro (Alderson et al. 1998; McNamara 2000; Nakamura 2007). De igual
manera, se describen el propósito de la prueba y los candidatos de la prueba.
En segundo lugar, las especificaciones de las tareas albergan las propiedades de las cuatro tareas diseñadas que
denominaremos Tarea 1, Tarea 2A, Tarea 2B y Tarea 3. Respecto a las características propuestas por Bachman & Palmer
(1996), estamos de acuerdo con Fulcher (2003) en que no está claro qué elementos de la lista son los más importantes para
describir las tareas de la prueba oral. Por lo tanto, proponemos los siguientes aspectos el propósito y el tipo de tarea, la
autenticidad, la duración, las instrucciones, el material y el input lingüístico y cultural, y se definen a partir del análisis de los
programas del CLAM, de las tareas de los exámenes DELE del Instituto Cervantes y LETRA de la Universidad Antonio de
Nebrija (Baralo 2009; Martin Leralta 2011) y de las recomendaciones de Fulcher (2003) y Luoma (2004).
Por último, las especificaciones de la evaluación incluyen la escala analítica (criterios y descriptores) diseñada para
calificar a los alumnos de E/LE, así como los procedimientos de calificación. Se tomaron como referencia las escalas del
MCER (Consejo de Europa 2002), los exámenes DELE y LETRA (Estaire & Baralo 2011) y la definición del constructo de
lengua oral.
Las dos primeras partes de las especificaciones resultaron las más relevantes para el estudio empírico realizado debido a
que las habilidades lingüísticas (constructo de lengua oral) y algunos aspectos de las tareas descritos en las especificaciones
se sometieron a juicio de expertos a través del grupo focal (véase Anexo 1).
3.3.2. RELEVANCIA Y REPRESENTATIVIDAD
Para examinar la relevancia y representatividad del contenido de las tareas de la prueba se empleó el juicio de expertos
por tratarse de uno de los métodos cualitativos más utilizados para medir la validez de contenido de una prueba (Bachman et
al. 1988; Bachman et al. 1991; Cumming et al. 2004; Deygers et al. 2013; Deygers & Van Gorp 2015; North & Schneider
1998; Robles & Rojas 2015; Wall et al. 1994).
En concreto, se aplicó la técnica del grupo focal y se solicitó a los expertos tanto el establecimiento de las habilidades
lingüísticas que identificaran en el ejercicio de las tareas, como la descripción de algunas propiedades de las mismas: nivel
de dominio lingüístico, uso real de la lengua y contenidos lingüísticos y culturales (véase Anexo 1). Una vez finalizado el
análisis, se cotejaron las valoraciones de los expertos sobre las tareas con la descripción de las mismas recogida en las
especificaciones (véase Anexo 1), para valorar si su contenido se correspondía y era relevante para cada nivel de dominio de
la prueba oral de clasificación.
Se aclara que, para seleccionar el contenido de la prueba que se va a validar (habilidades y características) se tuvieron
en cuenta los estudios de Bachman et al. (1988) y Bachman et al. (1991) y las propiedades que resultaban más relevantes en
términos del propósito de la prueba.
3.3.2.1 TÉCNICA DEL GRUPO FOCAL
Para recolectar las valoraciones de los expertos respecto a los contenidos de la prueba oral de clasificación, al igual que
Deygers et al. (2013) y Deygers & Van Gorp (2015), se utilizó la técnica del grupo focal, tal y como utilizaron para evaluar la
validez de contenido de su estudio.
El grupo focal se llevó a cabo el 14 de julio de 2015 con seis profesores expertos del CLAM y se estructuró en cuatro
fases: introducción, trabajo individual, discusión y conclusión.
En la fase introductoria, y de acuerdo con Dörnyei (2007), se recordaron las normas básicas de un grupo focal (respetar
turnos de habla, no interrumpir, etc.) y se explicaron el propósito y la estructura del mismo.
Durante la fase de trabajo individual, siguiendo las recomendaciones de Dörnyei (2007), Elliot (2005) y Hernández
Sampieri et al. (2010), se proporcionó una guía de preguntas que los docentes debían responder de manera individual. En
total se formularon cuatro preguntas abiertas que pedían al especialista que identificara las habilidades lingüísticas y las
características de las tareas de la prueba oral: uso real de la lengua, nivel de dominio lingüístico, contenidos lingüísticos y
culturales. Como material de apoyo se les proporcionaron los programas del CLAM y los índices de Aula Internacional5
(Corpas, García & Garmendia 2013).
En la fase de discusión, los expertos pusieron en común las respuestas que habían dado a la guía y discutieron sobre las
habilidades y las características de las tareas de la prueba de clasificación.
Además, tal y como sugieren Dörnyei (2007), Elliot (2005) y Hernández Sampieri et al. (2010), se eligió un moderador (el
investigador) con el fin de propiciar un ambiente distendido, orientar la discusión cuando no se hubieran tratado los objetivos
y prevenir que ningún participante en particular liderase la conversación.
Por último, en la fase de conclusión, teniendo en cuenta las palabras de Dörnyei (2007), se hizo una recapitulación de los
puntos principales, se resolvieron dudas y se identificaron acciones futuras.
3.3.2.2 PARTICIPANTES DEL GRUPO FOCAL
Para la validación del contenido de las tareas, siguiendo las pautas de Dörnyei (2007) y Elliot (2005) –quienes plantean
que los grupos focales deben estar conformados por entre seis y doce participantes–, se eligieron seis expertos del
Departamento de Lenguas de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la PUJ.
Al respecto de los especialistas, se coincide con Brindley (1994) y Martínez Batzán (2011) en que los profesores deberían
formar parte de dicho equipo porque son los que van a realizar las calificaciones y puesto que cuentan con experiencia en la
elaboración de tareas de aula y evaluación. En concreto, se está de acuerdo con Newman et al. (2013) en que estos suelen
ser futuros usuarios de la prueba. Por consiguiente, se seleccionaron docentes con experiencia en la enseñanza y evaluación
de E /LE, concretamente en el CLAM, contexto donde se administrará la prueba (véase apartado 3.2).
Del mismo modo, debido a la importancia de contar con un grupo homogéneo de participantes para contribuir a un
ambiente de discusión relajado en el que pudieran intercambiar opiniones sin cohibiciones (Dörnyei 2007; Elliot 2005;
Hernández Sampieri et al. 2005), se tuvieron en cuenta los siguientes factores: años de experiencia en la enseñanza y
evaluación de ELE, concretamente en el CLAM; formación en evaluación, por ejemplo si eran evaluadores acreditados del
Instituto Cervantes, y nivel de jerarquía que ocupan en el centro. Esta información se recolectó mediante un cuestionario que
permitió una adecuada selección de los participantes.
4. RESULTADOS DE INVESTIGACIÓN
Para determinar la relación y relevancia de la prueba oral respecto al dominio lingüístico definido, se cotejaron las
valoraciones de los expertos sobre las habilidades y las propiedades de las tareas (uso de la lengua oral, nivel de dominio
lingüístico, habilidades lingüísticas, y contenidos lingüísticos y culturales) con la información recogida en las especificaciones
de la prueba.
Las categorías aplicadas para el análisis del juicio de expertos son las siguientes:
Se corresponde (C): la respuesta del expertos es igual que la información albergada en las especificaciones.
Se corresponde parcialmente (CP): la respuesta del experto coincide en algunos aspectos pero en otros discrepa con
la información incluida en las especificaciones.
A continuación, se presentan los resultados teniendo en cuenta las propiedades de las tareas analizadas y las tareas que
componen la prueba oral de clasificación: Tarea 1, Tarea 2A, Tarea 2B y Tarea 3 (véase Tabla 1).
Propiedades de las tareas Tarea
1Tarea 2 A Tarea 2 B Tarea
3
Uso real de la lengua C C C C
Nivel de dominio lingüístico C CP CP C
Habilidades lingüísticas C CP CP C
Contenidos lingüísticos y culturales CP CP CP CP
Tabla 1: Resultados de la discusión del grupo focal
4.1 USO REAL DE LA LENGUA
En todas las tareas, los expertos identificaron los usos reales pero no aportaron ejemplos de contextos reales donde los
estudiantes los pudiesen llevar a cabo. No obstante, el moderador del grupo focal orientó la conversación y preguntó por
dichos contextos teniendo en cuenta el perfil de los candidatos de la prueba y los profesores aportaron varios ejemplos.
Producto de lo anterior se concluye que las tareas diseñadas para la prueba oral de clasificación obedecen a situaciones
comunicativas reales en las que los aprendientes del CLAM tendrán que desenvolverse. Es decir, las respuestas del grupo
focal se corresponden con lo expuesto en las especificaciones (véase Tabla 1 y Anexo 1).
4.2 NIVEL DE DOMINIO LINGÜÍSTICO
Los docentes identificaron el nivel de las Tarea 1, A1.1 , y la Tarea 3, B1.1 y B1.2 expuesto en las especificaciones (véase
Anexo 1). Por el contrario, en las Tareas 2A y 2B surgieron discrepancias entre ellos y, por ende, las respuestas se
correspondieron parcialmente con lo contenido en las especificaciones (véase Tabla 1).
De esta manera, en la Tarea 2A, los profesores identificaron solamente un nivel, el A1.1 o el A2.1. Por otro lado, el
experto E #2 argumentó, con base a los programas del CLAM y a las escalas del MCER (Consejo de Europa 2002), que esta
tarea medía también el nivel A2.2, nivel que no estaba incluido en las especificaciones.
Del mismo modo, en la Tarea 2B, todos los expertos coincidieron en que la tarea medía el nivel A2.2. De la misma forma,
añadieron que también medía el nivel A2.1 y B1.1 justificando sus aportaciones con los contenidos de los programas y las
escalas del MCER(Consejo de Europa 2002).
Por lo anterior, se revisan los niveles de las especificaciones de todas las tareas, en particular las Tareas 2A y 2B para
incluir los niveles más relevantes teniendo en cuenta los resultados obtenidos en el grupo focal y las habilidades y los
contenidos expuestos en las especificaciones.
4.3 HABILIDADES LINGÜÍSTICAS
Los docentes lograron identificar todas las habilidades de las Tareas 1 y Tarea 3 (véase Anexo 1) y el 75% de las habilidades
de las Tareas 2A y 2B (véase Tabla 2). Como resultado, las respuestas del grupo focal se corresponden con lo establecido
en las especificaciones de las Tarea 1 y Tarea 3 y se corresponden parcialmente con las Tareas 2A y 2B (véase Tabla 1).
Habilidades lingüísticas
(Especificaciones)
Habilidades lingüísticas
(Expertos)
TAREA 2A
Expresar gustos
Describir barrios, pueblos y lugares
Comparar barrios, pueblos y lugares
Expresar intención No
TAREA 2B
Describir físicamente personas
Expresar hábitos
Describir aspectos de su pasado
Valorar aspectos de su pasado No
Tabla 2: Resultados de las habilidades lingüísticas
De igual modo, se subraya que estos añadieron otras habilidades que no estaban presentes en las especificaciones pero
sí en los programas del CLAM y los índices del manual empleado en el Centro, Aula Internacional (Corpas, García &
Garmendia 2013).
En definitiva, se cree conveniente modificar las especificaciones de las tareas para incluir las habilidades lingüísticas más
relevantes teniendo en cuenta las intervenciones de los profesores. Del mismo modo, se considera necesario revisar la
pertinencia de las funciones lingüísticas incluidas en las especificaciones y que no se mencionaron en la discusión del grupo
focal.
4.4 CONTENIDOS LINGÜÍSTICOS Y CULTURALES
Los expertos en ninguna tarea identificaron todos los contenidos lingüísticos y culturales: Tarea 1 (72%), Tarea 2A
(71,4%), Tarea 2B (57%) y Tarea 3 (50%)(véase Anexo 2). Por tanto, las respuestas se correspondieron parcialmente con lo
establecido en las especificaciones (véase Tabla 1).
Como en el caso de las habilidades, los docentes trajeron a colación otros contenidos lingüísticos que no se habían
abarcado en las especificaciones pero sí en los programas del CLAM.
Por consiguiente, se considera necesario incluir en las especificaciones de las tareas los contenidos más relevantes
teniendo en cuenta las valoraciones de los profesores. De igual forma, se revisa la pertinencia de las competencias que no se
mencionaron en el grupo focal.
Por último, se subraya que todos los participantes criticaron la carga cultural de las imágenes incluidas en las Tareas 2A y
2B y un experto (E#2) sugirió que se ampliara el tema de la Tarea 3.
A causa de lo anterior, se modifican las imágenes de las situaciones y acciones que el aprendiente tiene que describir y
comparar en las Tareas 2A y 2B y se amplía el contexto de las Tareas 2 y Tarea 3 para no limitarlo a la ciudad de Bogotá.
5. CONCLUSIONES
En líneas generales las valoraciones que realizaron los expertos en el grupo focal sobre el contenido de la prueba oral
constatan que las tareas reflejan el constructo definido en las especificaciones y, por tanto, son representativas y relevantes
para clasificar a los alumnos en los cursos de E/LE.
Sin embargo, atendiendo a las sugerencias de los participantes en el grupo focal se revisa la información detallada en las
especificaciones en lo que respecta a los niveles de dominio lingüístico, habilidades y contenidos lingüísticos que miden las
tareas, principalmente las tareas 2A y 2B. Del mismo modo, se modifican las imágenes contenidas en los materiales de las
tareas para reflejar situaciones y hechos más generales que puedan extrapolarse a diferentes contextos culturales.
A pesar de que se dieron discrepancias entre los docentes al respecto de lo que medían cada tarea, en concreto a la hora
de establecer el nivel de dominio al igual que acontece en el estudio de Alderson (1990), se logró alcanzar un cierto grado de
acuerdo gracias a la técnica del grupo focal.
A raíz de lo anterior se desprende, primero, la importancia de contar con las opiniones de profesores expertos para
mejorar las especificaciones y las tareas que conforman una prueba. Segundo, se manifiesta la pertinencia de la técnica del
grupo focal para obtener valoraciones unánimes y, por ende, se coincide con Bachman et al. (1991) en la posibilidad de
alcanzar niveles razonables de acuerdo entre los expertos.
En particular, un aspecto que ha brindado aportes a la aplicación de la técnica del grupo focal es la guía individual previa
a la discusión de los participantes, en tanto que ha permitido que los participantes se forjaran una opinión en función de sus
conocimientos y experiencias docentes y evaluadoras sin influencia del grupo, lo que ha favorecido una discusión posterior
más rica en argumentos. No obstante, una de las limitaciones residió en las discrepancias que surgieron entre los mismos en
cuanto a la concepción de uno de los parámetros que debían evaluar, el uso real de la lengua. Por consiguiente, los
resultados ponen de manifiesto la necesidad de validar previamente la guía para asegurar una interpretación unívoca de los
parámetros que la componen y, por ende, garantizar valoraciones válidas y fiables.
Por otro lado, se ha comprobado la adecuación de las especificaciones no solamente para definir el dominio que se
quiere medir, sino también para los procesos de validación de exámenes (Alderson et al. 1998; Fulcher 2003; Luoma 2004);
en particular, para comprobar la representatividad y relevancia de las tareas.
En este punto se resalta como aspecto positivo el hecho de que los expertos no hayan tenido acceso a las
especificaciones de la prueba y debieran identificar ellos mismos los contenidos que se evalúan en las tareas. Es decir, a
diferencia de lo que realizaron otros estudios como Alderson (1990) Bachman et al. (1988), Bachman et al. (1991), quienes
solicitaron a los expertos que compararan las habilidades lingüísticas y características de las tareas con modelos teóricos de
habilidad lingüística y características del método, en esta investigación se cotejan las valoraciones de los docentes sobre el
constructo y algunos parámetros de las tareas con el dominio definido en las especificaciones para, de esta manera, no influir
en sus respuestas.
En relación con el contenido de la prueba, las características de habilidades lingüísticas, uso real de la lengua, nivel de
dominio lingüístico, y contenidos lingüísticos y culturales se consideran adecuadas para aportar evidencia sobre la
representatividad y relevancia del contenido de la prueba oral. A partir de las limitaciones detectadas en este estudio y los
resultados arrojados en Bachman et al. (1991), de cara a futuras aplicaciones de la metodología empleada se recomienda
incluir otros componentes de la prueba oral también recogidos en las especificaciones, como las instrucciones, el material y la
tipología de las tareas.
Finalmente, se percibe la pertinencia de indagar en el proceso de validación y estudiar otros tipos de evidencias debido a
que la validez de una prueba solo se puede demostrar a través de la recolección e interpretación de todos los tipos relevantes
de información (Bachman 1990). De esta manera, se concluye al igual que Bachman et al. (1988) que la información recogida
en este estudio sirve de base para la formulación de hipótesis sobre las futuras actuaciones lingüísticas del candidato y para
analizar la correspondencia entre estas hipótesis y el desempeño lingüístico del estudiante en la prueba.
En definitiva, el procedimiento que se ha presentado en el presente artículo pretende constituir una referencia para
evaluadores, profesores, administradores o estudiosos interesados en valorar la relevancia y representatividad del contenido
de una prueba de lengua oral. Asimismo, puede servir como base para analizar otros tipos de evidencias de validez o para
seguir profundizando en la propia validez de contenido, ya que el procedimiento aquí expuesto constituye tan solo la primera
parte de la validación del contenido de la prueba evaluadora. El paso siguiente para garantizar la validez lo constituirá la
validación de la escala de calificación y de las tareas mediante las observaciones de un repertorio de actuaciones lingüísticas
de candidatos a la prueba, lo que permitirá, a su vez, el análisis de la fiabilidad interevaluadora e intraevaluadora de los
examinadores, cerrando así el estudio de la validez y fiabilidad de la prueba de lengua.
1. Un ejemplo de una conclusión o interpretación sería que el alumno posee un amplio abanico léxico o que no presenta
suficiente fluidez.
2. Un ejemplo de una decisión que se toma con base a los resultado de una prueba, sería otorgar el certificado de un
programa o clasificar al estudiante en un determinado curso.
3. “rests on demonstration that the test´s items are a representative sample of all ítems within the containt domain of
interest” (Kerlinger 1986 en Wilson et al. 2012: 19).
4. Bygate (1987) señala que las rutinas de información consisten en estructuras de información recurrentes (contar
historias, descripciones de personas o lugares, comparaciones, instrucciones, etc.) y las rutinas de interacción no
dependen tanto del contenido de la información sino en las estructuras para organizar los turnos de habla en
situaciones de interacción de la vida real (comprar un billete de tren, hablar por teléfono).
5. Los libros de Aula Internacional son los que se utilizan en el Centro Latinoamericano de la PUJ.
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ANEXO I: ESPECIFICACIONES DE LAS TAREAS
TAREA 1: CALENTAMIENTO
Uso real Presentarse/dar información personal el primer día de clase a sus compañeros/profesor/. Entrevistas de trabajo,
primer día de trabajo. Situación real tanto en el ámbito académico como público/personal.
Nivel de dominio A1.1
Habilidades Dar información básica sobre sí mismo con respecto a la profesión/edad/nacionalidad/ domicilio. Expresar
intenciones.
Contenidos Gramática: Presente indicativo de verbos de presentación como: ser/estar/tener/querer/llamarse. Por/parar. Usos
de por/para. Vocabulario: nacionalidades, profesiones, números. Cultura: saludos y expresiones de despedida.
TAREA 2: BOGOTÁ Y YO
Uso real Tareas 2A y 2B: Conversación habitual cuando se conoce a alguien por primera vez en el ámbito laboral,
académico o social. En contexto de aprendizaje de L2 en inmersión.
Nivel de dominio Tarea 2A: A1.2 y A2.1
Tarea 2B: A2.2
Habilidades
Tarea 2A: Expresa gustos, describe de manera sencilla y limitada pueblos, barrios y ciudades. Habla sobre
intenciones y proyectos en relación a su estancia en Bogotá. Compara barrios y ciudades.
Tarea 2B: Describe físicamente a las personas y expresa sus hábitos. Describe y valora experiencias y aspectos
de su pasado.
Contenidos
Tarea 2A: Gramática: verbos gustar/hay vs estar. Artículos determinados e indeterminados. Comparativos. Ir +a +
infinitivo. Vocabulario: lugares y servicios de una ciudad. Cultura: lugares emblemáticos de Bogotá y sus países
de origen.
Tarea 2B: Gramática: indefinido vs imperfecto, estar+ gerundio. Vocabulario: expresiones de temporalidad y
valoración, adjetivos para la descripción de personas, tiempo libre. Cultura: situaciones cotidianas en Colombia y
sus países de origen.
TAREA 3: CONTAMINACIÓN EN BOGOTÁ
Uso real Conversación habitual entre amigos o compañeros de trabajo. ¿Qué te parece la vida aquí? ¿Qué te parece lo
del terremoto que pasó en Italia?
Nivel de dominio B1.1 y B1.2
Habilidades Valora situaciones y hechos.
Expresa hipótesis y hace conjeturas.
Competencias
Gramática: futuro simple, conectores de probabilidad y valoración con indicativo vs subjuntivo. Condicional
simple. Vocabulario: léxico para valorar situaciones: es injusto+ es normal. Léxico relacionado con el medio
ambiente. Cultura: problemas sociales relacionados con la contaminación en Bogotá y en sus países de origen.
ANEXO II- RESULTADOS DE LOS CONTENIDOS LINGÜÍSTICOS Y CULTURALES
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