
En el aprendizaje de una LE o L2 es habitual un interés por la cultura, una motivación integradora e intrínseca que se
desarrolla paralelamente al sistema lingüístico. Sin embargo, nuestra población padece una pérdida de tal estímulo: tal
aspecto es asequible para ellos y no supone una motivación extra. Los profesores tratan de hacer ver la falta de exposición a
aducto en español como una oportunidad desaprovechada. Para dar respuesta a tal tesitura, el programa de ELE alterna
horas dedicadas a lo cultural y lo lingüístico.
Una cuota considerable de estos aprendices comparten la percepción de ser diferentes en un entorno homogéneo de una
forma peculiar: consideran llegar de una cultura preponderante a otra que no lo es, no dominan la lengua meta y localizan las
dificultades de comunicación que padecen. Ven la lengua de acogida como una imposición, que acaba generando rechazo en
vez de interés. Sienten una superioridad difusa basada en su superioridad económica y funcionan en base a prejuicios que
derivan hacia una percepción errónea de los estratos sociales locales, en base a estereotipos. En torno a los 15 años se
produce un cambio de actitud, ya sea porque van a continuar su futuro académico o profesional en España o porque la
autonomía incipiente descubre deseos de integración.
En un orden eminentemente lingüístico, son aprendices que no desarrollan un conocimiento metalingüístico explícito, de
modo que no se les debe presentar la regla porque una cuota considerable no podrá manejarla. Aprenden a partir de casos
concretos, por inducción de la norma; después de la normalización, pueden procesar las excepciones. El aprendiz tipo, por
ejemplo, no procesa un bloque de información sobre la morfología de los tiempos verbales, según Sergio Ortiz. El Currículo
Nacional Británico no fomenta la explicitación de la regla gramatical pero él recomienda hacerlo: también hay que atender a
los alumnos de otras nacionalidades que aprenden de forma contrastiva, haciendo equivalencias con la lengua materna, un
modo no usual en los británicos.
Dado el número de factores sometidos a una alta heterogeneidad (edad, procedencia, lengua materna, tiempo de
residencia en España…), se sugiere la adaptación de cada decisión a las características del grupo, con especial atención a
los alumnos de incorporación tardía.
4.4 ESTRATEGIAS DE APRENDIZAJE SEGÚN LA ENTREVISTA
El CNB prescribe la división en ability sets de los alumnos que conforman un grupo según su capacidad. Una estrategia de
determinados centros en la clase de ELE consiste en la agrupación de aprendices por Key Stage, mezclando alumnos de una
misma etapa con edades diferentes. También se producen agrupaciones de alumnos con un rango alto de edad, y según la
experiencia del entrevistado funcionan para eventos puntuales, no de forma sostenida. En estos casos, la dificultad reside en
controlar el aprendizaje individual y dar a cada uno lo que necesita.
El entrevistado declara que los alumnos prefieren actividades dirigidas basadas en procedimientos. El CNB estimula dos
disposiciones: el repaso de los recursos trabajados a través de la recreación y la expectativa de recibir secuencias didácticas
muy pautadas. En este sentido, el CNB no fomenta la autonomía. El empleo del role-play está arraigado y se dispone
habitualmente una simulación por unidad temática. Consiste en el traslado al aula, a partir de ficciones, de interacciones que
podrían desarrollar en entornos reales. En el sistema británico se opta por la combinación de dos prioridades: la fluidez sobre
la corrección (preferencia de lo comunicativo sobre lo lingüístico), y el aprendizaje por repetición (uso de drills).
El uso del manual es una necesidad de los alumnos. El entrevistado distingue entre los manuales británicos y españoles.
Los manuales británicos reciben más reparos por su parte: no cubren adecuadamente el aspecto socio-cultural, no son tan
neutros como los españoles y se adaptan peor a entornos donde hay multitud de estilos de aprendizaje, lenguas y culturas
maternas. No existe un manual que sea completo, pero hay algunos editados en España con más ventajas que los británicos:
son más versátiles y adaptados a la realidad del aula; emplean el español como lengua vehicular; ponen más énfasis en lo
socio-cultural; evitan presentar tópicos y realidades estereotipadas; por último, dan más de sí: suelen traer un cuaderno de
ejercicios, una carpeta de recursos y fichas imprimibles.
También se emplea materiales diversos no estructurados: webquest, flashcards. Los materiales suplementarios y de
producción propia son los que dan ese juego. Todo orientado a jugar con el español y a la interacción. Otro tipo de
interacciones se produce en viajes, convivencias, etc. El espíritu colaborativo surge de los propios alumnos cuando
contemplan a compañeros desorientados o incurriendo en errores. Se han realizado colaboraciones con centro educativos
locales con poco éxito entre el alumnado propio.