institución en contraposición con el segundo, es quien debe conseguir su
legitimidad docente acercándose a ella a través de una participación y un
compromiso profesional que, de entrada, no se le requiere. El único estudio que
incluye descripciones de docentes nativos de la comunidad de práctica de
enseñanza de ELE en China (de la Fuente Cobas y Wei, 2020) responde al cometido
principal de diseñar un plan colaborativo entre docentes nativos y no nativos. En
él, se apunta la falta de colaboración entre ambos grupos y una diferenciación
sistemática en las asignaciones docentes, sin abordar las características del
desempeño de los docentes nativos de español en China con más profundidad.
Un importante número de académicos emplean el término otredad para
describir el posicionamiento descrito de los profesores nativos de lenguas en el
país (Lan, 2022; Shi, 2017; Trent, 2012), término usado también para el análisis
de su posición fuera de entornos educativos (Camenisch, 2022; Lan, 2022; Wang
y Chen, 2022). Esta noción emerge como resultado de un discurso según el cual
el grupo dominante (nosotros) construye otros grupos dominados (ellos). Esta
distinción conlleva una estigmatización de la diferencia y, consecuentemente, el
establecimiento de un escenario de potencial discriminación (Staskaz, 2008) a
partir de posturas etnocentristas en ambos lados. De este modo, tanto el grupo
dominador como el dominado se definen de manera bidireccional (Shi, 2017) y
según rasgos identitarios simplistas, otorgando al otro una identidad basada en
confusos e instrumentalistas estereotipos. En China, se expresan mediante
términos que definen a las personas extranjeras como “modernas, civilizadas y
avanzadas” (Lan, 2022) a la vez que “poco confiables, agresivas, peligrosas e
incluso amenazadoras” (Liu, 2022). En el lenguaje, estructuras reveladoras de
dicha otredad tales como “nimen waiguoren” (vosotras, las personas extranjeras)
y “women zhonguoren” (nosotras, las personas chinas) son de uso habitual entre
la población general (Henry, 2013; Liu, 2022). Si bien, bajo la perspectiva china,
estas verbalizaciones no revisten de carácter dañino ni implican discriminación (Liu
y Self, 2020), son percibidas por algunos extranjeros como discursos y
comportamientos exclusorios (Liu, 2022). Por añadidura, las dificultades asociadas
con cuestiones culturales, lingüísticas, sociales y de propia actitud de las personas
extranjeras, quienes frecuentemente optan por desenvolverse en mayor o menor
medida en entornos burbuja donde no se les exige ningún tipo de integración o
conocimiento de la cultura o la lengua (Zhang, Harzing y Xuejiao Fan, 2017),
desembocan en una creencia compartida entre ciudadanos chinos y extranjeros
acerca de la imposibilidad de lograr una integración significativa en el país
(Camenisch, 2022; Liu, 2022), reforzando dicha otredad. Lejos de aminorarse con
la globalidad, estas dinámicas se han consolidado con la continua llegada de
personas extranjeras en los últimos años (Farrer, 2019).
Este particular posicionamiento tanto a nivel profesional como personal
dificulta hacer aseveraciones acerca de la ubicación de los docentes de lenguas
extranjeras en China dentro del espectro del privilegio y la precariedad (Leung y
Yip, 2020; Lan, 2022). Tal y como apunta la literatura, su condición de natividad
es un arma de doble filo: por una parte, les reporta indudables beneficios; por
otra, los roles que desempeñan y su participación e implicación real en los puestos
de trabajo hacen que perciban ser contratados solo por dicha condición, no por su
calidad docente (Shi, 2017). Ello implica que sean ellos mismos quienes pongan
en duda su legítima membresía a la institución a la cual pertenecen y cuestionen
su consideración como docentes “reales” (Leung y Yip, 2020; Shi, 2017; Trent,
2012) dentro de este sistema. Esta realidad expone las tensiones entre las
identidades reivindicadas y las identidades asignadas (Varghese et al., 2005) y
demuestra la relevancia de la práctica profesional y de la presencia o ausencia de