
distintos sistemas universitarios europeos. La Declaración de Bolonia de 1999 permitió propiciar un proceso de convergencia
universitaria a nivel europeo y crear un Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES) que abra las puertas de los centros
de Educación Superior a la internacionalización.
El Marco común europeo de referencia (MCERL, 2002) sirvió de apoyo para superar el segundo escollo, es decir, la
evaluación del nivel de lengua extranjera, apostando por la transparencia y coherencia en la enseñanza de idiomas en
Europa. En el MCERL se identifica, por una parte, lo que tiene que aprender el estudiante de lenguas y las competencias que
debe adquirir para comunicarse de manera eficaz oralmente o por escrito; y, por otra, se definen los conocimientos y
competencias lingüísticas que tienen que alcanzar los estudiantes de LE y que han sido distribuidos en niveles del MCERL:
Usuario básico A1 (Acceso) y A2 (Plataforma); Usuario independiente B1 (Umbral) y B2 (Avanzado); Usuario competente C1
(Dominio operativo eficaz) y C2 (Maestría). Estas escalas de descriptores proporcionan las bases para el reconocimiento de
certificaciones en LE.
Distintos tipos de certificaciones acreditan oficialmente los niveles de competencia de los participantes en los programas
de movilidad Erasmus. El nivel requerido suele ser el de usuario independiente del MCERL y oscilar entre el B1 y el B2 como
mínimo, dependiendo de la lengua vehicular en la que se impartirán las disciplinas. Según de que lengua extranjera se trate,
las universidades que acogen los estudiantes internacionales solicitan unas determinadas certificaciones. Las más utilizadas
para la lengua inglesa son el TOEFL (Educational Testing Service o ETS) y el IELTS (British Council, Universidad de
Cambridge y EDP Australia); y para el español, los diplomas DELE del Instituto Cervantes y el SIELE, Servicio internacional
de evaluación de la lengua española (Instituto Cervantes (IC), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la
Universidad de Salamanca (USAL) y la Universidad de Buenos Aires (UBA), dirigido a estudiantes y profesionales.
En septiembre 2015, se puso en marcha una herramienta digital, Online Linguistic Support (OLS), auspiciada por la Unión
Europea que tiene un doble objetivo: por un lado, evaluar, tanto al inicio como al final de las estancias Erasmus, las
competencias lingüísticas de los alumnos que solicitan una movilidad y, por otro, formar en LE a los estudiantes que lo
necesiten: una solución digital para atender un colectivo de estudiantes erasmus cada vez más numeroso.
La inmersión académica propicia un nuevo entorno para el aprendizaje tanto de LE como de conocimientos. En un primer
momento, los estudiantes internacionales entran en contacto e interactúan en un contexto sociocultural distinto al que
conocen. Se produce un tipo de aprendizaje, de la LE y de la cultura en la que está inserta, más relacionado con la vida
cotidiana y la inmersión. A su vez adquieren otras competencias y valores como la tolerancia, la adaptación al cambio, el
respeto a la diversidad, la ciudadanía activa o la cooperación para reducir las distancias culturales entre pueblos. En un
segundo momento, e insertos en la comunidad académica, deben adquirir conocimientos por los que obtendrán unos créditos
ECTS (European Credit Transfer System) por asignatura aprobada. Los estudiantes entran en contacto con una lengua más
especializada que dependen del grado de especialización de los tipos de discursos, las situaciones, los interlocutores y los
rasgos fonéticos y prosódicos en los que se desarrolla la comunicación en el marco de la disciplina y para la evaluación de
los saberes y procedimientos estudiados.
LENGUAS PARA FINES ESPECÍFICOS
Desde mediados del siglo pasado los lingüistas han mostrado interés por las lenguas para fines específicos (LFE) desde
distintos puntos de vista. A modo de ejemplo, citaremos las primeras investigaciones recogidas por Hutchinson y Waters
(1987: 9-14). En su obra se mencionan los estudios sobre el análisis del registro (McIntosh y Strevens, 1964; Ewer y Latorre,
1969) o del discurso (Widdowson, 1983); sobre las necesidades de los estudiantes (Munby, 1978; Nunan, 1988; Dudley-
Evans and St. John, 1998); sobre las destrezas y estrategias que subyacen en el aprendizaje de una LFE (Grellet, 1981;
Nuttall, 1982; Alderson y Urquhart, 1984) y sobre una enseñanza de las LFE diferenciada de la enseñanza de LE. En el
campo de investigación hispanohablante, los trabajos de Calví (2010) sobre los géneros discursivo en el sector turístico; de
Cabré y Gómez de Enterría (2009), en terminología; de Alcaraz, et al, (2007), en el campo jurídico-económico son los que
más han tenido repercusión.
El conjunto de las LFE abarca una amplia variedad de campos especializados y, por consiguiente, algunos estudiosos en
diferentes épocas, han probado a categorizarlas. Para Hutchinson y Waters (1987: 16) refiriéndose al inglés, se trataría de
cuatro grupos: ESP (English for Specific Purposes), EAP (English for Academic Purposes), EST (English for Science &
Technology) y EOP (English for Occupational Purposes). Otros optan por distinguirlas según el grado de “encriptación” de los
discursos, como Rodríguez, quien distingue los lenguajes más codificados, entre los que se encuentran las jergas y lenguajes