
lectura y contraste de estudios precedentes, de modo que los investigadores podamos obtener una visión de conjunto y
establecer relaciones entre los estudios. En nuestra opinión, solo así es posible identificar tendencias y establecer
conexiones entre variables que determinan el conjunto de las investigaciones pertenecientes a un campo científico, pero
sobre todo, solo así es posible garantizar la validez interna y externa de la investigación. Por esta razón, proponemos
partir del resumen y contraste de resultados de estudios realizados con informantes de la misma edad y nivel educativo y
con los mismos centros de interés. Asimismo, sería conveniente formular explícitamente las hipótesis de la investigación.
Todos los estudios analizados muestran uniformidad en los protocolos seguidos en la administración de la prueba; sin
embargo, en lo que respecta al tamaño de la muestra, la investigación sobre disponibilidad léxica se basa en un número
dispar de informantes. El tamaño de la muestra es problemático si la misma no es representativa de la población, puesto que
dificulta la extrapolación de los resultados. A fin de garantizar su representatividad es conveniente partir del número total de
la población a la que representa dicha muestra (Quezada 2007; Parodis 2008). En este sentido, algunos ejemplos basados
en muestras representativas en el campo de disponibilidad léxica son el estudio de Etxebarría (1996) con estudiantes del
área metropolitana de Bilbao provenientes de distintos tipos de enseñanza bilingüe, el de Valencia (1997), basado en una
muestra estratificada de estudiantes chilenos, el de Gómez Devís (2010), centrado en una representación de estudiantes de
bachillerato de Valencia o el de Verdeses (2012), basado en una muestra representativa de estudiantes hispanos de
Redwood City.
En cuanto a las variables analizadas, muchos estudios no aportan información sobre la distribución de la muestra en
función de la variable sexo. Este hecho compromete la fiabilidad y generalidad de los resultados. La razón es que existe
evidencia empírica de una mayor disponibilidad léxica por parte del sexo femenino tanto en educación primaria y secundaria
como la universidad, ya sea en español o en inglés. Por ejemplo, respecto a español, encontramos los estudios de Trigo y
González (2011) en español L1 con estudiantes preuniversitarios y el de Sandu (2012) en español L2 con estudiantes de 6º
de Primaria y preuniversitarios. En ambos estudios se observaron diferencias a favor del sexo femenino en 12 centros de
interés en el primero y en 16 en el segundo. También se hallaron diferencias cualitativas en la disponibilidad léxica de ambos
sexos reflejadas en la producción de palabras diferentes en todos los centros de interés, en particular, en COMIDAS Y
BEBIDAS y en LA ROPA, lo que los autores relacionan con aspectos culturales. Estos resultados son muy similares a los
obtenidos en inglés L2 por Jiménez Catalán y Ojeda (2009a) en sexto de primaria o por Agustín Llach y Fernández Fontecha
(2014) en un estudio longitudinal en dos tiempos en sexto de primaria y tercero de Educación Secundaria Obligatoria (ESO).
En ambos estudios se identificaron diferencias cuantitativas significativas a favor de las alumnas, en particular, en el
estudio de Agustín Llach y Fernández, en el cual se observaron las mismas tendencias en dos cursos. En base a estos
resultados, nuestra propuesta es que en futuras investigaciones se incluya información explícita de la distribución de las
muestras en función de la variable sexo.
Por lo que respecta a la variable perfil lingüístico, nuestros resultados señalan la casi total ausencia de información en
relación al nivel de conocimiento y dominio de las lenguas objeto de estudio (inglés o español); tampoco se incluye
información respecto a las lenguas adicionales que puede conocer el informante. Exceptuando los trabajos de Etxebarría
(1996), Samper (2002) y Verdeses (2012), la ausencia de una descripción detallada sobre los perfiles lingüísticos de los
informantes es una constante en los estudios analizados. La necesidad de incluir esta información es crucial si se tiene en
cuenta la situación actual, en la que prácticamente todos los centros educativos cuentan con un gran número de
adolescentes provenientes de familias inmigrantes. Cabe suponer que en las muestras incluidas en los estudios de léxico
disponible tanto de español como de inglés L1, L2, se encontrarán estudiantes con competencia al menos en tres lenguas
que pueden dar lugar a diversos perfiles lingüísticos:
la/s lenguas de origen de la familia como el árabe, el rumano, el urdu o el chino, entre otras;
el castellano, catalán, euskera, o gallego como lenguas de las correspondientes comunidades de acogida, y en las
cuales los estudiantes se habrán escolarizado y cursado parte o el total de las asignaturas;
el inglés y/o el francés como lenguas extranjeras que forman parte de los planes de estudio de educación primaria y
secundaria.
Además, las combinaciones que conforman los perfiles lingüísticos no son homogéneas y pueden variar incluso dentro de
un mismo centro educativo. Por consiguiente, la disponibilidad léxica de los informantes podría estar afectada por los perfiles
lingüísticos que subyacen en las muestras. Desafortunadamente, aunque encontramos algunos estudios con muestras de
estudiantes inmigrantes (e.g. Terradez y Gurre 1987; Moreno 2007; Fernández-Merino Gutiérrez 2011; Jiménez Berrio 2013),
en lo que conocemos, no existen comparaciones del léxico disponible de estudiantes con distintos perfiles lingüísticos.
En base a estos precedentes, consideramos que la investigación en disponibilidad léxica se beneficiaría con la inclusión de la
descripción explícita de dichos perfiles; especialmente si se tiene en cuenta, como señalaba Carcedo (1998: 209),
que uno de los fines de dichos estudios es “…realizar provechosas comparaciones con los léxicos disponibles de otras