español como LE de origen inmigrante, con una especial atención sobre aquellos
géneros discursivos a los que se enfrentaba con mayor frecuencia este grupo meta.
El concepto de género discursivo es antiguo y ha evolucionado a lo largo del
tiempo (Casalmiglia & Tusón, 1999, p. 252). A la hora de plantear este proyecto
se adoptó el punto de vista de Bajtin (1982, p. 248), quien define los géneros
discursivos como categorías relativas a la forma en la que suelen combinarse
diversos elementos lingüísticos de un discurso en relación con las situaciones de
la actividad humana en las que estos aparecen. Para el lector, el conocimiento
previo del género supone una ayuda notable para la comprensión del texto
(Alderson, 2000, pp. 39-40). Asimismo, dado que cada género suele leerse con
unos propósitos específicos, las estrategias de lectura dependen en gran medida
del género al que pertenezca un texto.
A fin de abordar los objetivos del presente estudio, se recurrió a diferentes
conceptos teóricos y herramientas de medición que numerosos investigadores
habían considerado para el estudio de las estrategias de lectura en otros ámbitos,
generalmente, con estudiantes universitarios aprendientes de inglés como LE. Un
trabajo cuya influencia fue determinante en el diseño de las herramientas CELAI y
PEI fue el que llevaron a cabo Mokhtari y Reichard (2002), en el que se creó y
validó el cuestionario Metacognitive Awareness of Reading Strategies Inventory
(MARSI) para evaluar las estrategias de lectura de hablantes nativos de inglés.
Para ello, se contó con una muestra compuesta por 825 alumnos de secundaria
que debían evaluar la adecuación práctica de los cien ítems originales que
componían el MARSI en cuanto a su precisión, claridad, sencillez, etc.
Este cuestionario ha sido una referencia para la investigación a nivel
internacional, tanto directa como indirectamente. Autores como Gómez, Solaz y
Sanjosé (2014) y Pammu, Amir y Maasum (2014) emplearon el MARSI para la
recogida de datos relativos a las estrategias de lectura, mientras que Zhang (2014)
recurrió al Survey of Reading Strategies (SORS; Mokhtari & Sheorey, 2002), que
no es sino una adaptación posterior del MARSI a hablantes de inglés como LE.
Los cuestionarios constituyen la herramienta por excelencia en el panorama
investigador sobre estrategias de lectura, posiblemente, por su facilidad de
administración y codificación de las respuestas a preguntas cerradas aunque, como
señala Ainciburu (2010), dicha facilidad debería compensarse con una mayor
dedicación y atención prestadas a aspectos como la redacción de los ítems, la
inclusión de aquellos que mejor representen los constructos que se pretende
evaluar y la verificación de la estructura lógica del cuestionario, entre otros.
Además, son herramientas que se basan en las autoafirmaciones del individuo
sobre sus procesos cognitivos cuando lee, de ahí que se presten a las alteraciones
de la diferente percepción de cada informante.
Por el contrario, otras herramientas como las PEI, empleadas por Martín
Leralta (2007) y Perry (2013), permiten prescindir de los juicios del informante,
por lo que podrían considerarse instrumentos apropiados para complementar la
información obtenida mediante un cuestionario. Otra diferencia que presentan las
PEI en relación con un cuestionario o un protocolo verbal es que no se basan en
autoafirmaciones (en lo que el informante cree que sucede en su mente), sino que
la observación de las estrategias es simultánea a su aplicación, rasgo que también
comparten, en mayor o menor medida, algunos tipos de protocolo verbal como los
think-aloud. Esta simultaneidad reduce posibles sesgos debidos a la memoria y el
recuerdo de los procesos lectores. Ahora bien, el hecho de que se prescinda de los
juicios subjetivos del informante, al asociar una respuesta con un proceso de
lectura, no significa que exista realmente una observación directa de dicho
proceso. Además, no se debe olvidar que un gran número de procesos de lectura