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(modelación) y realizaba una demostración a través del análisis de un fragmento de texto. El
profesor se aseguraba de explicitar todo razonamiento apoyándose en preguntas y
respondiéndolas, siempre en voz alta (ver Anexo 2).
En un segundo momento, el profesor acompañó a la estudiante durante la ejecución de
una actividad similar. Esta vez, la estudiante tenía un rol más activo. El profesor le presentó
un nuevo texto con características similares al anterior y le hacía preguntas con el fin de guiar
su actividad de comprensión y de obtener informaciones sobre sus procesos cognitivos,
corregía los errores de Z y daba explicaciones adicionales siempre que era necesario (ver
Anexo 2).
Finalmente, Z trabajó sola con un último fragmento. Esta vez el texto estaba
acompañado de preguntas para guiar la atención de la estudiante y encaminarla a usar la
estrategia en cuestión. Y siempre, para terminar, Z describía el proceso y evaluaba su
desempeño (ver Anexo 2).
De este proceso resultó que además de las informaciones teóricas sobre las estrategias
de lectura, Z pudo presenciar la demostración de la estrategia con la cual se iba familiarizando
progresivamente hasta al fin emplearla de manera autónoma. En todo momento fue capaz
de responder a las preguntas propuestas para verificar la comprensión y el empleo de la
estrategia durante la práctica autónoma. Así, más que procesos mentales inconscientes, las
estrategias de lectura se convirtieron, para Z, en herramientas que ahora podrá utilizar
conscientemente.
3.3 Test de evaluación
Luego de haber asistido a las dos sesiones de enseñanza estratégica, Z se encontraba en
condiciones de someterse a un segundo test que tenía como objetivo evaluar su proceso de
comprensión de lectura, medir cualitativamente sus estrategias cognitivas y metacognitivas,
así como comparar los resultados con los del primer test para validar la estrategia
linguodidáctica. El objetivo específico era evaluar sus procesos cognitivos (evaluación,
planificación y regulación).
En esta etapa, se le aplicó un test similar al anterior. El documento se titulaba “La
pollution spatiale”, la complejidad lingüística, así como el número de palabras eran parecidos
a los del primer texto. Los instrumentos de medición, la cantidad de actividades e incisos, las
estrategias a utilizar, los métodos de corrección y el tiempo asignados también eran similares.
En esta ocasión, la estudiante respondió las 13 preguntas dentro del rango de tiempo
asignado a la actividad, con un 100% de respuestas correctas. Z empleó estrategias como el
skimming, scanning, la búsqueda de informaciones precisas, el uso del contexto para
encontrar el significado de una palabra, la identificación de la idea central, las inferencias, la
interpretación de la referencia, el análisis de la formación de las palabras y la organización
de la información en un esquema (ver Anexo 3).
Al final del segundo test, Z reveló en el protocolo oral que sentía una evolución de su
proceso de comprensión respecto al primer test. Ahora conocía las estrategias de lectura y
las utilizaba en correspondencia con las necesidades y los problemas de comprensión (ver
Anexo 4). Para organizar los resultados, estos se agruparon atendiendo a las tres dimensiones
de la Metacognición, es decir, la evaluación, la planificación y la regulación.
En cuanto a la evaluación, Z identificó los objetivos de la actividad y las características
del documento. Fue capaz de identificar también sus dificultades, sus fortalezas y debilidades
y de evaluar su desempeño durante la actividad. En lo que respecta la planificación, Z fue