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1. INTRODUCCIÓN
Como una lengua con gran inflexión, el español presenta más desafíos a los estudiantes con
lenguas nativas menos flexivas como el inglés (Jiang 2004). En concreto, en español, la
concordancia de género gramatical es obligatoria entre sustantivos y adjetivos modificadores,
sustantivos y determinantes, sustantivos sujeto y adjetivos predicativos, sustantivos y
pronombres, etc. Esto difiere del inglés, en el que ni sustantivos ni adjetivos poseen género
gramatical, si bien existen sustantivos con género semántico (man/woman: niece/nephew)
que distinguen el sexo biológico de los seres a los que se refieren. Sin embargo, esta
distinción no es comparable con la flexión en español que sí es totalmente gramatical y solo
semántica en los casos de seres animados. Por esta circunstancia, en inglés no se produce la
concordancia gramatical de género. Dadas las diferencias con el inglés, es habitual encontrar
errores de atribución de género gramatical o de concordancia en la producción escrita y oral
de los estudiantes de español como L2, no solo en los niveles iniciales de aprendizaje, sino
también en niveles avanzados como el C1 (Bra Nuñez 2016) e incluso en aquellos con un
excelente dominio de la lengua (Franceschina 2001). Las dificultades derivadas de esta
diferencia entre la lengua nativa y la segunda lengua se han observado tanto en casos en los
que los estudiantes aprenden la L2 en el aula como en casos en los que están en inmersión
(Isabelli, -García 2010) lo cual indica que hay algo muy profundo que lleva a que la
concordancia de género sea muy difícil para ellos.
La adquisición del género gramatical es una nueva categoría abstracta para los
estudiantes, que supone la adquisición al nivel de la palabra, aprendiendo el género a la vez
que el significado de la palabra (asignación de género) y al nivel de la oración, estableciendo
concordancias entre los elementos de la oración (concordancia de género) (Alarcón 2011).
En este artículo se presentan las dos hipótesis que hay sobre el origen de los errores
gramaticales de concordancia de género: ¿se trata de errores debidos a una incomprensión
de las reglas de concordancia?; ¿o son errores que se deben a la dificultad de aplicar esas
reglas en contextos de expresión (escrita u oral) libre? La respuesta que este estudio sugiere
se inclina por la segunda hipótesis. Efectivamente, en contextos de producción oral los
estudiantes de nivel avanzado cometen un 20 por ciento de errores de concordancia de
género (Grüter, Lew- Williams y Fernald, 2012), que los autores de la investigación identifican
como un fallo a nivel de la palabra, es decir, de asignación de género.
Observamos, por lo tanto, una complicación mayor debido a que, si bien las palabras
relativas a objetos inanimados solo tienen una forma (que los estudiantes solo tienen que
memorizar), aquellas que se refieren a seres animados (Sagarra, N. & Herschensohn, J.,
2011) pueden tener, casi todas, forma femenina o masculina por lo que los estudiantes deben
aprender a gestionar esta variabilidad que no existe en su lengua. En general, existe un
patrón bastante regular para la flexión de género en español basado en las terminaciones de
las palabras ya que el 99.8% de las palabras que terminan en -o son masculinas y el 96.3%
de las que terminan en -a son femeninas (Teschner & Russell 1984). Este 3.5% de diferencia
entre la regularidad del masculino frente a la del femenino, puede ser un factor a tener en
cuenta a la hora de observar mayor número de errores de los estudiantes al usar el femenino,
ya que convierte a la terminación en -a en menos transparente y, por lo tanto, fiable.
Además de la mayor incidencia de palabras masculinas regulares en cuanto al género, se
añade la mayor frecuencia del masculino en el input, ambos factores que en español
contribuyen a convertir el masculino en la forma por defecto (Harris 1991; White - Kozlowska-
Macgregor -Leung 2004). El input se convierte en un elemento esencial de la adquisición del