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escrita), cuando el tipo de actividad así lo requiera. Sin embargo, no siempre se cumple
este requisito ni existe claridad sobre si se debiera o no exigir una certificación para postular
a la universidad en el contexto de un convenio interuniversitario. Se trata de estudiantes
que están en inmersión lingüística en distintos contextos (personal, administrativo y
académico) y que, pueden no ser capaces de diferenciar los registros o géneros que se usan
en un determinado ambiente universitario (Pastor Cesteros, 2010; Quevedo-Atienza, 2017).
En tales circunstancias, es innegable que los alumnos necesitan saber con mayor claridad
cuál es su real conocimiento del español con fines académicos para desenvolverse en las
aulas universitarias chilenas. Asociado con ello, se podrían sugerir propuestas de cursos y
enseñanza del español acorde con el dominio temático y lingüístico de su especialidad.
El lenguaje académico podemos entenderlo como el que se usa por la comunidad
académica (profesores, investigadores y alumnos) en textos orales y escritos a nivel
comprensivo y productivo en contextos universitarios (Cassany y Morales, 2009). El
lenguaje académico está presente en el discurso docente, en las clases magistrales, en las
lecturas universitarias, en los textos que los universitarios deben comprender y en los
resúmenes, informes, y trabajos de investigación que deben escribir (Regueiro y Sáez,
2013). Algunos de los principales tipos de discurso académico, a saber, son la monografía,
el artículo científico, la reseña, el resumen o abstract y la clase magistral. Todos ellos
constituyen los géneros discursivos más frecuentes en la vida académica.
En dichos contextos, es preciso identificar los tipos de necesidades que tienen los
alumnos y analizar la forma de dar respuesta a dichas necesidades desde el punto de visto
de la enseñanza con el fin de facilitar la adquisición del saber especializado a través del
español con fines académicos. En efecto, es muy relevante obtener información lo más
fidedigna posible para poder conocer los requisitos y exigencias que requiere el estudiante
y que permitan al profesor preparar un curso adecuado para dichos contextos educativos.
Dicho tipo de estudio es valioso para el desarrollo de cursos de ELE en el ámbito
universitario.
De acuerdo con García-Romeu (2006), las necesidades pueden ser de diverso tipo,
están las necesidades sentidas expresadas por el estudiante, mientras que otras son
percibidas por el profesor, basándose en experiencias similares. También pueden ser
objetivas, las que son externas al aprendiente e identificables en tanto reflejan sus objetivos
comunicativos y su nivel de competencia lingüística, y las necesidades subjetivas, las que
reflejan las sensaciones interiores de los aprendientes ante el aprendizaje y que son más
difíciles de identificar incluso por los mismos aprendientes. Las necesidades pueden recoger
todas las deficiencias que el aprendiente siente y tiene respecto a sus expectativas de
dominar la lengua que está aprendiendo (Moreno de los Ríos, 1998).
Ahora bien, la encuesta o cuestionario, es uno de los instrumentos que mayormente se ha
utilizado para recabar este tipo de información. Entre otras cosas, por su carácter
impersonal, otorgándole al estudiante cierta privacidad. Las encuestas pueden ser de tipo
abierto, cerrado o mixto. Lo más común son las encuestas con preguntas cerradas y mixtas
(preguntas cerradas con algunas abiertas que debe desarrollar el encuestado). Las
preguntas cerradas son rápidas de elaborar, responder y verificar, de ahí que sea uno de
los reactivos más utilizados para identificar necesidades.
En general, las encuestas son relativamente simples de diseñar y rápidas de responder,
siempre y cuando estemos hablando de preguntas cerradas. En segundo lugar, ofrecen
información cuantitativa y cualitativa y es posible utilizarlas con un gran número de
estudiantes. En tercer lugar, son una técnica que sufre menor riesgo de manipulación tanto