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1. INTRODUCCIÓN
El número de lenguas habladas en el mundo se estima en unas 6.000 (Grimes, 1992).
Algunas, como el árabe, el bengalí, el inglés, el francés, el hindi, el malayo, el chino
mandarín, el portugués, el ruso y el español, sirven como lenguas de más amplio espectro
de comunicación, muchas tienen estatus de segunda, tercera o cuarta lengua. Alrededor
del 25% de los países del mundo tienen reconocidas dos o más lenguas oficiales, mientras
que un porcentaje menor reconoce más de dos (por ejemplo, India, Nigeria y Luxemburgo).
Los datos reales indican que en el mundo hay más individuos bilingües o plurilingües que
monolingües. A esto hay que añadir el hecho de que el número de niños educados a través
de una segunda lengua (o que la adquieren como lengua extranjera en sus currículos de
enseñanza), es mayor que el de niños educados únicamente a través de su lengua materna
(Baker, 2011).
El bilingüismo y el plurilingüismo, así como otros enfoques educativos innovadores
en los que se implementa el uso de dos o más lenguas, forman parte del día a día en los
centros escolares en muchas partes del mundo. Los resultados obtenidos en numerosas
investigaciones de las últimas décadas (Cummins, J. & Swain, M. 1986a, 1986b; Krashen,
1987, 1988; Tough 1991; Genesee, F. 1994, 1998, 2001, 2006; Helten, 1997; Cenoz, J. &
Genesee, F. 1998; Cummins, J. & Corson, D. 1998; De Houwer, 1999; Langé. G. 2001;
Gass and Selinker, 2008; Curtain, 2000, 2002; Huete y Pérez, 2003; Cenoz, 2003, 2009;
Cook, 2003; O’Grady, 2005; Fleta, 2006; Ringbom, 2007; Schwartz, Geva, Share and Leikin
2007; Gottardo and Grant, 2008; Green, 2011) indican claramente que la educación en
varias lenguas es posible y, de hecho, en muchos países tanto las autoridades educativas,
como los políticos y los padres la consideran de gran importancia.
Conscientes de esto, las autoridades políticas y educativas europeas han establecido
como objetivo esencial para los ciudadanos europeos el tener una cierta competencia
comunicativa en al menos tres lenguas comunitarias, tal y como refleja el “Libro blanco
para la enseñanza y el aprendizaje. Hacia una sociedad del aprendizaje”, elaborado por la
Comisión Europea en 1996. En dicho documento, la Comisión Europea se centra en la
importancia de la puesta en marcha de ideas innovadoras y prácticas efectivas para ayudar
a los ciudadanos europeos en la tarea de aprender lenguas, y en base a las mismas la
Comisión ha podido comprobar que los Programas Europeos en el campo de la educación y
la formación han tenido un efecto catalítico en el desarrollo de nuevos enfoques de
enseñanza de lenguas.
Las múltiples investigaciones sobre el aprendizaje de lenguas de las últimas décadas
(Krashen, 1987, 1988; Tough 1991; Genesee, 1994, 2006; De Houwer, 1999; Curtain,
2000; Huete y Pérez, 2003, Alvarez-Cofiño 2006, 2009), han permitido conocer mejor el
término “adquisición de lenguas” en relación a “aprendizaje de lenguas”. Así a los niños
entre uno y cinco años se les considera expertos en lo que a “adquisición” de lenguas se
refiere, puesto que lo realizan de forma inconsciente en su entorno. Por otro lado, a los
niños mayores de seis años y a los adultos se les enseñan las lenguas en sus colegios,
centros de idiomas e incluso a través de programas informáticos. El aprendizaje exitoso de
lenguas tiene lugar cuando los aprendices tienen la oportunidad de recibir una instrucción
adecuada y, al mismo tiempo, tienen experiencias en situaciones reales a través de las
cuales puedan adquirir dicha lengua (Tough, 1991). Es decir, uno de los factores esenciales
en el proceso de adquisición de lenguas son las oportunidades de aprendizaje de las lenguas