
prácticamente por casualidad en Google; si es otro diccionario o Linguee, hay
cierta probabilidad de que se siga usando).
Si ahora combinamos las distintas perspectivas de análisis aplicados a
nuestros resultados, efectivamente podemos establecer una tipología de uso de
recursos lexicográficos y de estrategias de búsqueda que, aunque obviamente solo
puede marcar tendencias, nos ayudará a comprender mejor el comportamiento
lexicográfico de nuestros estudiantes:
Primero, hay un grupo de estudiantes (el 14,5% descrito en 4.1.1) que son
cien por cien fieles a su diccionario (mayoritariamente electrónico pero también
impreso) y que, por la razón que sea, realizan un número de consultas claramente
por debajo de la media.
Después podemos diferenciar un grupo mayoritario de estudiantes (un
46,4%, la suma de los estudiantes descritos en 4.1.2 y 4.1.3) que también son
fieles a su diccionario (otra vez mayoritariamente electrónico), pero que, para
aclarar una duda aislada recurren, excepcionalmente a uno o dos recursos
diferentes. Entre estos estudiantes, la mayoría recurre a otro diccionario, otros
usan Google o algún programa de traducción.
El tercer grupo serían los que siguen fieles a su diccionario, ahora ya
exclusivamente electrónico (el 17,7% descrito en 4.1.4), pero con los que se
dispara el número de consultas. Son fieles a su recurso principal, pero si persiste
la duda buscan de una manera insaciable soluciones en otros diccionarios y/o en
Google así como, los estudiantes de ruso, en algún programa de traducción.
Aparte de los fieles a su recurso principal encontramos los que usan dos
recursos principales, es decir, o dos diccionarios o un diccionario y un programa
de traducción. Son pocos (el 9,7% descrito en 4.1.5) y usan sus recursos con
moderación. A partir del momento en que los estudiantes con dos recursos
principales añaden otros recursos más (el 11,3% de 4.1.6), otra vez se dispara el
número de consultas, en primer lugar con los programas de traducción, en menor
medida con Google.
Con el uso de programas de traducción y de Google aumenta drásticamente
el número de consultas, mucho más que con las búsquedas más o menos
intensivas en distintos diccionarios (aunque sean electrónicos). Al mismo tiempo,
estos dos recursos no sirven prácticamente como recurso principal único, siempre
se combinan con un diccionario. Por otra parte, tal como expusimos en Gromann
y Schnitzer (2016), no conseguimos determinar diferencias estadísticamente
relevantes en el éxito de las distintas estrategias de búsqueda por parte de
nuestros estudiantes. Parece, por lo tanto, que casi una tercera parte de nuestros
estudiantes emplea estrategias de búsqueda no muy eficientes que, en algún que
otro caso pueden rozar lo obsesivo (un 27% de los estudiantes usó más de 3
recursos diferentes con un máximo de 10 en un caso específico) para conseguir
resultados que podrían conseguirse con estrategias más relajadas. Teniendo en
cuenta esta situación, hoy en día parece inevitable incluir en la enseñanza de
idiomas (extranjeros pero quizá también en la lengua materna) el manejo de los
modernos medios de consulta lexicográfica. Saber manejar Google para fines
lexicográficos y conocer las posibilidades y los límites de los programas de
traducción automática se ha vuelto imprescindible a la hora de resolver un
problema de vocabulario. Especialmente en la docencia de los lenguajes de
especialidad, en los que la comprensión y el uso exacto de la terminología es
esencial, este aspecto debería recibir mucha más atención que hasta ahora. En
concreto los currículos de lenguas con fines específicos deberían incluir, desde las
fases iniciales, técnicas de adquisición de estrategias de uso de las distintas
herramientas lexicográficas.