1. INTRODUCCIÓN
En diciembre de 2019, el Congreso Estatal de Yucatán (sureste de México) aprobó, por
unanimidad, una serie de reformas a la constitución de la entidad con el propósito de hacer
obligatoria la enseñanza de la lengua maya (familia lingüística mayance) en todas las
escuelas del territorio en el nivel básico. Sin embargo, la aplicación de esta determinación
no es inmediata y esta se hará de forma paulatina, mientras se publica en el Diario Oficial
del Estado, se “armonizan” los cambios con la Ley de Educación local, se definen partidas
presupuestales, se diseña la coordinación del programa y se capacita a quienes fungirán
como docentes, en el conocimiento gramatical de la lengua, así como en lo estrictamente
pedagógico.
La medida, que es ejemplar en el país, posee varias aristas de interés (en algunos
casos de crítica o escepticismo). En primer lugar, el objetivo que se persigue es doble; por
un lado, promover esta lengua en las comunidades yucatecas en las que su presencia sea
baja y, por el otro, fortalecer su uso en aquellas poblaciones en las que el número de
hablantes sea alto y su tendencia sea la transmisión, así como la funcionalidad (ver en la
sección Generalidades). En segundo lugar, sin duda alguna, la propuesta tiene como eje el
orgullo identitario que se extiende entre un amplio sector de la sociedad, en el que la lengua,
tanto en una representación de contacto (el español yucateco), como en una manifestación
de legado (la antigua civilización maya), juega un papel fundamental. Por último, en
contraste con lo anterior, es innegable que, como en buena parte de los lugares en donde
conviven dos o más lenguas, es posible encontrar actitudes sociales e históricas que
fomentan, entre muchas otras cuestiones, exclusión, presión, vergüenza y pérdida
lingüística. En este sentido, quienes promovieron las reformas reconocen que ha sido el
mismo Estado, ya sea en el plano federal, el regional o el municipal, el que no ha diseñado,
implementado y ejecutado políticas públicas orientadas al rescate y el fortalecimiento
lingüístico. Independientemente de este punto, se debe reconocer que estas reformas
constituyen un avance hacia el reconocimiento y la justicia que merece gozar el pueblo
maya.
Hay que llamar la atención sobre el hecho de que el esfuerzo y la demanda por,
respectivamente, enseñar y aprender la maayáat’aan (como la nombran quienes hablan la
lengua) siempre han existido. En este sentido, la experiencia ya existe y esta se ha dado,
tomando en cuenta la iniciativa, desde múltiples perspectivas: la oficial, la institucional, la
personal (con apoyo), la individual (sin apoyo). En cualquier caso, los resultados han sido
siempre los mismos: falta de continuidad, programación de niveles elementales, deserción,
así como carencia de sustento en los contenidos y su organización. Por lo anterior, revisar
uno de los muchos aspectos que integran el aprendizaje de una lengua, como lo es la
producción y asimilación de errores, sin tocar necesariamente la forma en la que se enseña,
puede representar una oportunidad de mejora.
En efecto, el trabajo con errores ha arrojado en otras lenguas (inglés, español, ruso,
chino, por citar los ejemplos más referidos en la bibliografía especializada) un
perfeccionamiento en el sistema de enseñanza. Vale decir que el presente estudio no
constituye, en ningún sentido, un modelo de instrucción, aunque sí contiene elementos que
son indispensables para esta, en cuanto progresión en el conocimiento y su dominio.
Sin lugar a duda, en el caso que se presenta son muchas las cuestiones que se tienen
que atender previamente; por ejemplo, la homologación de la escritura de la lengua, la
formación del profesorado, la asignación de recursos suficientes para sostener los
programas de enseñanza, sean públicos o privados, los fines específicos por los cuales se
oferta el aprendizaje de la lengua y la discriminación tanto social como lingüística que