
La proliferación de estudios sobre disponibilidad léxica en ámbito hispánico ha servido, sin duda, para poner al alcance de
los investigadores una enorme cantidad de datos. Las bases de datos y diccionarios de léxico disponible ofrecen un
fundamento empírico para distintas ramas de la lingüística aplicada, a la hora de estudiar la estratificación social de las
unidades léxicas (p.ej., López Morales, 1999), la pervivencia de términos dialectales en las generaciones más jóvenes de
hablantes (p.ej., Samper, 2008), la adquisición del léxico en L1 (p.ej., Agustín Llach, en prensa), en ELE (p.ej., Samper, 2002)
o en la denominada «lengua de herencia» (p.ej., Moreno Fernández, 2005), la competencia léxica de los inmigrantes (p.ej.,
Jiménez Berrio, 2013), etc. El elevado número de estudios y diccionarios de léxico disponible en el mundo hispánico, donde
se encuentran representadas prácticamente todas las provincias de España y gran parte de los países hispanohablantes
(Puerto Rico, Chile, México, Colombia, EE.UU., etc.), ha permitido la extensión de la metodología a diferentes ámbitos. Es
más, el análisis de estos diccionarios podría arrojar algo de luz también sobre cuestiones teóricos, tanto semánticas
(¿Deberían los sinónimos contabilizarse como una o dos palabras? ¿Qué relación existe entre las palabras «plenas» y las
palabras gramaticales, ausentes en los datos de léxico disponible, pero presentes en los primeros puestos en los del léxico
frecuente?) como morfológicas (¿A la hora de elicitar el léxico conocido se privilegia la forma o el significado?¿Acortamientos
como bici o profe son la misma unidad léxica que las formas largas bicicleta y profesor? ¿Las variantes flexivas de
sustantivos dedo – dedos o abogado – abogada deben considerarse como la misma palabra o como unidades diferentes?).
En pocas ocasiones, el análisis del léxico disponible alude a esas posibilidades teóricas, que conciernen a la semántica, la
morfología o, incluso, a la filosofía del lenguaje (cfr., sin embargo, las reflexiones, fundamentales, de Hernández Muñoz,
2006).
Sin embargo, esta proliferación no ha ido acompañada de la revisión pertinente de los trabajos anteriores, lo que ha
frenado en gran medida el avance teórico de estos estudios y su trascendencia empírica. El trabajo de Jiménez Catalán que
servirá de punto de partida para nuestro comentario pone de relieve las deficiencias de estas investigaciones. La autora
ofrece datos que se nos antojan positivos: solo uno de los 59 trabajos que encuentra se centran en el inglés como L1,
mientras que 20 de ellos tienen a hablantes nativos de español como informantes. A pesar de este dato positivo, la autora
subraya que un tercio de esos estudios no tiene en cuenta los resultados de trabajos anteriores («[…], el 32% de dichos
estudios no incluye la revisión de los resultados obtenidos en investigaciones precedentes»). Este hecho, impensable en
otros ámbitos de la lingüística y de la ciencia, en general, hace que los estudios sobre disponibilidad léxica sigan vías
paralelas y muestren una preocupante indiferencia al estado de la cuestión.
La autora se centra en cuatro puntos para determinar en qué medida los estudios de disponibilidad toman en cuenta los
trabajos anteriores y pueden permitir la comparabilidad de sus resultados. Estos cuatro puntos son los siguientes:
La revisión de los trabajos anteriores para la formulación de objetivos y/o hipótesis.
La equivalencia de las muestras y el análisis de las variables independientes.
La inclusión de pruebas adicionales para evaluar el dominio activo del vocabulario.
El número y los tipos de los centros de interés.
Como coordinador del diccionario de léxico disponible de estudiantes italófonos de ELE (cf. Del Barrio, 2016), nos
proponemos en las líneas que siguen hacer una revisión crítica del proyecto. Este proyecto es el primero que se desarrolla en
Italia, enteramente con estudiantes italianos de ELE, se llevó a cabo en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia en la
primavera de 2014 y contó con el apoyo de las estudiantes Giorgia Agnoletto y Michaela Vann. La muestra está constituida
por tres grupos: preuniversitarios (Liceo) con 49 informantes, bilingües con 16 informantes y universitarios (Unive) con 68
informantes. Como se muestra en la Tabla 1, la cantidad total de palabras sobrepasa las 16.000 unidades.
Palabras
Grupo totales diferentes informante
1. Liceo 4010 505 81,84
2. Bilingües 2230 1023 139,38
3. Unive 9923 1802 145,93
4. Total 16163 3330 121,53