que se distingue en siete categorías: conectores textuales, glosas de código, marcadores
ilocucionarios, marcadores de validez, narradores, marcadores de actitud y comentarios.
De acuerdo con este teórico, los marcadores interpersonales facilitan a los autores revelar
sus evaluaciones y actitudes en cuanto al contenido ideacional, a reseñar cuál es su papel
en la situación comunicativa y a predecir la reacción de los lectores, mientras que los
textuales les permiten obviar cómo se estructura la información proposicional del texto,
de acuerdo con el acto comunicativo (2012: 38). Sin embargo, según advierte el propio
autor, algunas palabras o grupos de palabras pueden cumplir más de una función
metadiscursiva como, por ejemplo, en el caso de la expresión «mi hipótesis es» que
puede actuar tanto como marcador ilocucionario, así como de validez (1985, p. 85). La
categorización de Vande Kopple ha sido criticada por su ambigüedad en las categorías
tratadas y sus frecuentes solapamientos funcionales, algo que según Hyland (2005: 32-
33), dificulta su aplicación. Uno de los problemas que destacan es la dificultad en
distinguir los narradores de los atribuidores, especialmente en el caso del discurso
académico donde las citas cumplen intenciones retóricas variadas. No obstante, en un
modelo posterior Vande Kopple (2002) excluye la categoría narradores de su tipología y el
término marcadores de validez se substituye por el de marcadores epistemológicos
(epistemology markers).
Crismore, Markkanen y Steffensen (1993), por su parte, en una revisión crítica de la
primera categorización de Vande Kopple, eliminan la categoría narradores y algunas de
sus sub-funciones se trasladan a una nueva categoría, la de los marcadores textuales,
mientras que las glosas de código y los marcadores ilocucionarios forman parte de la
categoría de los marcadores interpretativos. Las dos nuevas categorías creadas pretenden
dar cuenta del papel textual del metadiscurso, con los marcadores textuales refiriéndose a
aquellos elementos que facilitan la organización del discurso, frente a los interpretativos
que ayudan al lector a descifrar y entender mejor lo que quiere comunicar el autor, así
como las estrategias que emplea.
Ahora bien, las propuestas que más repercusión han tenido, sobre todo en las
investigaciones relacionadas con el discurso académico, son las de Hyland (1998a; 1998b;
2005; 2013; 2015; 2017) quien ofrecerá un marco teórico más sólido sobre el
metadiscurso como respuesta a la ambigüedad de los trabajos anteriores. Según comenta
el propio autor, aunque la mayoría de los analistas adoptan un enfoque funcional,
frecuentemente, malinterpretan la distinción tripartita de Halliday y confunden los criterios
sintácticos con los funcionales (Hyland, 2005: 24). Como alternativa, Hyland (2017:20)
presenta un modelo denominado interpersonal, en el que se suprimen las categorías
formales incluidas en el modelo de Crismore y otros (1993), y se intentan controlar los
solapamientos funcionales. Bajo la categoría interactiva, que permite al autor organizar su
discurso teniendo en cuenta las necesidades del lector, se incluyen: (i) los marcadores de
transición (transition markers), que expresan relaciones semánticas entre las oraciones
principales del texto, (ii) los marcadores de marco (frame markers), que hacen referencia
a actos discursivos, secuencias o etapas, (iii) los marcadores endofóricos (endophoric
markers), que remiten a otras partes del texto, (iv) los evidenciales (evidentials), que
remiten a otros textos y (v) las glosas de código (code glosses), que reformulan,
ejemplifican o clarifican lo dicho. En la categoría interaccional, mediante la cual se expresa
la voz del autor, su evaluación y grado de complicidad frente al contenido textual y a su
audiencia, cuentan: (i) los atenuadores (hedges), que retienen el compromiso del autor
frente a su proposición, los intensificadores (boosters), que enfatizan la certeza con la que
se presenta el autor en el texto, (iii) los marcadores de actitud (attitude markers), que