
en los que abundan, como suele suceder en estos casos, los grupos nominales,
las oraciones de relativo, etc.
Una de las cuestiones más importantes que se ha puesto de manifiesto en
los estudios sobre las clases magistrales es que se trata de un género
multimodal. De hecho, hace tiempo que Jordan (1997) repara en que, en este
evento se incluyen segmentos de discurso que se incluyen en las fotocopias, en
la pizarra, en las transparencias, en las proyecciones, etc. Todo lo anterior se
combina con el discurso del profesor, en una amalgama de textos que el alumno
procesa de forma simultánea.
La función retórica principal de una clase consiste en transmitir información
que resulte comprensible para el auditorio. Es necesario para ello que la
estructura esté claramente marcada y que responda a unas convenciones claras,
pese a que se han identificado, al menos en inglés, numerosos estilos de clase
magistral, que varían de un área disciplinar a otra (Nesi, 2001), de un docente a
otro y en virtud de variables de tipo contextual como el tamaño de las clases
(Cheng, 2012), los recursos de apoyo, el grado de espontaneidad Goffman
(1981: 165), los objetivos (Huckin y Olsen, 1990), etc.
El primer estudio que se centra en el análisis de la clase magistral como
género es el de Young (1994), que se realiza con el fin de encontrar patrones
comunes a las 72 clases que incluye en su corpus. De ahí extrae su modelo de
estructura de las clases magistrales en dimensiones micro y macro. Para el
análisis de esta última, fija una unidad de análisis, que denomina «fase»
(phase). Estas fases se dan en el discurso no de forma lineal, sino discontinua y
recurrente. De ellas depende que progrese el discurso dentro del evento
comunicativo. Los marcadores del discurso son las evidencias del paso de una a
otra fase. Young distingue dos tipos de fase: las fases que denomina
metadiscursivas, a saber, la estructura del discurso (presentación de lo que se va
a tratar), la conclusión y la evaluación del contenido, además de las que llama no
metadiscursivas, es decir, la fase de interacción, la fase de contenido y la fase de
ejemplificación. En español, disponemos en este ámbito de la descripción
macroestructural que facilitan Ortega (Vázquez (coord.), 2001: 17-27), dentro
del proyecto ADIEU. Este análisis presenta las cinco grandes secciones en las que
se articula una clase magistral: el preámbulo, en que se da el contacto con los
alumnos y tienen logar los saludos, comentarios, etc.; el planteamiento del
tópico general; la explicación, que es el núcleo de la clase y consta de un
desarrollo del tópico, una ejemplificación y un cierre; la interacción que precede
al cierre; el cierre propiamente dicho. Dentro del marco de este mismo proyecto,
este autor realiza otro análisis en un nivel que se puede entender como
microestructural, en el que se ocupa de las estrategias discursivas (funciones
retóricas) que se dan en la clase magistral en el corpus objeto de estudio.
Distingue las siguientes: preguntas, reiteración, contraste, argumentación,
ejemplo, aclaración y resumen. Es necesario destacar el valor de este trabajo y
la puerta que deja abierta para que las investigaciones basadas en corpus
informatizados validen y afiancen todos estos hallazgos como sucede desde hace
dos décadas en la lengua inglesa.
En esta lengua, el acceso libre a corpus específicos de textos que se
corresponden con géneros académicos como el que nos ocupa ha facilitado este
tipo investigaciones centradas en las clases magistrales desde la perspectiva del
género, cuyos procedimientos se podrían extrapolar al español. Además de los
análisis del metadiscurso que toman el modelo de Hyland (2003, 2005, 2013)
como punto de partida, hay una serie de estudios centrados en el análisis de
patrones fraseológicos propios de este género (lexical bundles). Por ejemplo,