idioma inglés, que está marcada por la influencia del latín y del francés (Dmitrenko
2013). Esta relación puede ser capitalizada para la enseñanza de la lectura
comprensiva en lengua extranjera, por lo que concentrarse en los conocimientos
lingüísticos de la L1 aprendidos por los estudiantes en sus ámbitos de desarrollo
permitiría activar esquemas formulados en L1 y transferirlos a la lengua
extranjera. En particular, cuando se trata de estudiantes universitarios del área de
ciencias químicas, la lectura de textos en inglés se vería favorecida con la puesta
en relieve de similitudes en el nivel del léxico.
En este punto es preciso reconocer la función del latín como lengua puente
entre el inglés y el español. De acuerdo con Company Company y Cuétara Priede
(2014:73), las afinidades entre las lenguas pueden explicarse por diferentes
fenómenos: el azar, el préstamo o la herencia directa. En el caso del inglés las
afinidades con el latín se basan en un fenómeno de préstamo o contacto
lingüístico: más de la mitad del vocabulario del inglés actual son préstamos del
latín, algunos adquiridos de manera directa y muchos otros a través del francés
(Whitley 2002). Por su parte, en el caso del español las similitudes se originan en
una relación genética con el latín. De acuerdo con estos autores, el método
comparativo permite diferenciar el vocabulario básico de una lengua y los
parecidos estructurales que se originan en los préstamos entre dos lenguas cuyas
comunidades de habla experimentaron contacto cultural. Por otra parte, dos
lenguas pueden parecerse porque una de ellas es antecesora de otra, como ocurre
con el latín, lengua madre del español.
Aquí se pueden relacionar dos datos analizados por Company Company y
Cuétara Priede (2014): primero, que el español pertenece a la rama románica
occidental que derivó del uso del latín vulgar, del cual provienen las distintas
lenguas romances. Y segundo, que algunas locuciones latinas en español fueron
introducidas con posterioridad, a partir del latín culto. Esto determinó que en el
sistema del español convivan derivaciones del latín vulgar con voces procedentes
del latín culto. Así, por ejemplo, del latín ovulum, en español se puede reconocer
la forma huevo, proveniente de las transformaciones en el latín vulgar, y óvulo,
que se incorporó posteriormente como cultismo. Algo similar se observa en inglés,
donde ovum proviene del latín vulgar y ovulation del latín moderno (Online
Etymology History). Estos fenómenos son estudiados como formas del cambio
lingüístico, que Company Company y Cuétara Priede definen como un
“microquiebre funcional” (2014:47) que asegura el carácter comunicativo de una
lengua.
Como se puede observar, la comparación de dos lenguas que no están
emparentadas directamente puede permitir el reconocimiento de afinidades a
partir de distintos fenómenos que vinculan una y otra con el latín y, en algunos
casos, con el griego. Es en tal sentido que, atendiendo al carácter contrastivo de
la perspectiva intercomprensiva de las lenguas, en el presente estudio se describen
y sistematizan algunas similitudes entre el inglés y el español para la enseñanza
de la lectocomprensión de textos en inglés pertenecientes al área de las ciencias
químicas.
Para ello se utilizó el Método de los siete tamices de EuroCom (McCann, Klein
y Stegmann 2003), “a system of ‘seven sieves’, seven transfer techniques, to
achieve receptive reading competence in a rapid way” (Grzega 2005:2). En el
centro del proyecto EuroCom se encuentra la idea de filtrar o tamizar el material
de las lenguas emparentadas en dos categorías: formas y funciones opacas y las
de perfil o fenómenos que no existen en otras lenguas (Meissner 2010). El método
consiste en la aplicación de siete filtros que permiten identificar los elementos que
la nueva lengua tiene en común con la L1.