33.1.1c) también utiliza el criterio diatético para clarificar la noción semántica de sujeto en la
alternancia activa-pasiva y activa-media.
3 Alonso-Cortés (2015: 433): «Otras lenguas con marca de diátesis media en el verbo: lenguas
indoeuropeas: griego clásico, latín, español, francés e italiano (con pronombre se), ruso;
lenguas americanas: quechua; lenguas africanas: kisi (familia kordofán, oesteatlántica de
Sierra Leona), lango (nilo-sahariana), djola (familia kordofán, oeste-africana de Senegal),
koyra chiini (familia afro-asiática); lenguas australianas: wardaman; lenguas altaicas: turco».
4 Se puede consultar sobre este tema, entre otros, los estudios de Monge (1955), Martín
Zorraquino (1979), Lázaro Mora (1983), Devís Márquez (1993), Sánchez López (2002) y
Regueiro Rodríguez (2012 y 2014), sus aportaciones y las referencias allí citadas.
5 Según G. T. Fish (1966: 831), se poseía en indoeuropeo la categoría de partícula y no de
pronombre, como aparentemente ocurre todavía en lenguas eslavas y bálticas. Es difícil
concebir la evolución de esta partícula, ya que en lenguas como el latín o el germano se acaba
restringiendo su uso hacia la tercera persona, posiblemente por una analogía con los
pronombres personales en acusativo de primera y de segunda (ME y TE) (recordemos que en
latín no existía pronombre personal de tercera en nominativo, ya que este “espacio” referencial
se marcaba con pronombres demostrativos anafóricos). Una vez adquirido el valor pronominal
reflexivo, se habría producido una expansión referencial al objeto no humano, entrando en
competencia con la pasiva latina, que, por otro lado, podría haber mostrado un sentido general
medio y no pasivo, es decir, se produce un proceso de gramaticalización o, dicho de otra
manera, una regresión hacia su concepción de partícula (al menos, en parte) en la etapa de
las lenguas romances, en la que acaba apareciendo la impersonalidad como última fase de
gramaticalización (aunque no en todas las lenguas romances, por ejemplo, en francés o en
rumano no se ha producido).
6 El significado léxico posee una influencia determinante en la estructura argumental oracional,
pero resulta arriesgado asegurar que se debe en exclusiva a dicho patrón léxico; en este
sentido, nos resulta acertada una visión ecléctica en la que los dos patrones, léxico y
sintáctico, se combinan bajo una visión semántica cognitiva o intención diatética determinada.
Traemos a colación la reflexión que realizaba Andrés Bello sobre la importancia del patrón
sintáctico: «Es un principio recibido que el ser activo o neutro [intransitivo] un verbo no
depende de su significación, puesto que a un verbo neutro en una lengua corresponde muchas
veces un verbo activo en otra. Se dice que ciertos verbos son activos, porque nos figuramos
en ellos cierta especie de acción, en lo cual, como en otras explicaciones gramaticales, se
toma el efecto por la causa. No los hacemos activos porque nos figuramos una acción que no
existe; sino al contrario, nos figuramos una acción porque se construyen con acusativo, y
porque este complemento es el que a menudo solemos juntar a los verbos que significan
acción material» (Bello, 1995 [1847]: 373, Nota VIII, «“lo” predicado»).
7 Esta distinción se encuentra en Perlmutter (1978) y fue ampliada por Burzio (1981) para la
gramática generativa, con la dicotomía entre verbos intransitivos inergativos (inherentes como
toser o con alternancia causativa como abrir, romper), que muestran un sujeto profundo de
carácter agentivo, y los inacusativos (inherentemente inacusativos como llegar o ergativos
como florecer).
8 Existen variedades del español como la mexicana o la rioplatense en la que el clítico concurre
en contextos muchos más amplios de lo que es admisible en la variedad del español
continental.
9 Sobre estos usos anómalos, puede consultarse Martín Zorraquino (1979: 149-280).
10 La distinción lógica que separa una proposición entre sujeto y predicado, como es conocido,
fue puesta en duda por Gottlob Frege. Desde una teoría de los juicios lógico-lingüísticos
(desarrollada por Franz Brentano y ampliada por su discípulo Anton Marty), se apercibe la
diferencia entre juicios téticos y juicios categóricos, según sujeto y predicado se
conceptualicen juntos o separados. Esta distinción lógica chocó ciertamente con la gramática
tradicional, ya que nos sitúa ante oraciones que, aunque sean bimembres, son percibidas por
el hablante como constituyentes de un solo juicio, el tético, sin atender a los participantes del