Schcolnik y Spector-Cohen, 2018: 54 y s.; Jiménez-Crespo, 2017: 4)? Si el uso es
paralelo al de los diccionarios, los problemas que se presentan al estudiante serán, en
gran medida, los mismos que se plantean también en el manejo de estos, en primer
lugar, la elección equivocada del término equivalente en la lengua meta (Egido Vicente,
2018: 78). Tampoco se podrá aprovechar buena parte de las ventajas del traductor,
como la corrección gramatical, la mayor fluidez en la expresión escrita, etc. (Lee, 2021:
2). Además, el traductor automático soluciona a menudo dificultades lingüísticas que
los usuarios ni siquiera detectan. Es por ello que, renunciando a su uso, el usuario se
priva de la posibilidad de obtener una solución frente a dificultades lingüísticas que
pasan desapercibidas – algo que en otros trabajos se constató como una importante
fuente de errores (Gromann y Schnitzer, 2016: 87).
Una herramienta que combina las características de un diccionario bilingüe con la
exposición de contextos de usos auténticos en varios idiomas son los buscadores de
traducciones como Linguee o Reverso Context. Además de proporcionar equivalencias
y otra información lexicográfica, estas herramientas suministran ejemplos de
traducciones que contienen la palabra o expresión buscada. No compartimos la opinión
de Buyse de que «al usuario casi se le obliga a mirar el contexto en el que se encuentran
las traducciones» (2014: 105), sino que pensamos que muchos usuarios solo se fijan
en la primera parte en la que figuran las equivalencias. Sin embargo, no cabe duda de
que en principio son un buen instrumento que ofrece la posibilidad de ver usos reales
en contexto. El único estudio que conocemos sobre la utilidad de esta herramienta
arroja resultados ligeramente mejores para Linguee en comparación con diccionarios
tradicionales y, sorprendentemente, también con la combinación de Linguee y
diccionario bilingüe (Buyse y Verlinde, 2013).
Las investigaciones que comparan el uso de traductores automáticos y diccionarios
en la enseñanza de idiomas son mucho más abundantes. Sin embargo, aparte de las
reservas ya formuladas al principio de este apartado, adoptan perspectivas muy
diferentes. Primero, encontramos trabajos que versan sobre las actividades de
traducción en clase de lengua (p. ej. Fernández Guerra, 2014) o enfocan mediante
cuestionarios el uso de las distintas herramientas y, sobre todo, la valoración que
reciben por parte de los estudiantes (p. ej. O’Neill, 2019b; Conde Noguerol, 2017). El
segundo grupo de estudios valora los resultados conseguidos con o sin traductor
automático en tareas realizadas por distintos grupos de estudiantes. Por lo tanto, estos
serían los indicados para una comparación. Curiosamente, gran parte de esta literatura
que investiga la influencia de traductores automáticos se centra en muy diversas tareas
o ejercicios de lengua, pero no en la traducción de textos. Así, para dar tan solo algunos
ejemplos recientes, se enfoca la efectividad de los traductores automáticos para
contestar preguntas de vocabulario (Omar, 2019) o para la redacción de diferentes
tipos de texto (Chung y Ahn, 2021; Fredholm, 2021). No hemos encontrado trabajos
que se basen en una tarea de traducción de textos de especialidad. Es por ello que las
posibilidades de relacionar los resultados propios con los de otros trabajos son bastante
limitadas. En cualquier caso, la tónica general de la literatura existente sobre el tema
indica que, hoy por hoy, si se compara la ayuda real que prestan traductores
automáticos y diccionarios a los usuarios, son los primeros los que se revelan como
más eficientes, especialmente en lo que se refiere a textos pertenecientes a ámbitos
específicos (Lee, 2019: 170).