distanciado y modalizado en la petición, al contrario de lo señalado por la
bibliografía especializada (Haverkate 1984, 1994; Bravo 2003, Briz 2003,
2010…). Esto es debido a que, en este último caso, se trata de una petición
en un ambiente más formal y el emisor depende de la voluntad del receptor
para conseguir su objetivo, por lo que para este último entraña un coste
cuyo beneficio recae sobre el emisor, frente a lo que ocurre con el
ofrecimiento. Por fin, la reclamación presenta un procedimiento diferente,
pues el emisor quiere, además de obtener su objetivo, mostrar, ante todo,
su descontento y reproche.
Los hablantes no nativos utilizan estrategias más directivas en el caso
de la petición para tratar de conseguir su objetivo, y más modalizadas en
el ofrecimiento y la reclamación. Esta actuación asegura la máxima de “no
imponer” (Lakoff 1973), pero su comportamiento no se asemeja al de los
hablantes españoles. Asimismo, mientras estos últimos se expresan con
enunciados más complejos que contienen apelativos, núcleos y apoyos
(Escandell 2004), los no nativos prescinden casi en su totalidad de los
apoyos y los apelativos –excepto en la reclamación–, con lo que resaltan su
acento extranjero en ciertos contextos.
Esta investigación nos aporta pistas sobre la instrucción de los
estudiantes de ELE y sus necesidades en un contexto real, lo que nos
permite proponer medidas que se podrían adoptar para favorecer el
desarrollo de la competencia pragmática dentro el aula: en primer lugar,
como docentes, deberíamos interesarnos por el uso lingüístico y las
estrategias que se emplean en las L1 de los aprendices en diferentes
contextos y familiarizarlos con el trasvase efectivo a la L2.
Asimismo, deberíamos tratar de complementar la información recogida
por los libros de texto con un input lingüístico variado: series de televisión,
películas, materiales de corpus, etc. Una vez que los alumnos se han
familiarizado con el tipo de expresión asociado a diferentes contextos y
actos de habla, se procede al análisis de situaciones heterogéneas, en las
que la selección de estrategias no resulta fácil, por la confluencia de factores
sociolingüísticos y pragmáticos: peticiones a personas mayores,
reclamaciones a profesores, etc. Posteriormente, se puede trabajar en
grupos más reducidos, asignando situaciones complejas a cada grupo y
pidiendo que sean representadas ante el resto de sus compañeros, quienes
valorarán si la elección de las estrategias es adecuada, y si hay errores
formales. Así, además de los recursos pragmáticos, se potenciarían las
destrezas orales y se practicarían las situaciones comunicativas
contempladas para cada nivel.
Mediante este procedimiento consideramos que se podría asegurar la
correcta asimilación de las estrategias pragmáticas, mejorar la comprensión
en la L2 y la identificación de aspectos concretos en el input lingüístico.
También, se pondrían en práctica las destrezas comunicativas, se
incorporaría nuevo léxico, otros temas curriculares, etc. En definitiva, se
cumplirían los principios del enfoque comunicativo y, a la vez, se trabajaría
el desarrollo efectivo de la competencia pragmática de los alumnos.
Con todo esto no se pretende que el profesor enseñe al estudiante de
ELE a utilizar, en el caso de las reclamaciones, expresiones malsonantes y