La variación en las unidades fraseológicas
Idiom variation
Inmaculada Penadés Martínez
Universidad de Alcalá
inmaculada.penades@uah.es
RESUMEN
Se concibe la variación como un cambio en la forma de las unidades que no afecta al significado.
El cambio da lugar a variantes de una unidad que, por no modificar el significado, constituye
una invariante de contenido. En el trabajo, 1) se analiza la variación en las locuciones del
español; 2) se presentan distintos tipos de variación formal: ortográfica, fonética, morfológica,
léxica y combinatoria; 3) se diferencia la variación no marcada de la marcada diacrónicamente
por el uso no actual o actual de una unidad; diatópicamente en relación con las zonas en las
que se habla español; diastráticamente de acuerdo con las características sociales de los
hablantes; y diafásicamente según la situación comunicativa y el registro de lengua; 4) se
excluye de la variación la polisemia, la sinonimia, la antonimia, la desautomatización y el error;
y 5) se incide en la necesidad de trabajar la variación en ELE mediante el uso de diccionarios.
Palabras clave: Variación, fraseología, locución, español lengua extranjera
ABSTRACT
Variation is considered to be a change in the form of units that does not affect the meaning.
This change gives rise to variants of a unit which, as the meaning is not altered, constitutes an
invariant in the content. In this paper, 1) we analyse variation in Spanish idioms; 2) we present
different types of formal variation: orthographic, phonetic, morphological, lexical and
combinatorial; 3) we differentiate unmarked variation from the following marked variations:
diachronic, depending on the current or non-current use of a unit; diatopic, with regard to
Spanish-speaking areas; diastratic, in accordance with the social characteristics of the
speakers; and diaphasic, regarding the communicative situation and the language register; 4)
we exclude polysemy, synonymy, antonymy, defamiliarisation and error from variation; and 5)
we insist on the need to work on variation in Spanish as a foreign language using dictionaries.
Keywords: Variation, phraseology, idiom, Spanish as a foreign language.
Revista Nebrija de Lingüística Aplicada a la Enseñanza de Lenguas (RNAEL) ISSN 1699-6569
Vol. 16 Núm. 32 (2022) doi: 10.26378/rnlael1632472
Recibido: 31/01/2022 / Aprobado: 15/03/2022
Publicado bajo licencia de Creative Commons Reconocimiento Sin Obra Derivada 4.0 Internacional
1. INTRODUCCIÓN
La palabra variación se relaciona con las de modificación y cambio en la lengua
general. Por su parte, en lingüística, el término variación no es unívoco porque no se
refiere solo a la variación formal de las unidades lingüísticas, es decir, a la variación
del significante, en ocasiones también abarca la del significado, dicho de otro modo,
el cambio semántico. Junto a ello, la variación lingüística incide sobre unidades de las
lenguas que son objeto de estudio como mínimo para la fonética, la gramática, la
semántica, la fraseología, la historia de la lengua, la sociolingüística, la geografía
lingüística y la lexicografía. Esta situación exige distinguir los distintos aspectos de la
variación analizados en una unidad lingüística y los diferentes ámbitos disciplinares en
que se incluye el análisis, para no crear confusiones en los propios investigadores, en
los docentes que enseñan la lengua y en los discentes que la aprenden. De la
importancia del estudio de la variación da cuenta el hecho de que este fenómeno puede
entenderse como un axioma de las lenguas (Mogorrón 2020a: 177), como una
propiedad vinculada a su propia esencia puesto que todas están sujetas a modificación
y cambio.
Desde esta perspectiva, este trabajo tiene como objetivo reflexionar sobre la
variación en las unidades fraseológicas, entendiendo por tales una combinación de
palabras fija e idiomática (Penadés Martínez 2015: 34), como el refrán A perro flaco
todo se le vuelven pulgas, cuyo sentido, no relacionado con el significado de las
palabras constituyentes, es ‘Los problemas o las desgracias son mayores para las
personas pobres o desanimadas’ (Penadés Martínez, Penadés Martínez, He, Olímpio
de Oliveira Silva 2008: 19). Concretamente, el punto de mira se dirige a la clase de
las locuciones, las unidades fraseológicas utilizadas para ilustrar el contenido expuesto
y que se definen como combinación fija de palabras que funciona como elemento de
la oración y cuyo significado no se corresponde con la suma de los significados de sus
componentes (Penadés Martínez 2012a: 23), por ejemplo la locución adverbial por
encima del hombro ‘Con desdén’1, que en el siguiente enunciado funciona como
complemento circunstancial de modo:
(1) No me interesa el resto de la historia ‒dijo secamente dirigiendo al
hombre una mirada autoritaria por encima del hombro‒.
La intención que ha conducido a la elección de este tema ha sido proporcionar
una serie de pautas teóricas útiles para que los profesores de ELE puedan presentar
las locuciones a los aprendices de esta lengua, enseñarlas y trabajar con ellas en
relación con la variación, bien entendido que los límites de este artículo se ciñen a los
conocimientos teóricos previos que deben acompañar a la docencia de cualquier
aspecto de las lenguas. Tarea futura de los docentes será materializar el contenido de
este trabajo en la práctica diaria del aula.
A este apartado introductorio, le sigue el 2., El concepto de “variación” en
fraseología; el 3., Distinciones para el análisis de la variación en fraseología, en cuyos
apartados se presenta cómo se manifiesta la variación en las unidades fraseológicas:
3.1 La variación formal y 3.2 La variación no marcada y la variación marcada, y qué
aspectos de ellas no deben entenderse como casos de variación: 3.3 El cambio
semántico y 3.4 La desautomatización y el error; el apartado 4., Para la enseñanza de
la variación en ELE; y el 5., que recoge las conclusiones que se desprenden de lo
tratado en el artículo, que acaba con las referencias bibliográficas.
2. EL CONCEPTO DE “VARIACIÓN” EN FRASEOLOGÍA
Antes de situar en esta disciplina la cuestión analizada, conviene desarrollar unos
puntos generales, el primero de ellos referido a la definición del término variación.
Posiblemente porque se trata de un fenómeno unido a la naturaleza de las lenguas y,
además, evidente para hablantes e investigadores, no es común ofrecer una definición
de variación de manera que quede claramente fijada la posición teórica de quien
emprende su estudio. En este sentido, aunque en el ámbito de la sociolingüística de
corte variacionista, por ejemplo, la variación sea su objeto de estudio específico,
definirla, delimitarla teóricamente, no es su objetivo, sino el punto de partida de sus
investigaciones, que se plantean descubrir los factores o condicionantes que regulan,
justifican y explican la aparición de variantes (Escoriza Morera 2003: 8 y 101-102).
Nos encontramos así ante un nuevo término, el de variante, estrechamente
vinculado al de invariante. El Diccionario de la lengua española (Real Academia
Española 2014: 2214) define el primero, asignándolo al ámbito de la lingüística, como
“Cada una de las diferentes formas con que se presenta una unidad lingüística de
cualquier nivel”. Por ejemplo, amaras y amases son las dos formas, las dos variantes,
de la unidad lingüística 2.ª persona del singular del pretérito imperfecto de
subjuntivo’, se da, pues, una diferencia de expresión, en el significante, que no tiene
su correspondiente en el contenido.
Por su parte, Hjelmslev (1972: 134), el autor más representativo de la Escuela
de Copenhague, indica en relación con los términos variante e invariante:
“Llamaremos conmutables (o invariantes) a dos miembros de un paradigma
pertenecientes al plano de la expresión (o al significante), si el reemplazo de uno de
dichos miembros por el otro puede comportar un reemplazo análogo en el plano del
contenido (o en el significado); e inversamente, dos miembros de un paradigma del
contenido son conmutables si el reemplazo de uno por otro puede comportar un
reemplazo análogo en la expresión. Dos miembros de un paradigma que no son
conmutables pueden ser llamados sustituibles (o variantes)”. Con unos ejemplos, en
el paradigma de la flexión verbal del español, las unidades amabas y amarás son dos
invariantes porque la sustitución de una forma por otra conlleva un reemplazo en el
plano del contenido: 2.ª persona del singular del pretérito imperfecto de indicativo /
2.ª persona del singular del futuro imperfecto de indicativo’. Por el contrario, las
formas amaras y amases, sustituibles la una por la otra sin que se produzca un cambio
de significado, son dos variantes, dos formas, a las que les corresponde una invariante
de contenido: 2.ª persona del singular del pretérito imperfecto de subjuntivo. De lo
expuesto cabe deducir que el estudio de la variación, el establecimiento de las
variantes, sea en fraseología o en cualquier otra disciplina lingüística, exige la
observación del significante y del significado de las unidades puestas en relación, dada,
además, la propia naturaleza de los signos lingüísticos.
En el ámbito de la fraseología, la variación de las unidades fraseológicas está
inexorablemente vinculada a la fijación, una de sus características específicas. Hasta
tal punto es así que fijación y variación han sido vistas como dos caras de la misma
moneda, dos particularidades de una misma unidad fraseológica (Montoro del Arco
2004: 593 y 2005: 149), símil que continúa vigente en la actualidad (Mogorrón Huerta
2020a: 181 y 2020b: 13). No obstante, la característica definitoria es la fijación, no la
variación, porque todas las unidades de la lengua, sean fraseológicas o no, están
potencialmente sujetas a variación y, por el contrario, no todas las unidades son fijas
en el sentido expuesto a continuación. En consecuencia, para que una combinación de
palabras pueda considerarse una unidad fraseológica debe ser una combinación fija de
palabras, si bien el mayor o menor grado de fijación permite a su vez analizar muchas
de ellas como variables en distinto grado. De ahí que los autores que se han ocupado
de estas unidades, especialmente desde una perspectiva descriptiva, desde la
metodología estructural o desde la lingüística cognitiva2, han establecido el carácter
fijo, junto con el de la idiomaticidad3, como uno de sus rasgos definitorios.
Zuluaga (1975: 230 y 1980: 99), uno de los autores pioneros en el estudio de
las unidades fraseológicas del español, define la fijación, en el primer trabajo citado,
como “propiedad que tienen ciertas expresiones de ser reproducidas en el habla como
combinaciones previamente hechas” y en el segundo, como “suspensión de alguna
regla de la combinación de los elementos del discurso”. En cualquier caso, este autor
subraya el hecho de que se trata de combinaciones de palabras en cuya reproducción,
al hablar o al crear un discurso, el hablante está condicionado por un modo de usarlas
que incluso puede ir en contra de las reglas de la gramática de la lengua en cuestión.
Por ejemplo, la locución nominal boca a boca Respiración consistente en aplicar la
boca a la de una persona que no respira para insuflarle aire con un ritmo determinado’
está fijada en singular, a pesar de que el elemento constituyente boca admite el
número plural, de manera que en plural la locución tiene la misma forma, y solo la
aparición de un determinante permite la interpretación plural:
(2) Además, todos los agentes, entre otros efectos, disponen de mascarillas
plásticas de un solo uso para poder realizar sin problemas higiénicos los boca a
boca.
En el fragmento anterior ha quedado, pues, en suspensión, sin efecto, la regla que en
español obliga a establecer concordancia de número entre el artículo y el nombre.
Por su parte, la existencia de variación en las unidades fraseológicas se comprueba
en ejemplos del tipo como el demonio ~ como un demonio, ambos variantes, formas
sustituibles, de una locución adverbial que significa ‘Mucho’, de la invariante de
contenido ‘Mucho’:
(3) Hace unas semanas probé el mojo picón de Ayanto, el picante, y
pica como el demonio, pero está muy bueno.
(4) aquí los sabañones prácticamente se han extinguido. Muchos no saben
ya ni de qué se trata. Pero dolían como un demonio.
El estudio de la variación en la fraseología del español ha suscitado y sigue
suscitando gran interés, lo prueba la existencia de monografías específicas sobre este
tema4 y su análisis en estudios de carácter más amplio5. Aun así, la situación se repite
en relación con otras ciencias de la lingüística: no es habitual explicar el concepto de
“variación”. De los trabajos citados en la nota 4, solo los de Corpas Pastor y Mena
Martínez (2003), Ortega Ojeda y González Aguiar (2005), Mogorrón Huerta (2020) y
Sinner y Tabares (2016) definen el término. En el primero se afirma: “Variabilidad
fraseológica es, pues, un término general que hace referencia a cualquier cambio o
alteración de carácter léxico, semántico, morfosintáctico o incluso pragmático que se
produzca en las UFs [unidades fraseológicas], exceptuando las producciones erróneas
(ocasionales y espontáneas) de los hablantes” (Corpas Pastor y Mena Martínez 2003:
184). Dos aspectos destacan en la definición: el uso del término variabilidad, frente al
de variación, y los tipos de cambios o alteraciones que produce: léxico, semántico,
morfosintáctico y pragmático. Por su parte, para Ortega Ojeda y González Aguiar
(2005: 92), variación es el “fenómeno que se produce cuando una UF, a pesar de estar
fijada, se materializa en “formas” distintas sin que dicho cambio conlleve alteraciones
en el significado fraseológico”, definición que, implícitamente, se relaciona con los
términos variante e invariante de la lingüística estructural. En cuanto a Mogorrón
Huerta (2020a: 174), utiliza el término variabilité en un sentido más amplio para
referirse “à la capacité de toutes les langues naturelles à produire des variations
lorsqu’elles s’actualisent en discours”; mientras que por variation entiende “la
conséquence inhérente et directe de la variabilité de toutes les langues naturelles”, si
bien de este modo se llega a una caracterización circular: variabilité > variation >
variabilité. Por último, Sinner y Tabares (2016: 16), basándose en la lingüística de
variedades, afirman que “La variación es considerada actualmente como la capacidad
de las lenguas naturales de producir distintas realizaciones concretas en el habla.
Variación significa, por tanto, que el mismo significado o el mismo contenido (Iturrioz
y Skopeteas, 2000, lo llaman invariantes) pueda expresarse de diferentes maneras,
usándose, para ello, realizaciones distintas, esto es, variantes”; claramente esta
definición se vincula también a la concepción estructural de los términos variante e
invariante.
Teniendo en cuenta lo expuesto, en este trabajo sobre la variación se entiende
por tal los cambios que muestran las unidades fraseológicas, con la salvedad de que
se trata de cambios que afectan a su forma, a su significante, dando lugar a variantes
de una unidad, a variantes de una invariante de contenido, así las dos formas estar en
la mano y estar en su mano son variantes de la invariante de contenido ‘Depender de
una persona’. No se trata, pues, de cambios en el significado, en el contenido, puesto
que un cambio en este plano supone la existencia de unidades distintas, de unidades
que coinciden en su forma, pero no en su significado, con lo que se origina el fenómeno
de la polisemia; en este sentido, la locución adverbial en blanco es muy ilustrativa,
pues significa ‘De manera que casi se ve solo el blanco del ojo’, Sin texto escrito o sin
estar pintado o dibujado’, Sin especificar la opción, la persona o el partido elegidos’,
Sin dormir’, Sin ninguna actividad’ y Sin recordar o sin pensar en nada’. Por otra
parte, si el cambio se observa en el significado y de manera parcial en el significante,
tampoco puede considerarse variación, ya que se está ante dos unidades diferentes:
una es la locución echar mano con el significado de ‘Recurrir a una persona o una cosa’
y otra distinta por su forma y su significado echar una mano ‘Ayudar a una persona’.
3. DISTINCIONES PARA EL ANÁLISIS DE LA VARIACIÓN EN FRASEOLOGÍA
El carácter esencial de la variación en las lenguas podría justificar la falta de interés
por definirla, situación que se ve compensada, al menos en fraseología, por las
múltiples clasificaciones propuestas para establecer tipos o clases de variación y,
consecuentemente, de variantes. No es este el lugar adecuado para exponer,
comparar y comentar las distintas clasificaciones que los fraseólogos han propuesto
para las variantes de unidades fraseológicas del español. En las referencias
bibliográficas de las notas 4 y 5 puede obtenerse abundante información sobre tales
clasificaciones, que para algunos autores han dado lugar a un caos terminológico
(Sinner y Tabares 2016: 27-29). Por ello en este apartado va a presentarse solo una
serie de distinciones que pueden ser útiles para el profesor interesado en concienciar
sobre este fenómeno a los estudiantes de ELE y en enseñarles esta particularidad de
la lengua.
3.1 La variación formal
Antes de ocuparse de ella, conviene tener en cuenta que no se incluyen aquí como
variación formal los cambios que experimentan las locuciones nominales, adjetivas y
verbales en tanto que unidades equiparables a los nombres, los adjetivos o los verbos
por comportarse aquellas morfológica y sintácticamente de manera semejante a estos.
La gramática académica (Real Academia Española y Asociación de Academias de la
Lengua Española 2010: 21), al ocuparse de la morfología flexiva, indica que esta
estudia las variaciones de las palabras que implican cambios de contenido de
naturaleza gramatical, y afirma que los morfemas de contenido gramatical dan lugar
al conjunto de variantes de una palabra, las cuales constituyen la flexión de la palabra,
como, por ejemplo, alto / alta, profesor / profesora, mesa / mesas, canto / cantas,
canto / cantaré.
Estas mismas variaciones pueden encontrarse en locuciones de las clases de las
nominales, adjetivas o verbales. Ahora bien, cuando se dan en las locuciones, las
variaciones anteriores son inherentes a la propia naturaleza nominal, adjetiva o verbal
de estas unidades fraseológicas, pues de manera análoga a los nombres muchas
locuciones nominales presentan variación, flexión, de género y número, del mismo
modo que un gran número de adjetivas varían como los adjetivos, y las locuciones
verbales muestran variaciones propias de la flexión de los verbos. Así, en función del
contenido gramatical o morfológico que el hablante quiere expresar, la variación de
género y de número es propia de nombres, adjetivos, locuciones nominales y
adjetivas, y la de persona, número, tiempo y modo, de los verbos y las locuciones
verbales. Es, pues, posible constatar el género masculino y femenino en la locución
adjetiva ni medio, que significa ‘Ninguno’:
(5) Pero le juro a usted por lo más sagrado, ¡y mira que estoy atenta!, que
no se le conoce ni medio chisme de faldas.
(6) ante la violencia machista, ni media broma.
Por su parte, la locución nominal caja de cerillas ‘Casa muy pequeña’ tiene la forma
plural cajas de cerillas:
(7) Entró en unas cajas de cerillas luminosas. Eran pisos de tres habitaciones
muy pequeñas, tenían además una cocina blanca y un cuarto de estar.
De manera análoga, las locuciones verbales expresan, mediante las variantes
morfológicas correspondientes, la persona, el número, el tiempo y el modo que se
quiera, como ilustran los siguientes ejemplos de la locución verbal hablar para el cuello
de la camisa ‘Hablar en voz muy baja’:
(8) ¿Os habéis fijado en que, cuando tiene que dar datos negativos, Solbes
farfulla las palabras y habla para el cuello de la camisa?
(9) me oyen bien, siempre que no hable para el cuello de la camisa.
(10) La verdad es que en ese momento odio hablar y, si alguien me pregunta
algo, hablo con monosílabos y hablo para el cuello de la camisa, y nadie se entera,
entonces nunca llego a tener una comunicación fluida cuando estoy en grupo.
Las variaciones formales ejemplificadas en el párrafo anterior no son, pues, como las
de no cerrar el ojo ~ no cerrar los ojos, donde el cambio del singular por el plural no
comporta ningún contenido gramatical distinto, sino simplemente la existencia de
variantes de una misma invariante de contenido, ‘No dormir’. La forma de una locución
puede verse modificada, cambiada, de muy diversas maneras que han dado lugar a
diferentes clasificaciones de variantes por parte de los fraseólogos. Tal como se ha
indicado, este trabajo, debido al ámbito en el que se encuadra, la enseñanza de la
lengua, hace caso omiso de tal diversidad y se limita a presentar brevemente y a
ejemplificar un conjunto de posibilidades de variación formal de las locuciones.
1. Variación formal ortográfica. Existen locuciones que manifiestan el fenómeno
de la variación mediante su distinta grafía, habitualmente registrada en los
diccionarios: a mata caballo ~ a matacaballo ‘De manera atropellada o muy deprisa”,
a macha martillo ~ a machamartillo ‘Con mucha firmeza o firmemente’, a vuela pluma
~ a vuelapluma ‘Rápidamente’, de la ceca a la meca ~ de la Ceca a la Meca ‘De un
lugar a otro en constante movimiento’.
2. Variación formal fonética. Se dan casos en los que la variación de la locución
atañe a diferencias en los sonidos de sus elementos constituyentes, que, en
consecuencia, se representan gráficamente de forma distinta: no decir oste ni moste
~ no decir oxte ni moxte ‘No decir nada’, por lo bajines ~ por lo bajinis ‘En voz baja’.
3. Variación formal morfológica. Más amplias son las posibilidades de variación
formal manifestada en la morfología de los elementos que constituyen las locuciones.
Con el significado de ‘Sin ninguna duda’ el español tiene las variantes a pie juntillas y
a pies juntillas, donde las formas singular y plural pie / pies no implican ningún cambio
de significado.
Las variantes masculina y femenina callar como un puto y callar como una puta
‘Callar de manera astuta o taimada’ son ejemplo de variación formal morfológica de
género sin cambio de significado, ni siquiera gramatical, cuando ambas se utilizan para
referirse a hombres:
(11) Cuando hace un par de semanas pasaron Los otros por Versión espa-
ñola de La 2, la ex del Garci le preguntó por sus proyectos y Amenábar calló como
un puto.
(12) El expresidente Aznar no deja de hablar. ¡Qchico más incómodo! ¿Qué
debería hacer? Callar como una puta o decir lo que le venga en gana con la que
está cayendo, ya que estamos en un país libre.
Existen variantes formales originadas en la derivación de alguno de los elementos
de la locución, caso de la adverbial paso a paso ~ pasito a paso, las dos variantes con
el significado de ‘Lenta y metódicamente’. Téngase en cuenta que el ejemplo anterior
no es semejante al de la derivación que desde tomar el pelo origina tomadura de pelo,
pues en el primero se trata de una única unidad, de una sola invariante de contenido,
la locución adverbial ‘Lenta y metódicamente’, con dos variantes formales. En cambio,
en el segundo ejemplo, estamos ante una locución verbal, tomar el pelo ‘Burlarse de
una persona’, de la que deriva una nominal, tomadura de pelo ‘Burla’; las dos
locuciones tienen distinto significado categorial: el de verbo y el de nombre, aunque
pueda considerarse que pertenecen a la misma serie: tomadura de pelo tomar el
pelo, y tienen el mismo significado léxico ‘Burl-’, pero, como se ha indicado, distinto
significado categorial por pertenecer a categorías distintas: la clase de las locuciones
nominales y la clase de las verbales6; el hecho de que tomar el pelo y tomadura de
pelo pertenezcan a clases distintas y, consecuentemente, a paradigmas diferentes
impide considerar que su significado constituya una única invariante con dos variantes
formales. La misma situación se da en cambiar de chaqueta ‘Cambiar de ideas o de
partido por el propio interés’ ‒ cambio de chaqueta ‘Cambio de ideas o de partido por
el propio interés’, esta última una locución nominal neológica no registrada en el
DFDEA ni en el DiLEA, aunque en este diccionario a día de hoy no se han incluido
todavía la mayor parte de las locuciones nominales.
La variación formal puede afectar también a los determinantes o a las
preposiciones que forman parte de las locuciones. Así, para la invariante de contenido
‘Detrás de una persona o una cosa’ contamos con la variante a espaldas, sin
determinante, además de a las espaldas, con artículo determinado, y a sus espaldas,
con el adjetivo posesivo, y en relación con esta última, está a espaldas suyas. En
cuanto a las preposiciones, existen ejemplos como codo con codo, más frecuente que
la variante codo a codo, pero ambas con el significado de ‘En unión o colaboración con
otra persona’.
4. Variación formal léxica. Son muy numerosas las locuciones que admiten la
variación formal de alguna de sus unidades léxicas constitutivas. Aunque con distintos
grados de frecuencia, para la invariante ‘Actuar de manera inoportuna o equivocada’,
el español dispone, al menos, de las variantes meter la pata ~ meter la gamba ~
meter el remo ~ meter la pezuña.
5. Variación formal en la combinación de elementos que constituyen la locución.
También son abundantes los casos de locuciones en las que 1) se observa un
incremento o una reducción de los elementos constituyentes, según el punto de vista
adoptado: ni poco ni mucho ni nada ~ ni poco ni mucho ‘Nada’, tocar con la punta de
los dedos ~ tocar con los dedos ‘Experimentar una cosa’; 2) se aprecia una alteración
del orden de los elementos constituyentes: con una mano atrás y otra delante ~ con
una mano delante y otra atrás ‘Sin nada de dinero o bienes’; o 3) se registran
variaciones que afectan en amplio grado a la combinación de los elementos
constituyentes: estar como un pan ~ estar de toma pan y moja ~ estar más bueno
que el pan ~ estar para mojar pan ‘Ser muy guapo o atractivo’, y ello sin tener en
cuenta que el elemento bueno admite variación en género y número en relación con
la referencia que tiene el sujeto de la locución, variación que corresponde a diferencias
en el significado gramatical y que no da lugar a variantes en el sentido examinado en
este trabajo:
(13) que había estado con él de lo más simpática y que vaya chavala, que es-
taba más buena que el pan.
(14) A Leo no me lo creo. O me lo creo lo mismo que a los y las que salen
en la tele anunciando páginas web para ligar. Si están más buenos que el pan,
¿para qué necesitan ligar por internet?
Las posibilidades de variación formal en la combinación de elementos de las
locuciones son múltiples, lo que provoca una cierta disparidad que dificulta su
clasificación, si bien lo importante no es tanto su ordenación en clases cuanto el
registro en los diccionarios.
3.2 La variación no marcada y la variación marcada
Se pueden encontrar numerosos ejemplos de locuciones cuya variación puede
calificarse de no marcada en el sentido de que el uso de una u otra variante de la
locución es neutro; es decir, las diferentes variantes fraseológicas de una invariante
de contenido pueden aparecer indistintamente en una gran diversidad de contextos,
hecho que es representado mediante la ausencia de una marca que las caracterice en
los diccionarios. Ocurre esto con estas ocho variantes de la invariante de contenido
‘Sin avergonzarse’: con la cabeza alta ~ con la cabeza bien alta ~ con la cabeza muy
alta ~ con la frente alta ~ con la frente bien alta ~ con la frente erguida ~ con la
frente levantada ~ con la frente muy alta. Así, por ejemplo, la variante con la frente
muy alta se registra en una noticia publicada en la página web de la Universidad
Católica de Valencia; la variante con la frente bien alta, en la revista TribunaOlímpica;
por su parte, con la frente alta está incluida en la novela El Supremísimo de Luis
Ricardo Alonso; y el CREA incluye una ocurrencia de la variante con la cabeza alta en
la modalidad oral de la lengua. Los usos mencionados de estas variantes se
ejemplifican, respectivamente, en los siguientes fragmentos, que muestran, además,
la diversidad de contextos en los que se documenta la invariante de contenido ‘Sin
avergonzarse’ y que evidencian que la sustitución de una variante por cualquiera de
las otras no produce ningún cambio de valor o de función.
(15) No tengamos miedo de hablar de Dios ni de mostrar los signos de la fe con
la frente muy alta ~ con la frente erguida.
(16) Las guerreras se fueron con la frente bien alta ~ con la cabeza alta y
deben ser recibidas como auténticas campeonas por todo su torneo, por su pun-
donor y el buen balonmano que han practicado del principio al fin.
(17) El nuevo hospital con sus ochenta y nueve camas es el primero de su
clase en la América Latina y puede parangonarse con la frente alta ~ con la ca-
beza bien alta con los mejores de Europa y los Estados Unidos.
(18) alguien me miraba y yo agachaba la cabeza y y me daban ganas de llorar,
me sentía muy mal y Víctor me reñía mucho. Decía: Una tía que siempre ha ido
con la cabeza alta ~ con la cabeza muy alta y que se ha reído de todo, no, no te
vas a dejar influenciar a este nivel”.
Frente a la variación no marcada, la marcada surge porque las locuciones, como
la lengua, varían, cambian, se modifican a) con el paso del tiempo, b) con el tránsito
de una zona a otra, c) en su utilización por los distintos hablantes (jóvenes, adultos,
hombres, mujeres, con estudios, sin estudios, etc.), que las emplean d) en diferentes
situaciones comunicativas (formal, informal, etc.) y e) para distintas modalidades de
la lengua (oral, escrita, etc.). Con el término variación marcada se quiere indicar que
una variante de una locución es propia, específica, de alguna sincronía o estado de
lengua, de una diatopía, de hablantes caracterizados por un factor social, de alguna
situación comunicativa o de alguna modalidad de lengua. Se dan, de este modo,
distintos tipos de variación marcada.
1. Variación diacrónicamente marcada. Las variantes cerrarse a la banda y
cerrarse en banda, correspondientes a la invariante de contenido ‘Obstinarse en una
actitud o mantenerse firme en una idea negándose a aceptar una opinión’, están
marcadas diacrónicamente dado que el CORDE ofrece 10 ocurrencias de la primera
variante, frente a 3 de la segunda. Por su parte, el CREA muestra solo 2 registros de
la primera y 44 de la segunda. Los datos permiten, pues, afirmar que la variante
cerrarse a la banda tiene un marcado carácter no actual, al contrario que cerrarse en
banda.
2. Variación diatópicamente marcada. La invariante de contenido ‘Soportar
resignadamente una situación desagradable’ se expresa en el español de España
mediante la variante aguantar mecha, que tendría su correspondiente en las
mexicanas aguantar bala y aguantar vara, según la marcación diatópica del DA y las
respectivas paráfrasis definitorias: ‘Soportar una situación adversa’ y Soportar alguien
con tranquilidad, buen ánimo o entereza situaciones difíciles, adversas o molestas.
Las variantes del español de España mover el esqueleto y mover las tabas ‘Bailar’ se
corresponden con la variante echar un pie de Cuba, Puerto Rico y Venezuela,
marcación diatópica asignada por el DA. Las variantes del español de España tocar las
pelotas ~ tocar los cojones ~ tocar los huevos ‘Molestar o fastidiar a una persona’
podrían considerarse equivalentes de las variantes argentinas hincharse las guindas ~
hincharse los cocos ~ hincharse los quinochos ‘Fastidiar’, a partir de la definición y la
marcación diatópica de estas últimas en el DA.
3. Variación diastráticamente marcada. Sin tener suficientes investigaciones de
carácter sociolingüístico, es complejo documentar locuciones con variantes que estén
marcadas en función de las características sociales de los hablantes. Con todo, los
corpus a partir de los que se ha confeccionado el DiLEA (Penadés Martínez 2020a)
muestran que la variante hasta el coño ‘En situación de hartura o cansancio total’ es
usada por las mujeres y se refiere a ellas, mientras que hasta la punta del nabo la
utilizan los hombres y se refiere a ellos. De manera análoga, las variantes quedarse
para vestir santos ~ quedarse para vestir imágenes tienen un sujeto referido a una
mujer; por el contrario, cambiar el agua a las aceitunas ~ cambiar el agua al canario
‘Orinar’ tienen como referencia del sujeto un hombre. Más complejo, pero semejante,
es el análisis de las variantes pedir la mano y pedir su mano ‘Solicitar permiso para
casarse con una mujer’; la primera presenta como combinatoria un actante [alguien]
sujeto, referido a un hombre, y un actante [de alguien] complemento del nombre
mano, referido a una mujer; la segunda variante solo se combina con un actante
[alguien] sujeto, que de nuevo se refiere a un hombre, mientras que el posesivo su
remite a una mujer:
(19) Las cosas no pueden plantearse así. Es como si uno fuera a pedir la
mano de una bella señorita y antes del encuentro familiar arreara un guantazo al
padre de la niña.
(20) Diego Marcilla e Isabel Segura se conocían desde niños y descubrieron
que estaban enamorados. Diego pidió su mano [de Isabel].
4. Variación diafásicamente marcada. Existen numerosas variantes que exigen
para un uso adecuado tener en cuenta bien la marca diafásica de la situación
comunicativa para las que son pertinentes, bien la modalidad de lengua que les
corresponde. La primera posibilidad es propia de las variantes marcadas ya sea como
informales, ya sea como vulgares, o de las que carecen de marca por tener un uso
neutro; ocurre así con hasta las cejas, hasta los cojones y hasta la médula
‘Completamente’. Los siguientes ejemplos muestran, respectivamente, que la primera
es propia de una situación conversacional prototípica de mínima formalidad ‒está
marcada como informal‒, que la segunda se sitúa en un polo negativo, transgresor en
relación con la actitud del hablante ‒su marca es vulgar‒, y que la tercera es neutra,
no está marcada por su utilización en situaciones formales o informales ni por una
posible actitud transgresora adoptada por el hablante:
(21) El felipismo ha dejado el país (el país geográfico, no el rotativo) esquil-
mado y endeudado, empeñado hasta las cejas, cincuenta billones de pesetas o
por ahí.
(22) España se cree un país desarrollado... jajaja, mira su economía ahora,
jaja, en puta crisis por no pensar en el futuro y endeudarse hasta los cojones.
(23) Privado de sus principales resortes económicos, el régimen autocrático y
corrompido hasta la médula de Mobutu Sese Seko supo entonces que tenía los
días contados.
Respecto a la modalidad de lengua propia de las variantes de una locución, no es
habitual que los diccionarios informen mediante marcas sobre el registro oral, escrito,
etc. que les pueda corresponder7 para que no se creen desajustes en su utilización.
No obstante, es posible encontrar obras lexicográficas que señalan la modalidad de
lengua. Un ejemplo de esto es el DiLEA, pues ofrece datos en relación con esta cuestión
en el campo Otras informaciones de algunos artículos lexicográficos. De las variantes
alzar los hombros, encoger los hombros y levantar los hombros Mostrarse indiferente,
generalmente realizando el gesto de levantar los hombros’ se informa que se utilizan
en obras literarias o en narraciones como indicación del narrador sobre un personaje.
3.3 El cambio semántico
La cuestión del cambio semántico ha sido objeto de estudio para la semántica desde
su constitución, pues, justamente, esta ciencia se originó con el establecimiento de
leyes para explicar la evolución del significado de las palabras. También la semántica
tradicional (Ullmann 1991) se ocupó de este aspecto de las lenguas al desarrollar los
tipos de cambios semánticos y al analizar la metáfora y la metonimia como dos de las
categorías en que se clasifican. Los cambios sufridos por las unidades, cuando afectan
a su significado, pueden dar lugar a unidades polisémicas, a unidades que tienen más
de un significado.
Las locuciones no son ajenas al fenómeno de la polisemia (Penadés Martínez
2012a: 267-277) y son abundantes las que tienen dos o más significados o acepciones,
la consulta de cualquier diccionario lo prueba fehacientemente. En algunos trabajos
sobre la variación de las unidades fraseológicas (por ejemplo en Mogorrón Huerta
2010: 144, 2020a: 190 y 2020b: 28-29), se considera la polisemia que afecta a
muchas de ellas como un tipo de variación, concretamente las que tienen al menos
dos significados se presentan como casos de variación de significado.
Ahora bien, como en este estudio se adopta el punto de vista de que las variantes
de una locución implican la existencia de una única invariante de contenido, no es
posible considerar que locuciones polisémicas como las analizadas en los siguientes
párrafos constituyen ejemplos de variación de las unidades fraseológicas, sino que,
más bien, se trata de locuciones que han sufrido cambios semánticos, con la
consiguiente evolución del significado originada por la actuación de distintos
mecanismos lingüísticos, especialmente la metáfora y la metonimia.
Ureña Tormo (2020), desde la perspectiva de la lingüística cognitiva, ha explicado
un conjunto de locuciones verbales que significan ‘Matar’ o ‘Morir’ como resultado de
un proceso en el que intervienen los mecanismos conceptuales de la metáfora y la
metonimia. El análisis de esta autora puede ampliarse, extenderse, para dar cuenta
de la polisemia de algunas de las locuciones que ha estudiado. Así, teniendo en cuenta
que el significado ‘Matar a una persona’ de la locución arrancar la piel a tiras resulta
del proceso en el que intervienen las metáforas LA MUERTE ES LA FALTA DE INTEGRIDAD
CORPORAL y LAS PERSONAS SON ANIMALES, y la metonimia DESTRUIR LA INTEGRIDAD POR MATAR
(Ureña Tormo 2020: 246), se puede analizar otro significado de esta locución
polisémica, ‘Criticar duramente a una persona’; esta segunda acepción se explica,
asimismo, por el mecanismo de dos metáforas conceptuales: LA CRÍTICA ES LA MUERTE
(hablar mal de una persona es dañarla físicamente, matarla), que justificaría la
vinculación del primer significado con el segundo, y LAS PERSONAS SON ANIMALES.
También en Ureña Tormo (2020: 247) se da cuenta del significado ‘Causar
muertos y heridos’ de la locución costar sangre, este explicado mediante la metonimia
UNA CONSECUENCIA DE MATAR POR LA ACCIÓN DE MATAR. La locución es polisémica, pues
significa, asimismo, ‘Costar gran esfuerzo o sufrimiento’, significado al que se llega a
partir de la metáfora EL ESFUERZO ES VALIOSO y de la metonimia UN LÍQUIDO DEL CUERPO
HUMANO POR EL SUFRIMIENTO EXPERIMENTADO POR EL SER HUMANO.
En el mismo artículo citado (Ureña Tormo 2020: 244), se analiza la locución dejar
de sufrir ‘Morir’ a partir de la metáfora la MUERTE ES EL DESCANSO y de la metonimia UNA
CONSECUENCIA DE MORIR POR EL PROCESO DE MORIR. El mismo análisis, con una mínima
modificación, sirve también para la locución dormir el sueño eterno ‘Ser o estar
enterrado’, resultado de la metáfora LA MUERTE ES EL DESCANSO y de la metonimia LA
CONSECUENCIA DE MORIR POR LA DURACIÓN DEL PROCESO DE MORIR. Esta locución tiene una
segunda acepción ‘No ser utilizado’, en cuya formación interviene la metáfora LA FALTA
DE USO ES EL DESCANSO y la metonimia LA CONSECUENCIA DE NO SER UTILIZADO POR LA
DURACIÓN DEL PROCESO DE NO SER UTILIZADO, mecanismos que permiten vincular ambos
significados.
Y un último ejemplo de locución polisémica. En otro trabajo de Ureña Tormo
(2021), este sobre las locuciones verbales que expresan emociones, se recurre a la
metáfora UNA EMOCIÓN ES LA DISGREGACIÓN DEL CUERPO y a la metonimia LA PARTE POR EL
TODO para explicar la locución partirse el alma con el significado de ‘Sentir mucha pena
o compasión’. Esta locución tiene otros dos significados, ‘Matarse’ y ‘Trabajar o
esforzarse mucho’, que los mecanismos de la metáfora y la metonimia también
permiten explicar. En ‘Matarse’ interviene la metáfora LA MUERTE ES LA DISGREGACIÓN DEL
CUERPO y la metonimia LA CAUSA POR EL EFECTO o LA CONSECUENCIA (la persona que se
parte el alma a misma (causa) se provoca la muerte (efecto o consecuencia)). De
manera análoga, en ‘Trabajar o esforzarse mucho’ actúan los mecanismos de la
metáfora UNA OCUPACIÓN RETRIBUIDA O UN ESFUERZO ES LA DISGREGACIÓN DEL CUERPO y, en
este caso, la metonimia EL EFECTO o LA CONSECUENCIA POR LA CAUSA (a una persona se le
parte el alma (efecto o consecuencia) como consecuencia de haber trabajado o
haberse esforzado mucho (causa)).
El estudio de la polisemia de las locuciones, como resultado del cambio
semántico, no está tan desarrollado como el de la sinonimia, la antonimia y la
hiperonimia-hiponimia en estas unidades fraseológicas (Penadés Martínez 2012a: 226-
277). La lingüística cognitiva se muestra como una vía interesante para llevar a cabo
investigaciones sobre esta parcela, bien entendido que no se trata de variación en las
unidades fraseológicas, sino de evolución y cambio de significado, lo que implica
adoptar una perspectiva diacrónica y semántica, no formal.
Tampoco constituyen casos de variación la sinonimia y la antonimia, en contra
de la visión mantenida en relación con las locuciones por algunos autores8; es decir,
las locuciones entre las que se establece la relación de sinonimia y de antonimia no
son variantes en el sentido visto aquí, aunque las locuciones sinónimas tengan el
mismo significado. La distancia formal entre liar el petate, tomar las de Villadiego y
poner tierra por medio, todas con el significado de ‘Marcharse’, es tan amplia ‒de
hecho, es una diferencia formal total‒ que no cabe considerarlas variantes formales,
sino variantes contextuales en distribución libre o en distribución complementaria; por
el contrario, en agarrar el petate, coger el petate, hacer el petate y liar el petate, que
también significan ‘Marcharse’, puede decirse que existe variación formal esta
parcial‒ de tipo léxico por el cambio de los elementos verbo (Penadés Martínez 2012a:
257-267). En cuanto a la antonimia, de ninguna manera la relación entre, por ejemplo,
mirar bien ‘Sentir simpatía o agrado por una persona’ / mirar mal ‘Sentir antipatía o
desagrado por una persona’, o entre quedar bien parado ‘Resultar beneficiado o
favorecido’ / quedar mal parado ‘Resultar perjudicado’ puede verse como variación
formal léxica, puesto que las locuciones de cada par no se corresponden con una
misma invariante de contenido, con un mismo significado; no existe duda alguna
acerca de que la antonimia es una relación semántica entre dos unidades cuyos
significados mantienen una relación de oposición de distintos tipos (Penadés Martínez
2012a: 237-247).
3.4 La desautomatización y el error
Existe otra posibilidad de modificación de las locuciones que tampoco puede
considerarse ejemplo de variación en el sentido estudiado aquí. Se trata de las
modificaciones o cambios que experimentan por el proceso de desautomatización a
que pueden verse sometidas consciente o inconscientemente por parte de los
hablantes. El término desautomatización hay que entenderlo tal como lo plantearon
los formalistas rusos: como ruptura del automatismo de la percepción (Penadés
Martínez 2014). Para la escuela literaria constituida por estos estudiosos la forma
retorcida, el uso poético de la imagen, las metáforas en poesía transfieren el objeto
descrito a un plano diferente de la realidad en el que lo habitual se convierte en
extraño; dicho de otro modo, el arte como recurso de extrañamiento presenta lo
habitual bajo una nueva luz, lo sitúa en un contexto inesperado. El artista contrarresta
el empuje de la rutina y de la costumbre arrancando el objeto de su contexto habitual;
el poeta le da un golpe de gracia al clisé verbal, al lenguaje habitual, y nos obliga,
como sujetos perceptores, a una percepción más elevada de las cosas.
Esta doctrina poética puede extenderse al análisis de las unidades fraseológicas.
Las locuciones constituyen el paralelo de lo que, en la poética del formalismo ruso, son
los términos habituales, el clisé verbal, pues forman parte del uso lingüístico corriente.
El emisor que las desautomatiza con modificaciones creativas en el significante,
primero produce un extrañamiento de la locución desautomatizada al presentarla bajo
una nueva forma y, en segundo lugar, le ofrece al receptor el referente de la locución
bajo una nueva luz, en la esfera de una nueva percepción.
Un ejemplo hará más comprensible lo indicado. En el siguiente fragmento, el
emisor utiliza la locución verbal ponerle el cascabel al gato ‘Atreverse a realizar una
acción difícil’ aplicándole conscientemente una serie de modificaciones en el
significante que conducen a desautomatizar la forma en la que el receptor conoce la
locución, lo que provoca un extrañamiento que le permite al emisor referirse a la
corrupción con una nueva mirada, la que la presenta como un gato que los políticos
deben atajar de manera conjunta.
(24) Si Francia, Italia o España dan la medida de hasta dónde puede llegar la
corrupción con sistemas públicos, Inglaterra o Japón ilustran de sobra la corrup-
ción que puede generar un sistema privado. El gato de la corrupción no es blanco
ni negro: es gris, y si nuestros políticos se encastillan en sus posiciones en lugar
de salir juntos a buscarlo, no podrán ponerle el cascabel.
Las modificaciones formales de la locución han consistido, por una parte, en
tematizar los constituyentes el gato suprimiéndolos de la posición final de la locución
‒lo que conlleva acortar su forma y trasladándolos a una posición bastante más
adelantada, y, por otra, en modificar sintácticamente los elementos el gato añadiendo
el complemento de la corrupción, lo que crea una anomalía semántica, puesto que
corrupción no puede ser dicho de gato.
En (24) se da una modificación conscientemente producida por el emisor del
fragmento con una determinada voluntad estilística en este ejemplo, pero puede ser
lúdica, publicitaria, etc. en otros. Existen, no obstante, casos en los que el emisor no
es consciente, no se da cuenta de la modificación que provoca en el significante, por
lo que hay que interpretarla como un error o una equivocación. Con toda seguridad,
para muchos lectores es conocido el caso de la modelo Sofía Mazagatos, que utilizó la
locución adverbial en el candelero De actualidad o disfrutando circunstancialmente de
popularidad, fama o importancia’ bajo la forma en el candelabro al declarar que le
gustaban “los toreros que están en el candelabro”; el error, la equivocación, muy bien
pudo producirse por la semejanza de significante y significado entre las palabras
candelero y candelabro, pero lo importante ahora es señalar que dio origen a una
modificación, a un cambio no buscado, no deseado, que no debe entenderse como una
variación formal léxica.
Las modificaciones presentadas en este apartado tienen una particularidad, son
individuales, no pertenecen al acervo común de la lengua, no están codificadas y no
son registradas, por tanto, en los diccionarios; en consecuencia, no pueden
interpretarse como ejemplos de variación formal de las locuciones, aunque se trate de
una única invariante de contenido asociada a formas distintas.
4. PARA LA ENSEÑANZA DE LA VARIACIÓN EN ELE
Llegados a este punto, es fácil deducir que el estudiante de español como segunda
lengua o lengua extranjera debe ser consciente de la variación formal que presentan
las unidades fraseológicas y, en particular, las locuciones. En consecuencia, esta es
una cuestión cuya enseñanza debe ser abordada por el profesor, especialmente la
variación marcada, por la necesidad de dar a conocer las variantes propias de las
distintas zonas en las que se habla español, las variantes correspondientes a
características sociales de los hablantes, las variantes adecuadas a distintas
situaciones comunicativas y las variantes específicas de diferentes modalidades de
lengua. Por supuesto, también la variación no marcada debe ser tenida en cuenta,
puesto que su conocimiento facilita una diversidad estilística útil para la producción
oral y escrita de los aprendices; piénsese en las posibilidades que puede ofrecer saber
que no existen diferencias de significado al usar las formas a espaldas, a las espaldas,
a sus espaldas o a espaldas suyas, o bien con la cabeza alta, con la cabeza bien alta,
con la cabeza muy alta, con la frente alta, con la frente bien alta, con la frente erguida,
con la frente levantada o con la frente muy alta.
Los documentos que regulan la enseñanza de ELE recogen, de manera general,
esta exigencia. Así, para el MCER (Consejo de Europa 2002), la competencia
sociolingüística comprende el conocimiento y las destrezas necesarias para abordar la
dimensión social del uso de la lengua: marcadores lingüísticos de relaciones sociales,
normas de cortesía, expresiones de sabiduría popular (refranes, modismos,
expresiones), diferencias de registro, dialecto y acento (la cursiva es nuestra). Por su
parte, el PCIC (Instituto Cervantes 2006), aunque de manera poco concreta, se refiere,
en sendos apartados, “Norma lingüística y variedades del español”, y “Saberes y
competencias socioculturales”, a las varias normas cultas que pertenecen a diferentes
localizaciones geográficas y al conocimiento, basado en la experiencia, sobre el modo
de vida, los aspectos cotidianos, la identidad colectiva, la organización social, las
relaciones personales, etc. que se dan en una determinada sociedad. Tanto las normas
cultas de la geografía del español como las competencias socioculturales relativas a
las sociedades en las que se habla esta lengua están vinculadas a las unidades
lingüísticas ‒incluidas las unidades fraseológicas‒ y se manifiestan en ellas, de manera
que el conocimiento de su variación resulta inexcusable.
Puede constituir un problema para el profesor obtener datos sobre la variación
en las locuciones, dados los múltiples aspectos bajo los que este fenómeno se
manifiesta. No obstante, no hay que olvidar que, en general, los diccionarios de lengua
y, sobre todo, los buenos diccionarios de unidades fraseológicas ofrecen información
sobre las cuestiones que atañen a la variación, pues recogen las distintas formas de
las locuciones a través del registro de sus diferentes lemas, con la salvedad de que a
todos debe corresponderles la misma invariante de contenido, el mismo significado, la
misma paráfrasis definitoria.
En cuanto a las variantes marcadas de una invariante de contenido, es habitual
en lexicografía señalar, si bien de manera más o menos acertada, mediante las marcas
correspondientes, su pertenencia a una sincronía o a un estado de lengua no actual,
a una diatopía concreta, a una diastratía específica o a una diafasía particular, de
manera que el uso de la variante en un texto contribuya a caracterizarlo como propio
de la variedad lingüística implicada, en eso consiste el valor o la función de la marca
asignada.
Claro está que no siempre los diccionarios de que dispone el profesor están
elaborados de la manera más adecuada posible para tratar lexicográficamente la
variación no marcada y la marcada, pero esta circunstancia puede obviarse con el
buen criterio del docente, sobre todo si está acostumbrado a manejar diccionarios,
práctica que resulta ineludible para una docencia completa y exitosa (Ureña Tormo y
Penadés Martínez 2020).
5. CONCLUSIONES
De este trabajo se desprenden varias conclusiones. En primer lugar, al tratar la
variación en las unidades fraseológicas, es necesario especificar qué se entiende por
variación y por variante para no convertir estos términos en un cajón de sastre ‒el
caos terminológico al que se aludía anteriormente‒ donde se incluyen verdaderas
variantes formales, junto a unidades polisémicas, sinonímicas, antonímicas e incluso
formas resultado de modificaciones creativas o de errores propios de los hablantes, en
ningún caso codificadas. Para ello es fundamental partir del concepto “invariante de
contenido”, que permite establecer los límites entre lo que es variación formal y lo que
no es en el punto en que cambia el significado por dar lugar a la existencia de otra
unidad lingüística distinta.
En segundo lugar, desde la perspectiva de la enseñanza de la lengua, importa
menos establecer una tipología de la variación en la que encajar de manera forzada
las múltiples posibilidades que las locuciones ofrecen, que reconocer la relación formal
entre dos variantes que difieren en la grafía, en la fonética, en la morfología, en el
léxico o en la combinación de los elementos constituyentes.
En tercer lugar, los aprendices de español como lengua extranjera deben ser
conscientes de las posibilidades que las unidades fraseológicas ‒y las locuciones en
concreto‒ ofrecen en cuanto a cambios y modificaciones formales. Esta variación
puede tener simplemente una función estilística, cuando es no marcada, y un valor
lingüístico, si es marcada, que necesariamente debe ser conocido, pues caracteriza
usos actuales o no actuales de la lengua y modos de expresión distintos por su
localización geográfica, diferentes por la adscripción social de los hablantes, variados
por la situación comunicativa en que se produce una emisión lingüística y diversos por
la modalidad de la lengua utilizada.
Finalmente, en la tarea de trabajar la variación en fraseología en el aula de ELE,
con el objetivo de presentarla y practicarla, el profesor cuenta con la inestimable ayuda
de los diccionarios, que le permitirán determinar, a partir de las definiciones del
significado de las locuciones, si determinados ejemplos corresponden o no a casos de
variación formal, obtener las varias formas de una locución mediante los distintos
lemas registrados en el diccionario y conocer la marca que determina un uso adecuado
a las características del emisor, del receptor y de la situación comunicativa.
NOTAS
1 Las locuciones utilizadas para ilustrar el contenido de este trabajo, así como sus definiciones y los
ejemplos en que se incluyen, están tomadas del DiLEA, diccionario que no ha sido elaborado con una
orientación didáctica; no obstante, para saber el nivel de referencia que les correspondería en ELE pueden
consultarse el DICLOCADV, el DICLOCNAP y el DICLOCVER, si bien hay que tener en cuenta que el DiLEA
registra un mero de locuciones mayor que los diccionarios elaborados desde la perspectiva de la
enseñanza de la lengua, que algunas de las citadas no figuran en los diccionarios didácticos y que algunas
definiciones del DiLEA difieren de las existentes en estas otras obras lexicográficas por haberse examinado
un mayor número de fragmentos que las incluyen.
2 Distintas aportaciones con comentarios sobre ellas pueden verse en Penadés Martínez (2012a: 36-41),
Penadés Martínez (2015: 28-45) y Ureña Tormo (2019: 40-46).
3 Idiomaticidad se refiere a la característica, propiedad o rasgo de las unidades fraseológicas que
determina en ellas la existencia de un significado que no puede establecerse a partir del significado de
los elementos que las constituyen (Penadés Martínez 2015: 36-38), por ejemplo la locución verbal ladrar
a la luna, cuyo significado, ‘Protestar o manifestar enojo inútilmente’, no viene dado por los elementos
ladrar y luna.
4 Sirvan de ejemplo los trabajos de Alvarado Ortega (2008), Carneado Moré (1985), Corpas Pastor y
Mena Martínez (2003), García-Page (1996), García-Page (1999), García-Page (2011), Koike (2001),
Mogorrón Huerta (2010), Montoro del Arco (2004), Montoro del Arco (2005), Ortega Ojeda y González
Aguiar (2005), Penadés Martínez (2012b), Rodríguez-Piñero Alcalá (2012), Sánchez-López (2018), Sinner
y Tabares Plasencia (2016), y los más recientes incluidos en la monografia editada por Mogorrón y
Cuadrado Rey (2020), así como el de Mogorrón Huerta (2020a).
5 Corpas Pastor (1996: 28-29), García-Page (2008: 213-315), Mellado Blanco (2004: 153-195), Montoro
del Arco (2006: 49-66), Penadés Martínez (2012a: 46-58), Penadés Martínez (2015: 131-145 y 173-179)
y Zuluaga (1980: 106-110).
6 Los términos significado léxico y significado categorial se emplean en el sentido en el que los utiliza
Coseriu (1977: 248 y 1987: 136-137), el primero referido al q de la aprehensión del mundo
extralingüístico y el segundo, al cómo de la aprehensión del mundo extralingüístico, este último permite
diferenciar el significado categorial de sustantivo, adjetivo, verbo y adverbio en unidades que tienen el
mismo significado léxico. En el ejemplo del texto, se trata de la distinción entre una locución nominal y
una verbal con el mismo significado léxico.
7 Constituye una excepción el DFDEA, que utiliza la marca literario en el artículo lexicográfico de ciertas
locuciones. Ahora bien, esta es una marcación no exenta de problemas (Penadés Martínez 2020b: 41-
43).
8 Consideran la sinonimia como variación autores como, por ejemplo, Corpas Pastor (1996: 27-30);
Corpas Pastor y Mena Martínez (2003: 185-186); García-Page Sánchez (2008: 236-237); o Zuluaga
(1980: 106-110). Por su parte, incluyen la antonimia dentro de la variación, por ejemplo, Corpas Pastor
y Mena Martínez (2003: 187-188); Mellado Blanco (2004: 186-190); u Ortega Ojeda y González Aguiar
(2005: 101).
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