favorece el aprendizaje autónomo del discente, lo motiva, fomenta el espíritu crítico,
refuerza las capacidades sociales mediante el intercambio, facilita la alfabetización
mediática e informacional, promueve la creatividad y atiende a la diversidad. Otra
alternativa metodológica podría ser la gamificación, técnica de aprendizaje que traslada
la mecánica de los juegos al ámbito educativo con el fin de conseguir mejores resultados,
ya sea para incidir sobre conocimientos concretos, mejorar alguna habilidad, o bien
recompensar acciones concretas, entre otros muchos objetivos (Gaitán, 2013). Su
incorporación en las clases de ELE en educación permanente facilitaría el trabajo
multinivel del alumnado, el desarrollo de todas las destrezas y las relaciones personales
(Díaz y Troyano, 2013). Finalmente, se propone el Diseño Universal para el Aprendizaje
(DUA), ya que el objetivo es crear y desarrollar un entorno de aprendizaje flexible. Se
trata de una visión humanista de la educación, recordando que todos somos diferentes
y únicos, donde la diversidad es la regla y no la excepción. En este diseño se diferencian
tres áreas fundamentales (Márquez, 2022): la representación (qué aprender), la
motivación (por qué aprender) y la acción y expresión (cómo aprender). Consideramos
que estas metodologías son adecuadas al contexto de este estudio pues comparten un
objetivo común fomentar la creación y construcción del conocimiento en equipo donde
las individualidades son valoradas positivamente y tenidas en consideración.
Por otro lado, sería muy recomendable impulsar el desarrollo de la inteligencia
emocional (Goleman, 1999; Bisquerra, 2000) como parte del currículo, ya que los
migrantes llegan a clase con una mochila llena de sueños, esperanzas, incertidumbres
y miedos, que van a influir positiva o negativamente en el aprendizaje de la lengua
meta.
Desde el punto de vista académico, sería aconsejable la incorporación de una
variedad de recursos en diferentes formatos (multimodalidad), para alcanzar a cada uno
de los participantes independientemente del estilo de aprendizaje que tengan más
desarrollado. La incorporación de elementos visuales (pósteres, dibujos, mapas, etc),
realia (billetes de autobús, factura de la luz, papel de la contribución, etc.), videoclips y
las nuevas tecnologías facilitarían el aprendizaje de cada uno de los participantes
ayudando a mejorar los aspectos segmentales, suprasegmentales y culturales de la
lengua meta, ya que, como explicaban Reyes-Torres y Bird (2015), el aprendizaje de
una lengua adicional no sólo debe aportar a la formación personal y social del alumnado,
sino que también debe potenciar la capacidad de reflexión para comprender la realidad
y poder expresar sus ideas.
Por último, al ser un colectivo muy específico que comparte los mismos retos y
dificultades, sería adecuado crear un material multinivel que se alojara en una
plataforma con el fin de potenciar el trabajo autónomo del alumnado, tanto de repaso
como de ampliación, así como la creación de una red entre los centros donde poder
poner en común materiales, experiencias, etc.
En definitiva, es evidente la necesidad de una formación específica en este colectivo
de docentes que les permita poder enseñar la literacidad a través de la multimodalidad
y las metodologías activas, adaptándose a las características particulares de cada
aprendiz. Por lo tanto, la perspectiva inmediata de trabajo debe dirigirse hacia la
creación de este tipo de formación y de material específico ligado a las realidades
particulares de estos centros.