Seconda in contesti migratori), así como formación de profesores para el manejo de
las escalas correspondientes.
Como se desprende del estudio presentado, en la Comunidad de Madrid existe
una variada oferta de programas de español para personas adultas migrantes, en
muchos casos, con amplia experiencia acumulada, que es desarrollada bien por
entidades públicas, bien por entidades del tercer sector o privadas. Estos hallazgos
son coherentes con los de Bednarz (2017), que identifica en toda Europa un sistema
mixto (público y privado) de formación lingüística para personas migrantes adultas,
cuya actuación, recursos y financiación es determinada por las autoridades con
competencias, y cuyo alcance varía notablemente de unos países a otros. En la Europa
mediterránea la “mezcla no estructurada de actores y fondos, a menudo distribuidos
en base a proyectos e iniciativas especiales, […] va en contra de la continuidad” de
los programas (Bednarz, 2017, p.77).
A falta, en la Comunidad de Madrid, de un plan de mayor amplitud para la
formación lingüística de las personas adultas migrantes —o a nivel nacional—, la
acción de estas entidades es muy necesaria y está ofreciendo resultados positivos.
No obstante, nuestros hallazgos apuntan a que se requiere una mayor coordinación,
a ser posible de carácter público, que afecte tanto a la oferta de cursos, como a los
aspectos curriculares, programáticos y didácticos, a los recursos, a la regulación de
la actividad en su conjunto y la formación de profesores, así como a la información y
difusión de los programas. La necesidad de coordinación y regulación ha sido señalada
con anterioridad y es una de las conclusiones del estudio internacional de Villarreal
(2009). Su ausencia “no permite rentabilizar los recursos, los esfuerzos y el know-
how en aspectos tan claves como la elaboración y edición de materiales [...]” (p.79).
Cualquier proyecto público que se quiera poner en marcha en el contexto de la
enseñanza de español para personas migrantes adultas “debería tener en cuenta esta
realidad” de actores y agentes que operan y “[…] estar orientado a articular, coordinar
y cualificar, puesto que es el activo fundamental con el que se cuenta” (Villarreal,
2009, p.79). La homogeneidad de la oferta de cursos que existe en la Comunidad de
Madrid en los programas de español para este alumnado llama la atención.
Fundamentalmente se compone de cursos generales de español (A-B1), cursos de
alfabetización y cursos de preparación al DELE (con especial atención al nivel A2
vinculado a la nacionalidad). Es testimonial la formación lingüística en grupos de
alumnos de colectivos homogéneos y con necesidades lingüísticas similares. Los
riesgos de los cursos de lengua con alta heterogeneidad (distinto origen, diferentes
motivaciones y objetivos para aprender, distinto nivel educativo y formación
profesional, así como distintos repertorios lingüísticos) han sido reportados en la
literatura (Sarraj, 2017). Por su parte, Nieuwboer y Rood (2017) insisten en que la
urgencia de facilitar a aprendientes de perfiles tan heterogéneos el desarrollo de las
competencias de la lengua no puede dejar atrás cuestiones fundamentales en los
cursos que tienen que ver con la confrontación entre los valores y los diferentes
subsistemas culturales representados en el aula. La necesidad del enfoque
intercultural en los programas de lenguas para personas migrantes ha sido reclamada
en la investigación (Rossner, 2008; Bruneau, 2017) por lo que, en los cursos además
de atender a prácticas de comunicación, se ha de perseguir “desarrollar una dinámica
reflexiva respecto a las formas de ser con los demás, a sus prácticas y usos
lingüísticos; de aceptar y gestionar lo imprevisible, lo inestable, lo inatento propio de
cada relación” (Bruneau, 2017, p.294). La prevención del choque cultural y el