
Los estudios de DL se han aplicado a poblaciones muy variadas, entre los que se cuentan niños preescolares,
estudiantes de educación primaria, estudiantes preuniversitarios, estudiantes de diversas carreras universitarias, jubilados,
estudiantes de ELE, inmigrantes, etc. Los contextos también han sido muy diversos: áreas geográficas de distinta extensión,
comunidades rurales y comunidades urbanas, contextos monolingües o multilingües, etc. Y también han sido distintos los
momentos históricos en que se han realizado las investigaciones. Añádase, además, la diversidad de concepciones teóricas
sobre el hecho lingüístico. Todo este conjunto de divergencias hace que no tenga cabida la aplicación del método en sentido
restrcingido, que solo resulta posible si un investigador o un equipo de investigación orienta su trabajo toma una serie de
decisiones y sigue las fases ya apuntadas. No obstante, algunas investigaciones de DL han logrado acercarse al método
comparativo estricto al mantener una similitud notable en los planteamientos teóricos, en la muestra estudiada y en los
procedimientos analíticos. Un ejemplo de este tipo es la serie de trabajos sobre la República Dominicana (Alba 2013), en los
que la estabilidad metodológica seguida por el autor le permite obtener datos perfectamente equiparables sobre dos
momentos históricos y trazar la evolución diacrónica de las unidades léxicas.
Pero conviene destacar también el alto grado de convergencia entre los estudios de DL, pues se comparten objetivos,
metodología de recogida y análisis de los datos e incluso interpretación de los resultados. De ahí que las comparaciones
entre investigaciones realizadas por autores distintos hayan sido muy frecuentes y productivas (cf., a título de ejemplo
simplemente, las contenidas en Arnal Purroy 2008); de hecho, la mayor parte de las investigaciones han dado lugar en
alguna medida al contraste de los datos propios con los de procedencia ajena (como sucede también en el trabajo
comentado de Jiménez Catalán). Las comparaciones suelen aparecer más a menudo en los estudios derivados que en las
investigaciones primarias, lo cual es entendible, pues normalmente los diccionarios de disponibilidad, objeto básico de la
investigación, ocupan una parte sustancial y central de los resultados publicados.
La comparabilidad de los trabajos se ve afectada por factores como los siguientes:
1. La fundamentación teórica de las investigaciones que se comparan.
2. El diseño de la investigación y, especialmente, las características de la muestra (tamaño, distribución).
3. El tratamiento de los datos.
4. Los instrumentos de análisis.
La fundamentación teórica y epistemológica de los estudios de disponibilidad léxica depende en gran medida de la
concepción de cada investigador acerca del lenguaje y la lengua. En este sentido, no sería razonable esperar unanimidad en
la manera de concebir el hecho lingüístico y, por ello, los intereses de cada investigador pueden derivar en aspectos
particulares que dificulten la comparabilidad de los trabajos. Pero la posibilidad de comparar estudios se facilita en la medida
en que todos ellos atienden al mismo nivel de análisis lingüístico, el léxico-semántico. Desde el punto de vista lingüístico,
grosso modo, se puede decir que las investigaciones han ido evolucionando desde el planteamiento lexicológico que movió
las investigaciones iniciales hasta derivar en planteamientos más generales, entre los que ha ido adquiriendo cada vez más
peso la orientación cognitiva (Hernández Muñoz 2006, Šifrar Kalan 2016). La unidad básica que se maneja en los estudios es
la palabra, aunque por lo general en los trabajos no suelen plantearse explícitamente reflexiones teóricas acerca de qué se
incluye en este concepto; más bien se suele asumir un apriorismo respecto al concepto palabra. A mi juicio, los aspectos más
descuidados en este sentido –importantes por las consecuencias metodológicas que tendrán–, atañen a la consideración de
las unidades complejas (¿son unidades léxicas azul claro, cortador de zanahorias o salir de paseo?) y de otras unidades
marginales, como las creaciones léxicas (Moliné Juste 2008, García Gondar 2011, Paredes en prensa). Algo mayor ha sido la
atención recibida por los aspectos semánticos (Sánchez-Saus, 2011), si bien sigue siendo objeto de discusión si en los
diccionarios de DL se deben incluir solo las unidades léxicas que contraen relaciones semánticas fuertes con el estímulo o si
por el contrario los listados deben estar sometidos a menores restricciones en este sentido.
Todavía dentro de los aspectos teóricos, desde su origen los estudios de disponibilidad léxica han tomado como
instrumento de análisis la estadística, herramienta metodológica que ha ido adquiriendo tanto peso que hoy se puede decir
que la lingüística estadística aplicada al estudio del léxico se ha constituido como disciplina (Ávila Muñoz 2010: 15). Esta
importancia teórica ha de tener su correlato en la exigencia de seguir manejando herramientas estadísticas cada vez más
precisas para fundamentar los resultados y las conclusiones. Por fortuna, la incorporación casi sistemática de herramientas
estadísticas cada vez más refinadas en los trabajos recientes de DL ha contribuido a aumentar la fiabilidad de las
comparaciones realizadas.
La similitud en la metodología de la investigación es, sin duda, el factor más decisivo de cara a la comparabilidad de los
estudios. En este punto hay que señalar que, aunque los estudios de DL han seguido de manera bastante fiel los criterios de
los pioneros franceses, habría que diferenciar entre los estudios de DL en lengua materna y los de segundas lenguas. Para
los primeros, la puesta en marcha del Proyecto Panhispánico de Disponibilidad Léxica (PPHDL) constituye sin duda el hito
más importante de cara a garantizar los estudios contrastivos. Dirigido por H. López Morales, el macroproyecto tuvo entre sus
objetivos desde el principio garantizar la comparabilidad con los trabajos originales por lo que gran parte de las decisiones
que se adoptaron iban encaminadas a lograr este propósito. De esta manera se tomaron decisiones comunes sobre el
número de temas (16 centros de interés), sobre el modo de aplicar la prueba (escrita, listas abiertas, dos minutos por centro
de interés) y sobre el sector de población investigado (preuniversitarios). Estas bases metodológicas comunes son sin duda
un poderoso instrumento para la fiabilidad de las comparaciones. Ello no impide que surjan continuamente propuestas para
mejorar esos criterios: sirva de ejemplo, el de unificar el modo en que se enuncian los centros de interés (