a aplicar en su vida», docente-17; «Más me enfoco en lo oral porque está más relacionado
con sus necesidades, nivel y objetivos personales», docente-05). Este modo de
comunicación requiere trabajo en clase y, en ocasiones, conlleva mayor dificultad
(«Enseñamos los dos. Preferimos oral en clase y escrito en casa», docente-11 o «Más
orales, porque es la prioridad comunicativa, y también es más difícil. Además, es un modo
espontáneo y reactivo, que incluye la pragmática y nivel, etc. Hay más elementos de
presión», docente-08). La conclusión del docente-08 sobre la complejidad de la oralidad
por cuestiones pragmáticas se encuentra en la línea de lo afirmado por Pastor Cesteros
(2023). Sin embargo, a todos estos factores individuales didácticos, se unen factores
externos, como el tipo de clase individual, que favorece la oralidad, o en grupo («Trabajo
más géneros orales, por lo general, porque trabajo más con clases privadas individuales
que con los grupos», docente-01).
El modo escrito, por el contrario, está condicionado, según los docentes, por las
convenciones del ámbito de EFE («Podemos llegar a darle más importancia a lo escrito en
EFE», docente-06), así como los intereses de cada institución y sus tradiciones de
aprendizaje («Donde yo enseñaba español profesional, escribir era más importante que
hablar. Por esta razón, se dedicaba mucho tiempo a la redacción de textos comerciales»,
docente-15) y el uso de un determinado manual («Sí, en general tendemos a utilizar más
el género escrito que el oral, porque partimos de manuales que ofrecen muchas más
actividades escritas que orales», docente-04).
En cuanto al tipo de enfoque, el 50 % de los docentes no emplea una metodología
uniforme para explicar géneros, pues depende de «las necesidades, nivel y capacidades del
aprendiente» (docente-02). Este enfoque personalizado, aunque resulta positivo para
atender la diversidad de necesidades y estilos de aprendizaje en el aula, podría indicar la
ausencia de una orientación pedagógica estandarizada que facilite una enseñanza más
sistemática del género. Dos docentes admiten seguir el enfoque del manual que usan y dos
de ellos emplean modelos para elaborar un análisis del género. El uso exclusivo del manual
podría conllevar una dependencia de los materiales didácticos que limita la capacidad de
contextualizar o profundizar en aspectos específicos del género. Sin embargo, el análisis
del género (Swales, 1990) supone una aproximación más estructurada y analítica, que
promueve la comprensión de las características discursivas y léxicas de la entrevista o
cualquier otro género oral. Por último, tres de ellos emplean el género como vehículo de
aprendizaje del vocabulario a partir de «una lista de colocaciones y frases prefabricadas»
(docente-18).
En cuanto al bloque de la valoración de la propuesta y de las estrategias léxico-
discursivas puestas en marcha, las consideraciones de los docentes expertos en cuanto al
cumplimiento de los principios teóricos en la P2 son positivas. En concreto, cabe mencionar
que los elementos del enfoque basado en géneros que la convierten en una propuesta para
una producción exitosa son la definición en la exposición gradual de los componentes,
alineados con las necesidades del género discursivo de la entrevista, y la estructuración y
secuenciación de las fases, desde la guía con mayor acompañamiento del profesor hasta la
producción autónoma. Por ejemplo, «Sí [cumple los principios teóricos], porque sigue una
secuencia que parte desde la identificación del tema y contexto, y se involucra al estudiante
para que participe activamente en el proceso de aprendizaje» (docente-06).
Por otro lado, los participantes consideran, en su totalidad, que se trata de una
propuesta como posible y factible para un nivel B1, especialmente por la variedad y
complejidad léxico-gramatical, la «seguridad y la autonomía» (docente-14). Tres
respuestas apuntan a un nivel A2, pero no es la opción mayoritaria, y dos respuestas indican