1. Introducción
Es bien sabido que el aprendizaje del léxico representa uno de los mayores retos en la adquisición de
una lengua extranjera (LE/L2), tanto por el número de lemas como por la complejidad de su
conocimiento, que abarca dimensiones de forma, significado y uso (Schmitt, 2000, 2008; Nation, 2001).
En el contexto actual de la enseñanza de español como lengua extranjera (ELE), caracterizado por una
fuerte presencia de enfoques comunicativos, el léxico suele seleccionarse en función de la relevancia
de uno de sus significados para la realización de una tarea concreta. Este enfoque presenta claras
ventajas pedagógicas, como la agrupación funcional de lemas y la activación contextualizada del
vocabulario, pero también conlleva ciertos inconvenientes, ya que la posible polisemia tiende a quedar
invisibilizada o a presentarse de forma fragmentada (Tyler y Evans, 2004; Boers y Lindstromberg,
2008). Como consecuencia, los aprendientes pueden llegar a percibir las palabras como monosémicas
o a interpretar la relación entre los distintos significados como arbitraria, lo cual puede dificultar la
comprensión y la comunicación efectiva, incluso para aprendientes avanzados, y limitar el desarrollo
léxico y lingüístico en L2 (Skoufaki y Petrič, 2021; González-Fernández y Webb, 2024). Esto limita las
oportunidades de aprendizaje de combinaciones lema-significado, tanto a nivel productivo como
receptivo, ya que los aprendientes tienden a aferrarse al significado que ya conocen –generalmente el
significado básico o central (core meaning)– y suelen mostrar dificultades para hacer uso de extensiones
semánticas del mismo lema (Laufer, 1997; Alnamer, 2017; Qu, 2023).
Frente a ello, se ha señalado la necesidad de explorar estrategias pedagógicas que favorezcan la
adquisición activa del potencial polisémico de las palabras, abarcando significados básicos y
periféricos, en lugar de relegar su aprendizaje a encuentros fortuitos (Parent, 2009). Diversos autores
han propuesto integrar modelos que explicitan la motivación de los significados para abordar la
enseñanza del léxico, especialmente en propuestas en inglés como segunda lengua y en el ámbito de la
semántica cognitiva (véanse, por ejemplo, Boers, 2000, 2013; Tyler y Evans, 2001; Verspoor y Lowie,
2003; Csábi, 2004; Littlemore y Low, 2006; Beréndi et al., 2008; Boers y Lindstromberg, 2008; Gries,
2015; Littlemore, 2023). Como señalan Llopis-García y Piquer-Píriz (2024), en el ámbito de ELE las
propuestas con un enfoque cognitivo se han centrado mayoritariamente en la gramática, mientras que
su aplicación al léxico –y más concretamente a la polisemia– sigue siendo menor. Los estudios sobre
léxico se suelen centrar en la metáfora conceptual y la competencia metafórica (Suárez-Campos et al.,
2020), por ejemplo, en la expresión de emociones (véanse Soriano, 2003; Barcelona y Soriano, 2004;
Hijazo-Gascón, 2011). Entre los trabajos dedicados a la polisemia de los verbos, destacan los de
Ibarretxe-Antuñano (1999, 2006), sobre verbos de percepción, o los de Cadierno (2008) e Hijazo-
Gascón (2021), en relación con los verbos de movimiento.
Varios de estos estudios señalan que la instrucción explícita de la motivación de las extensiones de
significado puede facilitar que los aprendientes comprendan y retengan mejor los usos menos
prototípicos de una palabra polisémica (Boers, 2000; Piquer-Píriz y Boers, 2019). Revelar los
mecanismos cognitivos que subyacen a la polisemia contribuiría a clarificar el origen y las relaciones
entre los distintos sentidos de una palabra, lo que favorecería un aprendizaje más eficaz del vocabulario
(Boers, 2013; Suárez-Campos e Hijazo-Gascón, 2019). No obstante, aunque estas propuestas han
mostrado resultados prometedores, con frecuencia la explicación de la motivación semántica se limita
al ámbito de la metáfora conceptual y a la distinción entre sentidos literales y figurados (Boers, 2000).
Como consecuencia, aún se dispone de un repertorio limitado de herramientas analíticas para describir
de manera sistemática las relaciones entre los distintos sentidos de una palabra polisémica.
El presente artículo se propone contribuir a la reflexión teórica y aplicada sobre la polisemia entendida
como una oportunidad de aprendizaje al fomentar la conciencia metalingüística y activar procesos de
organización semántica motivada. Para ello, defenderemos la necesidad metodológica de profundizar
en la descripción de la polisemia y en los conceptos utilizados para describir las relaciones entre
sentidos. Esta necesidad no solo es analítica sino también aplicada: si es verdad que comprender las
relaciones de significado contribuye a una mejor retención, es fundamental disponer de los conceptos
y términos adecuados para describirlas, comprenderlas y, en un contexto de enseñanza, explicarlas.
Argumentaremos que para ello necesitamos una terminología analítica más precisa que la
habitualmente disponible, que se limita a menudo a distinguir entre sentidos “literales” y “figurados” o