TESTIMONIO I
Cuando leo este escrito me viene nostalgia de pensar en familia en lo que me rodea alrededor
de mi país. Son distintas las fiestas aquí, porque aquí se reúnen toda la familia pero allá se
reúnen más amigos y familia, somos más familiares. La navidad allá es el tiempo de la primavera
aquí. Más que olor solo, es la comida del patio, que abres la ventana y sientes el aroma de todos.
Los sazones se cuelan por las persianas con la música y la alegría. Y cocinamos lo que allí le
decimos puerco que es el cerdo de aquí. Chicharrones, asado y mucha variedad de dulces. Lo
que más me chocó tanta comida, tanto turrón y cómo se reúnen en familia y hacen esa comida
especial, pero como nosotros allí nos reunimos pues el día a día, aquí me veía con gente pero
pensando allí. Me daba muchísima pena, pero muchísima, ver tanto aquí y la escasez allí. Porque
allí con un arroz con huevo y un agua con azúcar pues ya y con música montamos la fiesta. Aquí
nos reunimos entre latinos y hacemos la misma comida, arroz moro, para sentirnos como que
estamos en nuestro país, pero aquí. Lo que echo de menos es que la gente te diga felices fiestas
y oye, vente pa’ mi casa o, si no, si estás sola, donde la vas a pasar. Extraño ese intercambio, es
como un trueque entre nosotros mismos. Y el día más importante no es navidad, es el fin de año,
el 31, porque ese día, al contrario que aquí, no se pasa en la calle, porque el que no bebe ese día
quiere beber y es peligroso. Allá no se salía para evitar conflicto. (Mimi. Cuba)
TESTIMONIO II
Entiendo al escritor porque ha perdido sus navidades como yo. Lo primero que viene a mi
cabeza es escuchar por la radio el tema Sabor Navideño, merengue sin parar, sobre todo, el
“Llegó Juanita”, mi favorito, porque te da fuerza pa seguir. A partir de ahí, ya todos empiezan a
decorar con charamicos de ángeles, estrellas y renos, aunque en República no hay ni uno. Si ves
un charamico hay olor a jengibre seguro saliendo por detrás. Todos los vecinos acostumbran a
cocinar, lechón asado y moro de gandules. El sabor para mí, sin dudar, es el Pastelón de plátano,
pero el maduro. Pero lo rico de verdad es el recalentado de navidad. Lo que me falta aquí es el
pan, la telerita, aunque ya yo compré una navidad en un colmado de Madrid. Y lo que me sobra
es ropa, odio tanto abrigo, la cebolla que dice mi amiga. La tradición allá es sacar lo viejo y salir
a la calle con maletas vacías y dar vueltas a la cuadra para viajar, aquí lo hicimos el segundo año
y nos dio el alto unos policías. Allá era toda una fiesta. (Zoe. República Dominicana)
TESTIMONIO III
Yo también veo fuego como el escritor. Veo las calles cerradas por la gente del barrio. Todo el
vecindario haciendo la natilla con la olla grande y el fuego en la calle. Con el equipo de sonido a
todo dar y bailando. Hace un clima maravilloso, ni frío ni calor, justo para celebrar. La música
es la principal invitada. Los 14 cañonazos no podían faltar (el álbum musical que salía todos los
diciembres con las canciones para bailar) y aunque fuese pura fiesta no podía faltar “Triste
Navidad” del Combo de las estrellas. Cuando era niña, las fiestas familiares haciendo la
Teresalla, los Buñuelos y las Hojuelas. Los alumbrados. Pienso en las novenas del barrio que
eran un lugar para estar con toda la vecindad. Siempre los peques cantábamos los villancicos.
Una alegría profunda al recordar las imágenes de los peques emocionados porque venía el niño
Dios el 24 de diciembre, eso significaba regalos y regalos. Aquí claro el contraste es evidente.
Frío aquí, calor allá. Cenas tranquilas y familiares aquí, baile, rumba, risas, muchas risas, allá.
El frío, tanto físico como ambiental. Unos alumbrados tristes y pocos. Aquí no se hacen las
novenas bailables, todo es muy soso. Y no hago nada de allá, como dice el dicho al lugar que vas,
haz lo que vieres. ¡Así es, tal cual!!! Añoro el baile, la música, la parranda. Como la Navidad,