Revista Nebrija de Lingüística Aplicada a la Enseñanza de las Lenguas. Vol. 20. Núm. 40
(2026).
ISSN 1699-6569
Expresión emocional en español/L2: análisis cualitativo de narrativas de enfado en
hablantes bilingües
Emotional Expression in Spanish/L2: Qualitative Analysis of Anger Narratives in Bilingual
Speakers
Susana Dimas Cintas
Universidad de Alcalá, susana.dimas@uah.es
Resumen
Este estudio compara la expresión verbal de la emoción en hablantes bilingües en función de la lengua empleada,
inglés L1 o español L2. Veinte universitarios estadounidenses, con nivel intermedio de español y en contexto de
inmersión, produjeron narrativas orales sobre experiencias personales de enfado en ambas lenguas. Mediante un
análisis mixto que combinó técnicas cualitativas de anotación y etiquetado con métodos cuantitativos, se examinó
la presencia y frecuencia de las emociones expresadas. Los resultados muestran que la expresión emocional es,
en gran medida, equiparable entre L1 y L2, sin una ventaja sistemática de una lengua sobre otra, aunque se
observan diferencias en la naturaleza de las emociones manifestadas, con una mayor tendencia hacia emociones
más reactivas e intensas en la L1 y más reflexivas y calmadas en la L2. La frecuencia de aparición de emociones
fue similar, salvo en el caso de la frustración, significativamente más recurrente en la L1, lo que podría atribuirse
a diferencias léxico-semánticas entre ambas lenguas en la conceptualización y verbalización del enfado. Estos
hallazgos resaltan la importancia de incorporar perspectivas socioculturales que permitan una comprensión más
profunda de la expresión verbal de la emoción en hablantes bilingües.
Palabras clave. Expresión emocional, enfado, hablantes bilingües, español L2, métodos mixtos.
Abstract
This study compares the verbal expression of emotion in bilingual speakers depending on the language used, English L1 or
Spanish L2. Twenty American university students, with intermediate Spanish proficiency and in an immersion context, produced
oral narratives about personal experiences of anger in both languages. Using a mixed-methods approach that combined
qualitative techniques of annotation and coding with quantitative methods, the presence and frequency of the emotions
expressed were analyzed. The results show that emotional expression is largely comparable between L1 and L2, with no
systematic advantage for either language, although differences emerge in the nature of the emotions expressed, with a tendency
toward more reactive and intense emotions in L1 and more reflective and calm emotions in L2. The frequency of emotion use
was similar, except for frustration, which was significantly more frequent in L1, potentially due to lexical-semantic differences
between the two languages in the conceptualization and verbalization of anger. These findings highlight the importance of
incorporating sociocultural perspectives that allow for a deeper understading of the verbal expression of emotion in bilingual
speakers.
Keywords. Emotional expression, anger, bilingual speakers, Spanish L2, mixed methods.
DOI: 10.26378/rnlael2040670
Recibido: 27/01/2026 - Aprobado: 9/04/2025
Publicado bajo licencia de Creative Commons Reconocimiento Sin Obra Derivada 4.0 Internacional
1. Introducción
Las emociones desempeñan un papel fundamental en la comunicación y en las relaciones humanas. No
obstante, interpretarlas y expresarlas en una segunda lengua (L2) constituye un fenómeno complejo, en
el que las diferencias lingüísticas y culturales actúan como factores determinantes (Dewaele, 2021;
Wierzbicka, 1999).
Dado que la expresión emocional se realiza a través del lenguaje, su estudio ha ocupado un lugar
destacado en la lingüística desde finales del siglo XX y ha proporcionado una base teórica esencial para
comprender la relación entre lengua y emoción, tanto en la primera lengua (L1) como en la L2. En
términos generales, la investigación en este campo se ha articulado en torno a dos grandes paradigmas.
Por un lado, se encuentran los estudios que analizan cómo las emociones se conceptualizan, categorizan
y lexicalizan en una lengua; por otro, aquellos que se centran en la función expresiva del lenguaje y
examinan los recursos lingüísticos mediante los cuales los hablantes comunican su estado emocional.
Ambos enfoques están estrechamente interrelacionados y se manifiestan en distintos niveles del sistema
lingüístico, desde el léxico hasta el discurso (Alba-Juez y Mackenzie, 2018).
En este marco, se distingue entre emotion talk y emotional talk (Bednarek, 2009). El primero alude al
lenguaje empleado para nombrar y conceptualizar emociones de manera explícita (función referencial)
mediante sustantivos, adjetivos, verbos o adverbios como alegría, triste, enfadarse, felizmente. Su
análisis se centra en el léxico emocional y en dimensiones como la valencia o la activación, que
describen la carga afectiva de cada palabra (Bednarek, 2008; Foolen, 2012; Pavlenko, 2008). Por su
parte, emotional talk se refiere al lenguaje mediante el cual los hablantes expresan emociones, incluso
sin nombrarlas explícitamente, a través de interjecciones, intensificadores, evaluaciones implícitas,
metáforas y estrategias narrativas que permiten inferir su estado emocional (Bednarek, 2009; Foolen,
2016). Aunque relacionados, ambos conceptos no son equivalentes. Es posible producir emotion talk sin
implicación afectiva o emotional talk sin recurrir a léxico emocional explícito.
En el contexto de la lingüística aplicada, esta distinción resulta sumamente pertinente, ya que tiene
implicaciones directas para la enseñanza de lenguas. A pesar de constituir un elemento fundamental en
la interacción humana, el tratamiento de las emociones en el aula de L2 ha sido tradicionalmente
limitado (Blanco Ruiz y Pérez Serrano, 2021; Pavlenko y Driagina, 2007) y se ha centrado, en gran
medida, en el aprendizaje de vocabulario emocional descontextualizado. El desarrollo de la competencia
discursivo-afectiva, entendida como la capacidad para interpretar y expresar emociones de manera
adecuada en la L2, ha recibido una atención considerablemente menor. Como consecuencia, los
aprendientes pueden exhibir un conocimiento aparentemente suficiente de palabras emocionales sin que
ello se traduzca en una expresión eficaz de sus emociones en el discurso, especialmente en contextos
comunicativos reales (Dewaele, 2013; Pavlenko, 2005). Esta posible disociación entre léxico afectivo y
emoción expresada pone de relieve la necesidad de enfoques metodológicos que permitan analizar no
solo qué palabras emocionales utilizan los hablantes de L2, sino también qué emociones transmiten de
manera efectiva en sus interacciones.
Por este motivo, las narrativas personales se han consolidado como herramientas idóneas para el estudio
de la expresión emocional (explícita o implícita) en segundas lenguas, al proporcionar acceso a
producciones relativamente espontáneas en las que los hablantes relatan experiencias con una marcada
carga afectiva. En particular, los discursos de enfado constituyen un objeto de análisis de gran interés
debido a la elevada activación asociada a esta emoción, así como su estrecha vinculación con normas
socioculturales de expresión emocional y su fuerte componente evaluativo, que implica no solo la
selección del léxico emocional, sino también la adecuada construcción discursiva de actitudes y
posicionamientos del hablante. En esta línea, el presente estudio examina las narrativas de enfado de
hablantes bilingües inglés–español mediante un enfoque de métodos mixtos que combina técnicas
cualitativas y cuantitativas, más allá del análisis meramente léxico, lo que permite una comprensión más
amplia de cómo se construye y comunica la emoción según la lengua utilizada (L1 o L2).
2. La emoción en la segunda lengua
La forma en que conceptualizamos, procesamos y expresamos las emociones en nuestra lengua materna
y en las lenguas aprendidas posteriormente ha sido ampliamente investigada desde diversas disciplinas
y mediante distintos enfoques metodológicos. Desde una perspectiva lingüística, estudios previos han
documentado que la conceptualización emocional está profundamente condicionada por la lengua y la
cultura de los hablantes. El enfoque de la Natural Semantic Metalanguage (NSM) desarrollado por
Wierzbicka (1999) sostiene que los conceptos emocionales no son universales, sino construcciones
lingüísticas y culturales específicas, propias de cada comunidad. Cada cultura ofrece un conjunto de
guiones (cultural scripts) que orientan cómo las personas deben sentir, interpretrar y comunicar sus
propias emociones y las de los demás (Wierzbicka, 1999, p. 240). Investigaciones transculturales han
demostrado que la traducción de términos emocionales entre lenguas no garantiza una equivalencia
semántica plena, ya que estos conceptos rara vez presentan correspondencias exactas y suelen articularse
mediante aproximaciones parciales con configuraciones semánticas distintas. Así, anger no se
corresponde plenamente con ira ni con enfado en español, ni frustration con frustración (Ogarkova et
al., 2012; Soriano y Ogarkova, 2025). En este contexto, en la presente investigación se ha optado por
emplear el término enfado, para referirse a la emoción anger, en lugar de ira, al considerarse una
denominación más acorde con la intensidad emocional efectivamente expresada por los participantes en
sus narrativas, que reflejan experiencias de malestar, molestia o enfado moderado. Mientras que en
inglés anger designa una categoría emocional amplia que abarca un continuo de intensidades, desde
estados leves de molestia hasta episodios de elevada activación emocional, en español ira suele asociarse
prototípicamente a manifestaciones más extremas.
Asimismo, numerosos trabajos han señalado que los hablantes bilingües procesan palabras, frases o
pasajes con carga emocional de manera diferente en la L1 y en la L2 (Altarriba et al., 2003; Blanco
Canales y Hernández Muñoz, 2023; Caldwell-Harris et al., 2003; Dewaele, 2006; Dewaele y Costa,
2012; Ferré et al., 2010; Gawinkowska et al., 2013; Pavlenko, 2004, 2008; Kazanas y Altarriba, 2016).
Según estos autores, la L1 suele estar asociada a una mayor carga afectiva, mientras que la L2,
desprovista o disminuida de la resonancia emocional inherente a la L1, presenta un distanciamiento
emocional con respecto a la experiencia o evento afectivo, especialmente en bilingües tardíos o con
menor dominio de la lengua (Altarriba, 2003; Caldwell-Harris et al., 2003; Dewaele, 2006, 2008;
Pavlenko, 2004). No obstante, los resultados no son unívocos, ya que otros estudios no encuentran
diferencias sistemáticas entre lenguas o incluso apuntan a una mayor intensidad emocional en la L2,
dependiendo de factores como la edad de adquisición, la competencia lingüística, el contexto de uso y
el tipo de tarea empleada (Ayçiçeği y Caldwell-Harris, 2004; Eilola et al., 2007; Ponari et al., 2015).
Estas diferencias interlingüísticas, tanto en la conceptualización como en el procesamiento emocional,
podrían influir en la manera en que los hablantes bilingües construyen y expresan sus emociones, ya sea
limitando la eficacia comunicativo-afectiva de sus discursos o, por el contrario, facilitando una
expresión más directa, explícita e intensa, con menos restricciones y autocensura (Dewaele, 2013). Los
estudios pioneros de Rintell (1989) y Koven (1998) ya abordaron esta cuestión y pusieron de relieve el
papel de la lengua en la construcción discursiva de la experiencia afectiva. Estos trabajos, además,
consolidaron las narrativas personales como una herramienta privilegiada para el estudio de la expresión
emocional en hablantes bilingües. Rintell (1989) analizó cómo aprendientes de inglés como L2
describían experiencias emocionales en comparación con hablantes nativos y concluyó que la expresión
emocional en una L2 no depende únicamente del conocimiento lingüístico, sino también de la
familiaridad con los guiones culturales disponibles en la comunidad de la lengua objeto, así como del
dominio progresivo de estrategias discursivas socialmente aceptadas para evaluar y narrar la experiencia
afectiva. Por su parte, Koven (1998, 2001), en su análisis de narrativas autobiográficas producidas por
hablantes bilingües en francés–portugués, mostró que la lengua utilizada no solo vehicula el contenido
emocional, sino que también influye en la evaluación del evento, la identidad discursiva del hablante y
la forma en la que este se posiciona afectivamente frente a sus propias experiencias.
A partir de estos trabajos, un número creciente de investigaciones abordó el estudio de la expresión
emocional en la L2, con especial interés en el vocabulario emocional empleado en las producciones
afectivas (Dewaele y Pavlenko, 2002, 2003; Pavlenko y Driagina, 2007). Estos autores examinaron
diversas variables que incidían en el uso del léxico emocional y coincidieron en señalar que, más allá
de la competencia lingüística, la expresión afectiva en la L2 dependía de factores individuales (género
y extraversión) y socioculturales. Si bien los aprendientes con nivel más avanzado tendían a producir un
mayor número de palabras emocionales, ello no se correspondía necesariamente con una mayor
diversidad léxica, lo que sugirió que el desarrollo del vocabulario emocional no avanzaba de forma
lineal ni paralela al progreso lingüístico general. Las mujeres y los hablantes más extravertidos
mostraron un uso más frecuente y variado de este léxico tanto en la L1 como en la L2. Asimismo, un
mayor conocimiento de las normas culturales de la lengua meta se asoció con un repertorio emocional
más amplio y con elecciones léxicas más próximas a las de los hablantes nativos. Los resultados
evidenciaron, además, que la expresión emocional en la L2 implicaba procesos de reestructuración
conceptual, mediante los cuales los aprendientes comenzaban a incorporar de forma gradual patrones
léxicos y morfosintácticos propios de la lengua meta. En conjunto, los hablantes de L2 emplearon menos
léxico emocional que los nativos, lo que se interpretó como una dificultad generalizada para verbalizar
emociones en una lengua no dominante, asociada, entre otros factores, a la escasa presencia explícita
del léxico emocional en los materiales didácticos y a la limitada instrucción orientada a la expresión
afectiva en el aula (Pavlenko y Driagina, 2007). Sin embargo, otras investigaciones matizaron esta
visión; Marian y Kaushanskaya (2008), por ejemplo, observaron que bilingües ruso–inglés emplearon
un mayor número de palabras emocionales en la L2 al narrar experiencias migratorias, lo que
interpretaron como una estrategia para compensar la menor carga emocional percibida en esa lengua.
En el plano léxico de la expresión emocional, las dimensiones de valencia y activación se han
consolidado de manera clásica como ejes fundamentales de análisis (Stadthagen-Gonzalez et al., 2017).
En las últimas décadas ha aumentado el interés por examinar estas dimensiones en narrativas
emocionales orales y escritas producidas por hablantes de L2 (Blanco Ruiz y Pérez Serrano, 2021;
Mavrou y Bustos-López, 2018; Pérez-García y Sánchez, 2019; Simón Cabodevilla et al., 2020; Simón
Cabodevilla, 2022). Los resultados de estas investigaciones apuntaron una tendencia general hacia la
predominancia de palabras de valencia positiva, incluso en relatos de experiencias negativas. Este patrón
se observó en distintos perfiles de aprendientes, lenguas meta y contextos de aprendizaje, lo que sugirió
una mayor disponibilidad, frecuencia o accesibilidad del vocabulario emocional positivo en la L2 y
mostró la necesidad de incorporar el vocabulario emocional negativo en la enseñanza de lenguas (Blanco
Ruiz y Pérez Serrano, 2021). En cuanto a la activación, estos trabajos indicaron que las emociones
intensas, tanto positivas como negativas, favorecían narrativas más ricas desde el punto de vista léxico
y estructural, con un mayor uso de verbos y recursos intensificadores, especialmente en producciones
orales. Entre los hallazgos de estas investigaciones también se destacó que variables como el contexto
de aprendizaje y uso de la lengua desempeñaban un papel relevante en la expresión emocional. En
contextos de inmersión, un mayor tiempo de residencia y un uso habitual de la lengua se asociaron con
producciones más extensas y una mayor densidad de léxico emocional, poniendo de manifiesto la
exposición reducida al vocabulario emocional en la enseñanza formal.
Estos trabajos han contribuido de manera significativa al estudio de la expresión verbal de la emoción
en hablantes bilingües, sentando una base sólida para la investigación en este ámbito. Sin embargo,
resulta pertinente integrar enfoques cualitativos que permitan una comprensión más profunda de cómo
los aprendientes de lenguas expresan sus emociones, capturando matices que no se observan en análisis
meramente léxicos. Motivada por esta necesidad, surge la presente investigación.
3. Objetivo y preguntas de investigación
El objetivo principal de este estudio fue comparar la expresión verbal de emociones de los hablantes
bilingües en su L1 (inglés) y su L2 (español). Con este fin, se analizaron las emociones manifestadas en
sus discursos orales de enfado y la frecuencia con la que estas aparecían a lo largo de los mismos. Para
ello, se llevó a cabo un análisis mixto que combinó técnicas cualitativas de anotación y etiquetado de
las narrativas con métodos cuantitativos de análisis estadístico de la presencia y frecuencia de las
emociones identificadas.
En relación con este objetivo general, se plantearon las siguientes preguntas de investigación:
1) ¿Existen diferencias significativas en las emociones expresadas por los hablantes bilingües en
sus discursos de enfado según la lengua empleada?
2) ¿Existen diferencias significativas en la frecuencia de uso de estas emociones a lo largo del
discurso en función de la lengua en la que se expresen?
4. Metodología
4.1. Participantes
En esta investigación participaron 20 informantes estadounidenses nativos de inglés (5 hombres y 15
mujeres), con edades comprendidas entre los 20 y los 35 años. Todos ellos pertenecían al ámbito
universitario y habían aprendido español en un contexto formal de instrucción reglada durante un
periodo de entre 10 y 13 años. Estudiaban grados de Estudios Hispánicos, Psicología, Educación,
Comunicación o Medicina y estaban en proceso de obtener una especialización principal (major) o
secundaria (minor) en español. En el momento de la recogida de datos, su nivel era intermedio y se
encontraban en inmersión en la ciudad de Salamanca (España), donde residían desde hacía entre 3 y 6
meses. La mayoría (n = 16) realizaba un programa de inmersión académica durante un cuatrimestre con
su universidad de origen, mientras que el resto (n = 4) participaba de manera independiente en un
programa Erasmus en la Universidad de Salamanca.
4.2. Procedimiento e instrumentos de recogida de datos
Tras la aprobación del Comité de Ética, los participantes fueron reclutados mediante carteles
informativos y charlas de presentación de la investigación. Se citó individualmente a cada informante
por correo electrónico para dos sesiones. En la primera, firmaron los consentimientos informados y
realizaron una entrevista oral en español, con una duración aproximada de 15–20 minutos. Diez días
después, regresaron para ser entrevistados en inglés. La investigadora principal (hablante nativa de
español, variedad peninsular) condujo todas las entrevistas en español, mientras que una colaboradora
nativa de inglés (variedad americana), previamente formada en la metodología, entrevistó a los
informantes en su L1. Se eligió este orden para evitar que los participantes prepararan sus discursos en
español antes de acudir a la cita, lo que podría haber contaminado sus respuestas y sesgado los
resultados. De este modo, se pretendía que las narraciones en la L2 fueran lo más genuinas y espontáneas
posible, al no conocer con antelación las preguntas específicas que se les formularían. El estudio adop
un diseño intrasujeto con el fin de minimizar la influencia de factores individuales y grupales que
pudieran enmascarar los efectos del idioma.
Los consentimientos recogían información sobre edad, género, nacionalidad, lenguas maternas, otras
lenguas conocidas, formación en español, contacto con la L2 y autopercepción del nivel. Las entrevistas
semiestructuradas constaron de dos partes. La primera, de carácter introductorio, tuvo como objetivo
crear un ambiente distendido y de confianza. Se les hacían preguntas sobre su personalidad (ej., ¿te
consideras una persona optimista?, ¿eres una persona nerviosa?, ¿te enfadas con facilidad?, ¿cómo
sueles afrontar un conflicto?). En la segunda, siguiendo parcialmente el cuestionario de patrones
emocionales EPQ (De Leersnyder et al., 2011), se les pidió que relataran una experiencia personal
reciente en la que hubieran sentido un enfado intenso. Debían describir cuándo ocurrió, con quién se
encontraban, cómo se sintieron, qué dijeron y cómo actuaron. Durante la narración, la entrevistadora
adoptó un papel activo mediante el uso sistemático de preguntas y comentarios (ej., ¿y por eso te
enfadaste?, pero eso es una tontería, eso tiene muy fácil solución o ¿y no le dijiste o hiciste nada?),
orientados a recrear el enfado y estimular respuestas espontáneas y altamente emocionales. Estas
sesiones se grabaron en audio y vídeo.
Las muestras fueron tomadas durante los meses de noviembre y diciembre de 2024 en el Centro
Internacional del Español (CIE) de la Universidad de Salamanca.
4.3. Alisis de datos
Las narrativas fueron transcritas en Microsoft Word y, tras eliminar las entradas de las entrevistadoras,
se realizó un etiquetado cualitativo de los textos en ambas lenguas mediante NVivo. El libro de
codificación incluía 33 emociones, definidas a partir de la clasificación de Soriano et  al. (2013) y
agrupadas en dos categorías según su valencia: positiva (alegría, alivio, determinación, empatía,
orgullo1, responsabilidad2, seguridad y tranquilidad) y negativa (angustia, ansiedad, arrepentimiento,
compasión, confusión, culpa, decepción, desesperación, enfado, estrés, frustración, furia, incomodidad,
incomprensión, ira, irritación, miedo, nervios, odio, preocupación, rabia, rechazo, sorpresa3).
El etiquetado se basó en identificar frases que expresaran emoción, ya fuera explícita o implícitamente.
Se anotaron tanto manifestaciones directas de la emoción (emotion talk) (ej., “estaba muy enfadada”,
“me sentí muy triste”, “I was livid o I hated him”, codificadas como enfado, tristeza, furia y odio,
respectivamente) como formulaciones que permitían inferir la emoción aunque no se expresara
textualmente (emotional talk). Por ejemplo, “necesité construir una línea metafórica entre él y yose
etiquetó como rechazo, yo entendía esocomo empatía y “I was like good job, you got it como
orgullo.
En el proceso de anotación participaron la investigadora principal (evaluadora 1) y dos evaluadoras
externas con perfiles académicos y profesionales similares (elevada formación lingüística y sólida
trayectoria en enseñanza de ELE). La evaluadora 1 etiquetó los 40 textos (20 en inglés y 20 en español)
que componían el corpus. La evaluadora 2, nativa de inglés (variedad americana), codificó los 20
discursos en inglés L1 y la evaluadora 3, nativa de español (variedad peninsular), las 20 narrativas en
español L2.
La fiabilidad del etiquetado se evaluó mediante el índice kappa de Cohen calculado con NVivo. El
acuerdo interevaluador se estimó comparando las anotaciones de la investigadora principal con las de
las evaluadoras externas, obteniéndose valores de κ = 0.80 para el corpus en inglés L1 y κ = 0.78 para
el corpus en español L2. Asimismo, el acuerdo intraevaluador se comprobó mediante la recodificación
de una muestra aleatoria del 25% del corpus tres meses después de la primera anotación, con un valor
promedio de κ = 0.85. Según la interpretación estándar de los valores de kappa (Landis y Koch, 1977)
recogida en la Tabla 1, estos resultados indican un nivel de acuerdo entre “buenoy muy buenoen los
tres casos. Dada la elevada consistencia entre anotaciones, el análisis cuantitativo posterior se realizó
exclusivamente a partir del etiquetado llevado a cabo por la investigadora principal.
Tabla 1. Kappa para la estimación del grado de acuerdo
Para examinar el efecto de la lengua sobre la capacidad para expresar emoción en los discursos de enfado
de hablantes bilingües, se realizaron diferentes pruebas estadísticas. La presencia o ausencia de
emociones se evaluó mediante la prueba de McNemar y la frecuencia de aparición de cada emoción se
comparó utilizando la prueba de rangos con signo de Wilcoxon, aplicando un diseño pareado para
controlar la variabilidad individual. Todos los análisis se llevaron a cabo con Jamovi, una plataforma
gratuita y de código abierto que ofrece una interfaz basada en el lenguaje estadístico de R.
5. Resultados y discusión
5.1. Emociones expresadas en discursos de enfado en inglés L1 y español L2
La Tabla 2 muestra un mapa de calor con el porcentaje de participantes que expresaron emociones
negativas y positivas, ofreciendo una visión global de su presencia en las narrativas de ambas lenguas.
Tabla 2. Porcentaje de participantes que expresaron emociones agrupadas según su valencia
LENGUA
L1
L2
VALENCIA
Negativa
100
100
KAPPA
ACUERDO
No acuerdo
Insignificante
Bajo
Moderado
Bueno
Muy bueno
Positiva
70
50
Se observa que, tanto en inglés como en español, las emociones negativas estuvieron presentes en la
totalidad de los discursos. No obstante, las positivas también aparecieron en una proporción
considerable, especialmente en inglés L1 (70%), mientras que en español L2 fueron manifestadas por la
mitad de los participantes (50%). Este panorama general se detalla en la Tabla 3, donde se desglosa la
presencia de cada emoción específica.
Tabla 3. Porcentaje de hablantes que expresaron cada emoción en la L1 y en la L2
LENGUA
EMOCIÓN
L1
L2
FRUSTRACIÓN
85
65
ENFADO
70
85
IRRITACIÓN
35
40
CONFUSIÓN
30
20
INCOMPRENSIÓN
30
25
IRA
20
0
RABIA
20
25
RECHAZO
20
30
SORPRESA
20
20
DECEPCIÓN
20
10
ANGUSTIA
15
10
CULPA
15
15
DESESPERACIÓN
15
30
MIEDO
10
25
TRISTEZA
5
35
COMPASIÓN
10
0
ANSIEDAD
10
5
ESTRÉS
10
10
FURIA
10
0
INCOMODIDAD
10
10
ODIO
10
0
PREOCUPACIÓN
10
5
NERVIOS
5
5
ARREPENTIMIENTO
0
10
VERGÜENZA
0
5
ALIVIO
35
20
ALEGRÍA
20
5
DETERMINACIÓN
20
10
EMPATÍA
20
10
SEGURIDAD
15
15
ORGULLO
10
15
TRANQUILIDAD
10
10
RESPONSABILIDAD
0
5
El enfado y la frustración, seguidas de la irritación, fueron las emociones expresadas por un mayor
porcentaje de informantes en ambas lenguas, aunque el enfado estuvo presente en mayor medida en el
corpus en español L2 y la frustración en inglés L1. No obstante, existen diferencias en la presencia de
otras emociones. En la L1, destacaron, además, el alivio, la confusión y la incomprensión, mientras que
en la L2 prevalecieron la tristeza, el rechazo y la desesperación.
Algunas emociones se registraron únicamente en una de las lenguas. El arrepentimiento, la
responsabilidad y la vergüenza no fueron expresadas por ningún hablante en inglés L1 y el odio, la ira,
la furia y la compasión no aparecieron en ningún discurso en español L2.
Entre las emociones de valencia negativa, se observa que un mayor porcentaje de participantes expresó
en L1 emociones como la angustia, la ansiedad, la confusión, la decepción, la incomprensión y la
preocupación. En cambio, en la L2 se registró una mayor presencia de emociones como la desesperación,
el miedo, la rabia, el rechazo y la tristeza. Otras emociones como la culpa, el estrés, la incomodidad y
los nervios estuvieron presentes de manera equivalente en ambas lenguas.
En cuanto a las emociones positivas, la mayoría estuvo presente en un porcentaje más alto de narrativas
en la L1 que en la L2. El alivio destaca de forma particular en el corpus en inglés, situándose como una
de las emociones manifestada por un mayor porcentaje de participantes. En cambio, en las narrativas en
español ninguna emoción positiva alcanzó un grado de presencia especialmente elevado, aunque es
también el alivio la que muestra un porcentaje más alto dentro de esta categoría.
Para comprobar si estas diferencias descriptivas estaban respaldadas por análisis inferenciales, se
construyeron tablas de contingencia 2x2 y se aplicó la prueba de McNemar. Estas tablas contabilizan
los participantes que (a) no expresaron la emoción en ninguna lengua (0,0), (b) la expresaron solo en L1
(1,0), (c) solo en L2 (0,1) y (d) en ambas lenguas (1,1). Con el fin de evaluar el efecto de la lengua en
la expresión emocional, la prueba de McNemar evalúa únicamente los pares discordantes (1,0) y (0,1).
Es decir, para que la prueba sea válida debe haber al menos un participante que exprese la emoción en
L1, pero no en L2, y viceversa.
Con respecto a la comparación global de emociones según su valencia, las negativas no pudieron
analizarse debido a la ausencia de discordancia bilateral (todos los participantes expresaron emociones
negativas en ambas lenguas). Por su parte, las emociones positivas no mostraron diferencias
significativas entre la L1 y la L2 (χ² = 1.14, df = 1, p = 0.285; χ²c = 0.643, df = 1, p = 0.423; logOR =
0.588, p = 0.424).
Para el análisis emoción por emoción, se excluyeron aquellas que no se registraron en alguna de las
lenguas (arrepentimiento, compasión, furia, ira, odio, responsabilidad y vergüenza). Los resultados
mostraron que solo la tristeza presentó una diferencia significativa (Tabla 4), con mayor prevalencia en
español L2. La tabla de contingencia revela que, en seis casos, la tristeza apareció en el corpus en
español, pero no en inglés, mientras que en ninguna ocasión se registró exclusivamente en la L1. El resto
de las emociones no presentó diferencias estadísticamente significativas entre lenguas.
Tabla 4. Tabla de contingencia y prueba de McNemar sobre la presencia/ausencia de tristeza en inglés L1 y
español L2
TABLAS DE CONTINGENCIA
tristreza_L2
TRISTREZA_L1
0
1
Total
0
13
6
19
1
0
1
1
TOTAL
13
7
20
PRUEBA DE MCNEMAR
Valor
gl
p
Χ²
6.00
1
0.014
LOG RAZÓN DE ODDS EXACTO
Inf
0.031
N
20
El predominio de emociones negativas frente a las positivas en los discursos producidos en ambas
lenguas, así como la mayor presencia de emociones como el enfado y la frustración, resulta coherente
con la consigna de relatar un acontecimiento personal de enfado. Estos hallazgos ponen de manifiesto
la relevancia de adoptar enfoques discursivos en el análisis de la expresión emocional en L2, ya que los
estudios centrados exclusivamente en el léxico han señalado de forma recurrente una tendencia al uso
predominante de palabras de valencia positiva en las narrativas, incluso cuando relatan experiencias de
carácter negativo (Blanco Ruiz y Pérez Serrano, 2021; Mavrou y Bustos-López, 2018; Pérez-García y
Sánchez, 2019; Simón Cabodevilla et al., 2020; Simón Cabodevilla, 2022). Los resultados de un análisis
léxico basado en este mismo corpus (actualmente en preparación) confirman dicha tendencia, ya que
también se observa un predominio de palabras de valencia positiva en las narraciones de enfado. No
obstante, la presente investigación muestra que, más allá de las elecciones léxicas, las emociones que
los hablantes transmiten en sus narrativas son fundamentalmente de valencia negativa. Esta disociación
entre el léxico empleado y la emoción expresada subraya la pertinencia de integrar técnicas cualitativas
que permitan comprender con mayor precisión la capacidad de expresión emocional de los hablantes
bilingües.
Si bien no se identifica una ventaja clara de una lengua sobre otra, sí emergen diferencias relevantes en
los tipos de emociones manifestadas por los participantes en función de la lengua empleada. Mientras
que en inglés L1 predominan emociones viscerales y reactivas, como la ira, la furia o el odio, en español
L2 se registran emociones de carácter más introspectivo, como la vergüenza, el arrepentimiento o la
responsabilidad. Este patrón sugiere que el cambio de lengua en la narración de experiencias
emocionales se asocia a modificaciones en la forma en que los hablantes evalúan los acontecimientos y
se posicionan afectivamente frente a ellos. Al narrar experiencias de enfado en su L2, los participantes
tendieron a presentarse como más calmados y autocríticos, desplazando el foco desde la reacción
emocional inmediata hacia una reflexión sobre el evento y sobre su propio comportamiento. En
contraste, en la L1 manifestaron estados emocionales más intensos. Estos resultados sugieren que la
lengua de narración no solo influye en la expresión de la emoción, sino también en la manera en que los
hablantes reinterpretan sus experiencias y construyen una identidad discursiva específica en relación
con ellas (Koven, 1998, 2001, 2007).
Esta interpretación se ve reforzada por el hecho de que la tristeza fuera expresada en un número
significativamente mayor de narrativas en español que en inglés. Resulta particularmente relevante que
se trate de una emoción negativa de baja activación, en contraste con la alta activación característica del
enfado. Este hallazgo puede interpretarse a la luz de estudios previos que sugieren que, aunque el foco
narrativo sea una experiencia de enfado, la expresión emocional en la L2 podría favorecer un
procesamiento afectivo más regulado y reflexivo (Dewaele y Costa, 2013; Pavlenko, 2008), actuando
como un filtro emocional que facilita una mayor distancia afectiva (Pavlenko, 2008; Schrauf y Rubin,
2004). Asimismo, cabe señalar que más de la mitad de los informantes (n = 12) narraron episodios
diferentes en cada lengua. Es posible que la mayor presencia de tristeza en las narraciones en L2 esté
relacionada con la naturaleza de los eventos seleccionados. En las entrevistas en español, los
participantes pudieron optar por experiencias que incorporaran un componente emocional más
vinculado a la tristeza (como crisis de identidad, rupturas sentimentales, procesos de duelo,
distanciamiento con amistades o problemas de salud físicos y mentales), mientras que en L1 los relatos
se centraron principalmente en emociones más reactivas (colapsos por presión académica, percepciones
de injusticia en el ámbito académico, enfrentamientos con familiares y amigos o situaciones de
convivencia conflictiva). Esta diferencia en la selección o el enfoque de los acontecimientos narrados
sugiere que la relación entre lengua y expresión emocional depende no solo del idioma empleado, sino
también del tipo de experiencias que los hablantes bilingües deciden compartir (Altarriba y Canary,
2004; Marian y Neisser, 2000; Schrauf y Rubin, 2004).
No obstante, otras emociones de alta activación, como el enfado, la desesperación, la rabia o el rechazo,
también se registraron en la L2 sin diferencias significativas entre lenguas. Este resultado indica una
cierta consistencia en la expresión emocional entre la L1 y la L2, a pesar de los patrones específicos
mencionados.
5.2. Frecuencia de aparición de emociones en discursos de enfado en inglés L1 y español L2
El Gráfico 1 muestra el número de veces (frecuencias) que se expresaron emociones negativas y
positivas en cada lengua.
Gráfico 1. Frecuencia de uso de emociones por lengua y valencia
Las emociones negativas fueron considerablemente más frecuentes que las positivas en ambas lenguas.
Además, tanto las negativas como las positivas se expresaron más recurrentemente en inglés que en
español. Los datos para las emociones negativas cumplieron los supuestos de normalidad (prueba de
Shapiro–Wilk), lo que permitió aplicar una prueba t de Student para muestras pareadas que reveló una
frecuencia significativamente menor en la L2 (p = .009). Por el contrario, las emociones positivas no
cumplieron dicho supuesto, por lo que se aplicó una prueba de Wilcoxon que no mostró diferencias
significativas entre lenguas (p = .163).
A partir de esta comparación global, se procedió al análisis de la frecuencia de uso de cada emoción
específica. El eje vertical del Gráfico 2 muestra las emociones analizadas y el eje horizontal indica el
número de veces que cada una de ellas fue expresada en las narrativas en inglés y en español. Para
facilitar la visualización, estas han sido ordenadas de mayor a menor en función de su frecuencia de
aparición en el corpus.
0
50
100
150
200
Negativa
Positiva
lengua
L1
L2
Gráfico 2. Número de veces que apareció cada emoción en L1 y en L2
La frustración y el enfado coinciden nuevamente en ser las emociones expresadas un mayor número de
veces en ambas lenguas, seguidas de la irritación y la determinación. En las producciones en L1 también
presentaron mayor frecuencia de uso emociones como la confusión, el alivio y la ira. En cambio, en L2
fue mayor la aparición de emociones como el rechazo, la desesperación y la tristeza. La ansiedad, los
nervios y la tranquilidad se situaron entre las menos expresadas en ambas lenguas. A pesar de que
algunas emociones se registraron exclusivamente en una lengua, su frecuencia en la lengua en la que sí
lo hicieron fue en general baja, con excepción de la ira, la furia y la compasión, que no se manifestaron
en español, pero mostraron una frecuencia notable en L1.
Para determinar si estas diferencias eran estadísticamente significativas, se aplicó la prueba no
paramétrica de los rangos con signo de Wilcoxon debido a la ausencia de normalidad en la mayoría de
las variables. Como muestra la Tabla 5, solo la frustración mostró una diferencia significativa entre L1
y L2, siendo más frecuente en inglés L1. El resto de las emociones no presentó diferencias significativas.
Tabla 5. Estadísticos de la prueba de los rangos con signo de Wilcoxon sobre la frecuencia de uso de la
frustración y la ira en inglés L1 y español L2
010 20 30 40 50 60
empatia
vergüenza
responsabilidad
arrepentimiento
ansiedad
nervios
miedo
tranquilidad
incomodidad
odio
tristreza
seguridad
preocupación
culpa
angustia
estrés
orgullo
sorpresa
compasión
alegría
empatía
furia
rechazo
decepción
incomprensión
rabia
desesperación
determinación
alivio
ira
confusión
irritación
enfado
frustración
inglés L1
español L2
PRUEBA T PARA MUESTRAS PAREADAS
Es posible que la diferencia observada para la frustración en esta investigación refleje variaciones
lingüísticas y culturales en la conceptualización de la emoción y en la manera de lexicalizarla. Estos
hallazgos concuerdan con Wierzbicka (1999), que sostiene que la forma en que los seres humanos
conceptualizamos las categorías emocionales está profundamente condicionada por la lengua y la
cultura. En este sentido, la traducción de términos emocionales entre lenguas no garantiza una
equivalencia semántica completa. En inglés, el término frustration (o frustrated) se emplea con alta
frecuencia y con un rango semántico amplio que va desde malestares leves hasta reacciones cercanas al
enfado (upset, annoyed, angry), lo que tiende a situar al hablante en una posición de mayor agencia o
empoderamiento (Ogarkova et al., 2012; Russell y Fehr, 1994; Soriano y Ogarkov, 2025). Estudios de
corpus multilingües confirman la mayor prominencia de este término en inglés en comparación con
lenguas como el español, el francés o el alemán, donde sus cognados suelen asociarse principalmente
con experiencias de impotencia o rabia contenida, configurándose como una emoción de carácter más
debilitante (Besemeres y Wierzbicka, 2009; Soriano y Ogarkova, 2025). Este desfase léxico-semántico
podría haber influido tanto en la producción de los participantes como en el proceso de anotación, dando
lugar a que experiencias emocionales similares se expresarán y/o codificaran como frustration en inglés
y como enfado en español.
Aunque el análisis global indicó una recurrencia significativamente menor de emociones negativas en
la L2, la comparación individual de cada emoción mostró que este patrón no se manifiesta de manera
uniforme. En concreto, el efecto del cambio de lengua parece limitarse a casos específicos, como la
frustración. En general, las frecuencias de aparición de las emociones analizadas se mantuvieron
consistentes entre inglés L1 y español L2.
6. Conclusiones
El análisis de las narrativas emocionales en la L1 y L2 de hablantes nativos de inglés aprendientes de
español permite afirmar que los participantes de este estudio expresan emociones de manera comparable
en ambas lenguas. Sin embargo, se ha comprobado que la lengua empleada modula, en cierta medida,
la naturaleza de las emociones expresadas. Las narrativas en L1 tienden a caracterizarse por una
expresión emocional más reactiva y visceral, mientras que en la L2 se observa una tendencia hacia
formulaciones más autorreferenciales y pausadas. Este patrón respalda la hipótesis de que el uso de la
L2 puede favorecer un procesamiento afectivo más regulado y reflexivo, actuando como un filtro
emocional (Dewaele y Costa, 2013; Pavlenko, 2008; Schrauf y Rubin, 2004) y repercutiendo en la
identidad discursiva del hablante y la forma en la que este se posiciona afectivamente frente al evento
emocional (Koven, 2007).
Si bien la frecuencia global de expresión emocional resulta en gran medida equiparable entre ambas
lenguas, el análisis pormenorizado revela diferencias relevantes en emociones concretas. Destaca
especialmente la mayor recurrencia de la emoción frustración en la L1, lo que sugiere que las diferencias
interlingüísticas en la conceptualización y lexicalización de las emociones influyen directamente en su
expresión. En este sentido, las variaciones léxico-semánticas en el dominio del enfado entre el inglés y
el español (Soriano y Ogarkova, 2025; Wierzbicka, 1999) parecen desempeñar un papel central en la
selección y activación de determinados guiones emocionales en cada lengua.
Estos resultados ponen de relieve el valor de complementar el análisis del vocabulario emocional
explícito (emotion talk) con el estudio de la construcción discursiva de la emoción mediante
evaluaciones implícitas y estrategias narrativas que permiten inferir el estado afectivo del hablante
(emotional talk). La integración de técnicas cualitativas de etiquetado y anotación del discurso se ha
mostrado en este estudio como un enfoque metodológico especialmente adecuado para evaluar la
expresión emocional de hablantes bilingües y comprender el verdadero contenido afectivo de sus
narrativas.
Estadístico
p
Tamaño del
Efecto
FRUSTRACIÓN_L2
frustración_L1
W de
Wilcoxon
32.50ʰ
0.038
-0.5752
Los hallazgos obtenidos aportan evidencias relevantes para la investigación sobre emoción y segundas
lenguas y ofrecen posibles implicaciones para la enseñanza de la competencia comunicativo-afectiva en
el aula de L2. En particular, los datos sugieren que la expresión emocional no puede entenderse
únicamente en términos de selección del léxico emocional y apuntan la necesidad de considerar los
recursos discursivos que permiten narrar, evaluar y posicionarse afectivamente frente a la experiencia
emocional en función de la lengua empleada.
Desde una perspectiva didáctica, los resultados subrayan la importancia de trabajar con narrativas
emocionales en el aula, más allá de enfoques exclusivamente léxicos. El desarrollo de la competencia
comunicativa en L2 requiere la adquisición de estrategias discursivas para expresar y regular emociones
complejas, como el enfado, de acuerdo con los patrones lingüísticos y culturales de la lengua meta.
Atender a la variación de los guiones emocionales entre lenguas y culturas podría favorecer no solo una
expresión emocional más eficaz, sino también los procesos de socialización lingüística, aculturación y
construcción identitaria en contextos bilingües.
A pesar de las contribuciones de este trabajo, conviene señalar algunas limitaciones. En primer
lugar, el reducido tamaño de la muestra aconseja cautela al generalizar los resultados a la población
global de hablantes nativos de inglés aprendientes de español. Asimismo, el proceso de etiquetado contó
con la participación de solo tres evaluadoras. Aunque este número permitió una codificación rigurosa y
sistemática, la anotación de textos conlleva una carga de subjetividad inherente, lo que señala la
conveniencia de replicar el estudio en el futuro con un panel de evaluadores más amplio que fortalezca
la validez y fiabilidad de los resultados.
Por último, partiendo de estas premisas, sería intersante que futuras investigaciones exploraran otros
recursos lingüísticos y estrategias discursivas implicadas en la expresión emocional, como la mitigación,
la intensificación o la expresión directa e indirecta de la emoción. De manera complementaria, resultaría
esclarecedor ampliar el análisis al plano extralingüístico, considerando elementos como la entonación o
la gestualidad facial, que desempeñan un papel fundamental en la comunicación emocional.
Agradecimientos
Este trabajo forma parte del proyecto de investigación Comprensión, expresión y evaluación de los significados
emocionales en aprendices anglohablantes de español como segunda lengua (PID2022-138973OB-C21),
financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Agencia Estatal de Investigación.
Notas
1. Entendido como satisfacción o admiración por logros propios o ajenos.
2. Entendida como compromiso.
3. Entendida como desagradable, ante expectativas no cumplidas.
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