1. Introducción
La relación entre emoción y aprendizaje lingüístico ha sido tradicionalmente abordada desde una
perspectiva facilitadora, en la que los contextos y estímulos emocionales que intervienen en el aula se
conciben como variables que incrementan el rendimiento medio de los aprendientes. No obstante,
investigaciones recientes en psicología cognitiva o neurociencia afectiva sugieren un efecto más
profundo, más cualitativo, de la emoción en los aspectos cognitivos utilizados frecuentemente en el aula
como la atención, la memoria, la toma de decisiones o la interacción social (Immordino-Yang y
Damasio, 2007) y esto tiene consecuencias directas en los resultados de aprendizaje.
En el ámbito del aprendizaje léxico en segundas lenguas, el conocimiento previo se ha identificado como
uno de los predictores o condición facilitadora fundamental más consistentes de la adquisición de nuevo
vocabulario ya que este conocimiento léxico inicial determina cómo de profundo va a ser el
procesamiento cognitivo (Hulstijn, 2001; Nation, 2013). Estos estudios coinciden en señalar que los
aprendientes con un repertorio inicial más amplio tienden a beneficiarse en mayor medida de las
intervenciones didácticas, lo que suele dar lugar a distribuciones de ganancia asimétricas, de manera que
una misma experiencia de aprendizaje léxico produce mejoras muy desiguales, beneficiando mucho a
algunos aprendices y poco o nada a otros. En este sentido, el léxico ya conocido de partida genera una
elevada variabilidad interindividual. Este fenómeno resulta especialmente relevante en contextos de aula
de segundas lenguas, caracterizados habitualmente por niveles de competencia heterogéneos.
Por otro lado, diversos estudios han mostrado que los estímulos emocionalmente relevantes influyen en
los procesos de atención y memoria, modulando la relación entre conocimiento previo y resultados de
aprendizaje. La activación emocional puede reforzar la codificación y consolidación de la información,
atenuando la dependencia del conocimiento previo declarativo o conceptual (LaBar y Cabeza, 2006).
Así, los procesos cognitivos pueden verse reforzados por la activación emocional incluso cuando el
conocimiento previo es limitado (Kensinger y Schacter, 2008). En consecuencia, la interacción entre
estructuras emocionales y cognitivas del cerebro puede interpretarse como un modulador de la
dependencia del aprendizaje respecto a las representaciones previas, lo que abre la posibilidad de que la
emoción reduzca la brecha entre aprendientes con distintos niveles.
Más recientemente, distintos trabajos en el ámbito de la psicología educativa y del diseño instruccional
han comenzado a examinar si la incorporación de estímulos emocionalmente relevantes durante la
instrucción puede modificar la relación entre el conocimiento previo del alumnado y los resultados de
aprendizaje. En concreto, estudios experimentales sobre diseño emocional en el aprendizaje multimedia
indican una interacción entre conocimiento previo y estímulos emocionales, lo que sugiere que la
relación entre conocimiento previo y aprendizaje varía en función de la presencia de dichos estímulos
(Chiu et al., 2020; Shangguan et al., 2020). En Chiu et al. (2020), el diseño emocional visual de
materiales (colores y formas) modula la relación entre conocimiento previo y aprendizaje en tareas de
comprensión: mientras que en el diseño neutro el conocimiento previo se asocia a un mejor rendimiento,
esta ventaja desaparece, e incluso se invierte, cuando se introducen estímulos emocionales. Los
aprendientes con bajo conocimiento previo muestran mejoras significativas en comprensión, mientras
que los estudiantes con un nivel más avanzado no muestran mejoras e incluso rinden peor. Este efecto
de regulación, sin embargo, no se observa en tareas de recuerdo, donde el diseño con estímulos
emocionales visuales beneficia al rendimiento independientemente del nivel de conocimiento previo.
Sería de interés continuar examinando si otro tipo de estímulos, más sociales, tendrían un efecto
diferenciado.
Una de las aportaciones que pueden encontrarse desde esta perspectiva social, es la investigación de
Huangfu et al. (2025). Este estudio muestra que el entusiasmo del profesor modula la relación entre
conocimiento previo y aprendizaje. En ausencia de entusiasmo, el conocimiento previo predice el
aprendizaje de manera más marcada, mientras que, ante los estímulos, los estudiantes con bajo
conocimiento previo, mejoran su atención y rendimiento, reduciéndose la brecha respecto a los
estudiantes con mayor nivel inicial. Así, el estímulo emocional no anula el efecto del conocimiento
previo, pero atenúa su peso diferencial, beneficiando a quienes parten de un menos conocimiento.