La explicación más frecuente apunta a
que la L1 se adquiere en contextos de
fuerte carga afectiva —la familia, los
primeros vínculos, la socialización
temprana— mientras que la L2 suele
aprenderse en entornos más académicos
o formales, con menor implicación
emocional. Como consecuencia, las
palabras de la L2 tienden a activar redes
semánticas más “desencarnadas” o
distantes en lo afectivo (Pavlenko,
2012). Esta reducción de la resonancia y
de la respuesta emocional en la L2
restaría eficacia comunicativa, pero, al
mismo tiempo, permitiría a los
hablantes distanciarse del contenido,
reduciendo la ansiedad (Javier y Marcos,
1989), el pudor o vergüenza (Bond y Lai,
1986) o el grado de implicación o
compromiso (Cook y Dewaele, 2022).
El estudio de la expresión y percepción
emocional en lenguas extranjeras revela
una tensión constante entre distancia y
cercanía afectiva. Se trata de un
fenómeno de enorme diversidad, con
resultados dispares, siendo, en algunos
casos, contradictorios, lo que evidencia
la enorme complejidad del tema. Así,
diferentes estudios revelan que la L2 no
es necesariamente menos emocional y
que se encuentra atravesada por la
historia personal de aprendizaje, la
competencia alcanzada y los contextos
de uso (Blanco Canales, 2024).
Comprender estas dinámicas es
fundamental para lingüistas, docentes y
profesionales que trabajan en entornos
bilingües o multilingües.
La dimensión emocional se revela cada
vez con mayor claridad como un
componente estructural de los procesos
cognitivos que intervienen en el
aprendizaje lingüístico: desde la
atención y la memoria hasta la
construcción de identidad y la
settings, with less emotional
involvement. As a result, L2 words tend
to activate more 'disembodied' or
emotionally distant semantic networks
(Pavlenko, 2012). This reduction in
resonance and emotional response in L2
would reduce communicative
effectiveness, but at the same time, it
would allow speakers to distance
themselves from the content, reducing
anxiety (Javier and Marcos, 1989),
modesty or embarrassment (Bond and
Lai, 1986) or the degree of involvement
or commitment (Cook and Dewaele,
2022).
The study of emotional expression and
perception in foreign languages reveals
a constant tension between distance and
emotional closeness. This is a
phenomenon of enormous diversity,
with disparate results, which in some
cases are contradictory, highlighting
the enormous complexity of the subject.
Thus, different studies reveal that L2 is
not necessarily less emotional, but is
influenced by personal learning history,
the level of proficiency achieved and the
contexts of use (Blanco Canales, 2024).
Understanding these dynamics is
essential for linguists, teachers and
professionals working in bilingual or
multilingual environments.
The emotional dimension is
increasingly recognised as a structural
component of the cognitive processes
involved in language learning: from
attention and memory to identity
construction and discourse
production. This monograph stems
precisely from this conviction and
brings together works which, from
diverse methodological and theoretical
perspectives, address the intersection
between affect, cognition and
language. The studies collected here